La semana pasada Joaquín Almunia anunciaba “El 1 de enero de 2015 expiran los compromisos de España, entre los que se cuenta la limitación de las ventas civiles de Navantia hasta un máximo del 20% de las ventas totales como media móvil de tres años, durante un periodo de 10 años”. Esta proclamación en un principio contó con reacciones positivas, sin embargo, cada vez van apareciendo más matices que desvelan los puntos menos favorables.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Como explicaba Javier Sánchez Rojas, presidente de la Confederación de Empresarios de Cádiz, “a corto plazo está el tema de los anunciados gaseros o las plataformas eólicas que podrían construirse aquí, pero a medio y largo plazo el anuncio de Bruselas significa que Navantia podrá acudir a cualquier mercado, nacional o internacional, a la búsqueda de pedidos de buques civiles, y no exclusivamente militares”.

Por su parte desde el PP  exponían que “se abren las puertas a la capacidad de competir de los astilleros españoles y gaditanos en el sector civil” y añaden que Navantia “aprovechará esta oportunidad para contratar nuevos barcos y situar a la industria naval gaditana en el lugar que se merece, después de 10 años de sufrimiento provocado por un veto  que los socialistas consintieron en 2004, limitando la capacidad de astilleros españoles”.

No es oro todo lo que reluce y con todas estas visiones y opiniones muy positivas del anuncio de Almunia desde Bruselas, contrasta la visión que del fin de este veto tienen desde dentro de la empresa. Según explica a El Diario Juan José Peralta, miembro del comité de empresa de astilleros, “El señor Almunia y su equipo son los que han consentido que hayamos estado así estos años. Los armadores han contratado en toda Europa menos en España por la sanción que había. Los astilleros de otros países han estado a plena carga y de eso se han aprovechado empresas españolas de ingeniería, que han estado trabajando fuera por toda esta circunstancia”.

Desde el comité de empresa tienen claro que “no hay bombo ni platillo porque el famoso veto no ha supuesto una cortapisa para que haya carga de trabajo, sino el mercado en si. Nada ha obstaculizado la contratación. Ninguna de las ofertas de mercado se ha caído como consecuencia del veto. Lo malo ha sido la nula apuesta del Gobierno por nuestro sector, pero no el veto.”

Pese a todo esto las perspectivas de la empresa son más favorables desde la confirmación de la construcción de los BAM para la Armada Española, además en breve se firmará con Iberdrola el acuerdo para la construcción de la subestación eléctrica de un parque eólico alemán. “Podríamos estar mejor, pero es alentador ver que hay trabajo y que las cosas pueden mejorar” concluyó Peralta.

Ahora mismo desde la empresa están expectantes ya que en julio el Consejo de Ministros cedió el control político de Navantia a la cartera de Defensa y los trabajadores no conocen las consecuencias que puede conllevar este cambio. Peralta indicó que se encuentran “a la espera de que nos expliquen cómo vamos a trabajar con Defensa. Suponemos que a mediados de septiembre saldremos de dudas”

 

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD