Apuntes sobre una Historia local sin tópicos y con espacios…


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Una primera versión de los párrafos que siguen a continuación vería la luz hace unos años como “Epílogo” del libro Historia de bolsillo. 10 Sueltos sobre Puerto Real (Puerto Real 2006, pp. 183-189), de nuestra autoría, un volumen que recogía un conjunto de artículos algunos de los cuales han visto ya la luz en este espacio digital; apareció entonces este texto bajo el título “Epílogo: hacia una historia atópica”, y ahora vuelven a ver la luz (con los ajustes debidos a la reflexión de estos años, que nos hace, como es de esperar, avanzar en nuestros posicionamientos y en las conclusiones a las que podemos llegar) en este formato digital por vez primera, como artículo incluido en esta serie dedicada a la Historia de Puerto Real.

20161125_cultura_historia_pr_portadas_02Trabajar en Historia local, hacer Historia local, es siempre una labor difícil. Y lo es especialmente porque quien afronta dicha tarea está dedicándose al nada desdeñable (¿cómo habría de serlo?) reto de escribir, y, lo que es más complicado aún, de hacerlo a veces (sin exclusión de cuando se trata de Historia local), para un público selecto, escogido, para aquellos que quizá mejor conocen el contenido de dicha Historia local (o algunos de los tópicos de la misma): los vecinos de la ciudad en cuestión, de la localidad de la que se trate, las personas que viven en ese contexto local (geográfico y territorial como social y administrativo, político) determinado y que, mal que bien, son los depositarios del legado del tiempo en su comunidad, en su conjunto social, siendo herederos de los avatares y devenires de esa comunidad en el tiempo, en la Historia.

Es por ello especialmente compleja la labor de quien tenga la osadía de encarar el estudio, la investigación y la difusión de la Historia local de una comunidad dada (máxime cuando es la propia). Lo es más aún porque esos ciudadanos, herederos y descendientes (en tanto en cuanto que habitantes de la misma ciudad, del mismo municipio objeto de estudio en uno u otro aspecto de su pasado, cuando se trata de Historia) de quienes vienen a protagonizar los entreliños de las páginas de Historia, son, y ello no tiene nada de extraordinario -aunque en sí representa la maravilla de la pervivencia y perenne re-creación de la Cultura, a través del enriquecimiento y mixtura de las señas de identidad, gracias, entre otras cosas, al mestizaje, verdadero agente creador de la Cultura en el Tiempo (lo que es decir de la Historia)- los mejores conocedores del pasado propio (al menos, de algunos de los aspectos del mismo, desde las tradiciones a la memoria colectiva, sin exclusión de los lugares comunes, a veces tan perniciosos). Es de tener en cuenta que el “pasado” no necesariamente es lo mismo que la “Historia”, porque el primero en demasiadas ocasiones se trufa de recuerdos personales, de emociones sociales o individuales, de “verdades” colectivas asentadas como tales por la tradición y la costumbre (la Mos maiorum, raíz -incluso etimológicamente hablando- de la moral, de lo socialmente correcto), de lugares comunes igual y machaconamente sostenidos por la repetición de unas claves quizá artificiales pero no por ello menos válidas para la cotidianeidad de la identidad común, si cuentan con el refuerzo de la tradición.

No insistiremos en estos párrafos en la necesidad (y la obviedad) de no detener el avance en los estudios de Historia; nos parece superficial el debate; pero en un contexto local puede ser necesario no bajar la guardia, ya que los márgenes de actuación son a veces tan reducidos (y a más “local” el contexto, más reducidos los márgenes…) que a poco que la reacción (la inacción, más bien) se asiente, la investigación (y con ella la divulgación) se resentirá. Puerto Real, en esto, constituye muy a nuestro pesar un caso paradigmático. Privado de estructuras estables y permanentes que puedan desarrollar labor alguna en este sentido y en esta línea (de estudio, investigación y difusión de la Historia local), Puerto Real se ha visto abocado a depender (de manera casi absoluta) de los harto loables esfuerzos particulares de personas concretas, de colectivos determinados, que han desarrollado sus empeños con mayor o menor fortuna a lo largo de unos tiempos dados.

Los frutos de algunos de estos esfuerzos consiguen a duras penas completar un estante, una balda, quizá de un metro de longitud (por dar una cifra), y ello contando con trabajos desarrollados por muy diferentes personas, a lo largo de más de tres décadas de esfuerzos más o menos aislados, más o menos disconexos. La Historia escrita de Puerto Real, el conjunto de los elementos más básicos (por sustanciales) de dicha Historia sería más apropiado decir, cabe, quizá, en algo más de un metro lineal de estantería.

Otra cosa diferente son los trabajos que de una forma u otra se hayan ocupado de determinados (y hasta anecdóticos) aspectos de nuestra Historia, los estudios históricos (o geográficos, etnográficos, antropológicos…) en los que Puerto Real, sin ser el sujeto principal del análisis, aparezca reflejado en mayor o menor medida (poniendo un caso práctico, señalemos que en un estudio cualquiera que verse sobre fábricas romanas de ánforas [figlinae] en la Península Ibérica puede muy bien aparecer -siquiera- la mención de los yacimientos de esta naturaleza existentes en el término municipal portorrealeño, caso de “El Gallinero” o “Puente Melchor”, por citar sólo algunos de los quizá más significativos y paradigmáticos); eso, los trabajos en los que se recoge mención de uno u otro aspecto de la Historia (en un sentido amplio) de Puerto Real (y hasta la fecha) “cabe” en dos monografías de unas doscientas páginas cada una. Confíen en lo que les digo: conozco el paño (y no les hablo gratuitamente) porque soy el autor de ambas monografías[1]. Descontado esto, los textos más elementales, los textos de referencia sobre la Historia de Puerto Real, los trabajos que tienen en Puerto Real y su Historia el objeto principal de sus consideraciones ocupan, como venimos señalando, algo así como el equivalente a un metro lineal de estantería.

Quizá se trate de una forma de contemplar la situación demasiado lineal (nunca mejor dicho ya que hablamos de superficie lineal de estantería), demasiado apegada a la realidad material de la dicha situación (u original, por lo poco habitual), pero no por ello nos parece que estemos plasmando un comentario fútil, o un análisis baladí de las cosas; tratamos además de presentar una realidad evidente para cualquier lector, para cualquiera que se acerque a estas páginas, o a la balda en cuestión. Además el volumen de trabajo existente (el volumen de trabajo relativo a la materia que nos ocupa, nos interesa y a la que nos referimos en estas líneas: la investigación [y la divulgación] histórica sobre Puerto Real) se hace realidad visible, se convierte en algo material, tangible, cuando contemplamos los lomos de las publicaciones que guardan estos estudios históricos situadas una junto a otra en una estantería.

Algo tan simple en apariencia como esto que estamos señalando, la observación, la contemplación de la Historia de Puerto Real (de lo publicado sobre la Historia de Puerto Real, mejor dicho) puesta negro sobre blanco en papel impreso, editado en forma conveniente y publicado no menos conveniente y correctamente (con algún formato electrónico, informático, incluido), ordenada siguiendo el esquema habitual de pasta contra pasta, contraportada contra portada (y valga la involuntaria figura) de cada libro, nos muestra la realidad física de las cosas: unos [escasos] 100 cm. lineales de estantería albergan y sostienen, plus minus, todo lo hasta la fecha publicado sobre Historia de Puerto Real. Y eso es lo que aparece ante nuestros ojos. Ni más, ni menos.

20161125_cultura_historia_pr_portadas_01Personalmente he de reconocer que todo ello me sabe a poco, que me parece poco, me resulta a todas luces escaso (en el volumen, especialmente). Y más escaso resulta cuando (obviando aquello de que las comparaciones sean o dejen de ser odiosas) no puede evitarse el acto reflejo de contrastar nuestro más que escueto (y me resistiré a emplear el término “escuálido” en relación con el mismo) bagaje bibliográfico específico con los equipajes que en buena medida portan las ciudades del entorno, la mayor parte de las cuales dispone de un “fondo de armario” mucho mejor surtido que el nuestro.

Ignoro si a alguien puede satisfacerle ese metro (escaso y mal contado) de balda, pero creo que no puede ser considerado algo demasiado positivo: es poco, muy poco. Y menos aún desde que la publicación de las Actas de las Jornadas de Historia de Puerto Real se viera suspendida, obviamente y tras diversos avatares, toda vez que dicha iniciativa desapareciese igualmente hace ya unos años, rompiéndose así con una dinámica que durante unos años resultó, por así decirlo, enormemente positiva para la “estantería” a la que nos hemos estado refiriendo supra (mal que bien, en torno a unos 20 cm. de esa figurada balda de aproximadamente un metro vienen a corresponder a las Actas de las referidas Jornadas de Historia de Puerto Real, y aunque “cantidad” y “calidad” no sean obligadamente conceptos parejos, en circunstancias como las que nos pre-ocupan nos parece menester no pasar nada por alto).

Es vital, en un contexto local, contar espacios de conjunto que sirvan para recoger las aportaciones de diferentes investigadores, los trabajos procedentes de distintos estudiosos que contribuyen a enriquecer un campo, el de la investigación y la difusión histórica local, que representa un marco esencial en un marco como el de Puerto Real, ya que no se trata sólo de un libro de Historia más, sino que, precisamente por tratarse de una obra de conjunto en la que se materializan aportaciones de diversa naturaleza, procedencia y temática, el abanico de los asuntos tratados resulta muy superior, por amplio, que si se tratase de una monografía (aunque la profundidad del estudio de los referidos trabajos pueda ser susceptible de una distinta consideración), todo lo cual hace aún más interesante contar con un espacio de esta naturaleza.

De este modo podría mantenerse vivo un circuito ininterrumpido (que se retroalimenta, además, lo que redunda en el común y público beneficio de ciudad y ciudadanía) de cara al incremento de la investigación, los beneficiarios del cual circuito no son otros (precisa y lógicamente) sino la ciudadanía y la ciudad. En cualquier caso, y huyendo de cualquier suerte de magnificaciones o loas (sobre los espacios de difusión histórica de conjunto, de una u otro carácter, caso del trabajo que se hiciera en este sentido con las antedichas Jornadas y sus Actas), es de decir que interrumpido el circuito antes mencionado, se ha mermado el conjunto del panorama de nuestra investigación y difusión en el terreno de lo histórico, y se ha roto una línea de acción que se había desarrollado a lo largo de años, que partía de la esfera cívica (constituyendo un ejemplo de responsabilidad, de actividades y de esfuerzo ciudadano) y que claramente y a todas luces redundaba en un innegable y reluciente beneficio para Puerto Real.

Esperemos que la Historia de Puerto Real, la construcción razonada del estudio y análisis de nuestro pasado, pueda alejarse efectiva y realmente de tópicos, de todos los tópicos que hasta no hace mucho han seguido pesando en sus contenidos…, siendo quizá uno de los más pesados el de la inacción, el de la falta de espacios de desarrollo de esta labor de difusión de la investigación en lo relativo a la Historia y el Patrimonio Histórico local en (y de) Puerto Real. Estamos convencidos de que contar con dichos entornos (amén de seguir disponiendo de marcos tan inestimables y fundamentales como el que representa este espacio de “Puerto Real Hoy”) será fundamental para el desarrollo de la difusión histórica local y redundará en el común beneficio de nuestra Historiografía y de la ciudadanía portorrealeña.

REFERENCIAS:

[1] Con este apunte hago referencia a los libros Puerto Real en la Historia. Ensayo de Bibliografía Histórica Portorrealeña. (Padilla, Sevilla, 2002) y Puerto Real en la Historia (II). Nuevo Ensayo de Bibliografía Histórica Portorrealeña (San José, Puerto Real, 2006), de los que somos autor y que recogen sendos ensayos sobre Bibliografía Histórica relativa a Puerto Real.

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