Nuestro paisaje urbano, el contexto de nuestro caserío histórico local, cuenta con varios hitos singulares desde la perspectiva del Patrimonio Histórico, unos elementos que (como la Caja del Agua del Porvenir, como nuestras iglesias históricas, como el Horno romano de El Gallinero, como las casas barrocas del casco antiguo, como la Petitorre, como el Mercado de Abastos, como el Ayuntamiento Viejo, como el Callejón del Arco, o como el Teatro Principal…, por citar algunos de los principales) juegan un determinante papel a la hora de conformar los perfiles de un casco histórico, el de Puerto Real, que tiene en su propia configuración en damero una de sus principales características, uno de sus principales rasgos y una de sus principales muestras de carácter.

Volveremos, en próximos artículos, sobre esta particularidad de la traza en damero (o hipodámica) del caserío histórico de la Real Villa, centrando ahora nuestro interés no ya en el conjunto de nuestro casco histórico en general, sino en uno de los elementos singulares más destacados del mismo, elemento al que nos hemos acercado en varias ocasiones desde diferentes perspectivas con anterioridad, y al que ahora queremos volver a acercarnos nuevamente, la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián de Puerto Real.

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A la Prioral de San Sebastián hemos dedicado no pocos textos previamente (y no sólo en este medio digital; sería harto prolijo recoger aquí nuestra aportación al estudio de dicho monumento, aunque no es de descartar que lo hagamos como colofón a estos párrafos, más adelante), siendo el más extenso de los mismos la monografía que hace ya algunos años publicamos con uno de nuestros compañeros por entonces de estudios y trabajos, Manuel J. Izco Reina, un volumen titulado La Iglesia Parroquial de San Sebastián de Puerto Real. Medio Milenio de Historia (editado por Padilla, en Sevilla, en 2001).

Ya en esta serie de “Historia de Puerto Real”, que cada sábado publicamos en “Puerto Real Hoy”, hemos dedicado un par de estudios a la Prioral como argumento principal (sin perjuicio de otros artículos de esta misma serie en los que la parroquia ha estado igualmente presente y ha sido oportunamente mencionada y considerada desde una u otra perspectivas), los números XXIII y XXIV de la serie, aparecidos los sábados 13 y 20 de febrero del pasado año 2016, unos textos titulados “La Torre de la Prioral como hito defensivo en el Puerto Real tardomedieval (I y II)”, en los que el objeto principal de nuestra atención era precisamente el papel de la iglesia de San Sebastián como elemento defensivo en el Puerto Real de los albores de la Edad Moderna y los muy últimos lustros del Medioevo (los años de la Fundación de la Villa, que hubieron de ser los de los inicios de la construcción de este monumento histórico portorrealeño).

A nadie escapa (a nadie de entre los portorrealeños y de entre quienes hayan dedicado tiempo y esfuerzo, siendo foráneos, a estudiar nuestra Historia, nuestro Patrimonio local) que la Prioral es uno de nuestros referentes identitarios, uno de los elementos definitorios de nuestro paisaje urbano y de nuestra herencia cultural e histórica como Puerto Real, siendo sin duda uno de nuestros monumentos más significados, si no acaso el más relevante de todos cuantos monumentos componen el paisaje de nuestro Patrimonio inmueble.

Iglesia de San Sebastián

Iglesia de San Sebastián, parte del “skyline” puertorrealeño.

A la hora de aproximarnos a considerar la Prioral como hito histórico, podemos comenzar observando, en lo que atañe a su localización, su orientación y su cronología, que la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián de Puerto Real está orientada hacia el Este (lo cual no deja de ser una redundancia, así dicho: “orientada”, es decir: trazada hacia Oriente), con lo que se señala respecto al original trazado urbano en damero de la Villa, destacando del mismo debido, precisamente, a esta misma orientación, lo que es fácilmente observable a simple vista al pasear por el caserío local en los entorno de la iglesia, no digamos ya a vista de pájaro[1]. Podríamos señalar varias hipótesis relativas al origen de dicha particularidad, alguna de las cuales puede estar relacionada, incluso, con la Historia de Puerto Real (del espacio de nuestro solar y actual término municipal) anterior a la propia Fundación de la Villa en 1483 por los Reyes Católicos.

Entre estas razones para la “orientación” de la Prioral cierta tradición historiográfica local habla de la posible herencia hispano-musulmana; de este modo, a finales del siglo XV, en los momentos de la Fundación de Puerto Real por los Reyes Católicos (1483; en realidad, por la Corona de Castilla), aún no se ha completado la reconquista política (y militar) de la Península Ibérica por parte de los reinos cristianos peninsulares.

La ocupación desde principios del siglo VIII de la Península Ibérica por el Islam, y la implantación de la cultura musulmana (ajena a la tradición y la identidad de base latinas a las que pertenecía la vieja Hispania) en el territorio peninsular por aquel entonces visigodo habría de dejar una honda huella, en lo estético y lo artístico, en general, en la vieja Iberia.

La orientación hacia el Este de los templos paleocristianos se vería seguida por similar tendencia en los espacios religiosos musulmanes, orientados hacia la ciudad santa de La Meca, en la Península de Arabia, (como los templos cristianos, precedentes a los islámicos, lo estaban hacia la no menos santa ciudad de Jerusalén), algo que habría de influir en los modos de construcción cristianos medievales, incluso durante la Baja Edad Media siguiéndose las tradiciones paleocristiana e islámica), tal y como el arte islámico dejaría impronta en el arte cristiano como manifiesta el estilo mudéjar.

A lo anterior se une (como señala la tradición historiográfica a la que hacíamos referencia) la posibilidad, quizá no tan remota, de que la edificación de la primitiva ermita de San Sebastián, luego templo parroquial, se llevase a cabo sobre estructuras quizá pertenecientes a una de estas antiguas mezquitas islámicas, como solía ser habitual en las zonas reconquistadas, algunos de cuyos ejemplos más significativos cabría encontrar en las catedrales de algunas ciudades andaluzas, como Córdoba o Sevilla, pero también en la cercana urbe gaditana, pues la que habría de ser primera Catedral de Cádiz, actual parroquia de Santa Cruz, pensada en principio como definitivo sepulcro del monarca Alfonso X el sabio[2], se erige muy posiblemente sobre la antigua mezquita de la ciudad medieval islámica (algo que no constituye en absoluto un hápax en la época).

Puerta trasera iglesia de San Sebastián

Puerta trasera de la Iglesia de San Sebastián.

De este modo, cuando el territorio que andando el tiempo conformaría el término municipal portorrealeño pasó a manos cristianas, esto es, a mediados del siglo XIII, alguno de los pequeños núcleos poblados, alquerías, que se localizaban en la zona habría podido contar con un espacio religioso, como señala el profesor Sánchez Herrero[3], y podría quizá haber sido un tal edificio el que hubiera sido transformado por los conquistadores del norte, convirtiéndolo en templo cristiano, dedicado finalmente a San Sebastián, santo guerrero (nada casual en este caso su vinculación con una zona recién conquistada) y eficaz protector de cara a las epidemias que podían asolar (como sucediera históricamente) la zona.

Igualmente en relación con lo señalado, la tradición señala que la actual iglesia de San Sebastián podría haberse levantado sobre una precedente ermita (esto es, no ya un edificio religioso islámico sino cristiano), la estructura de la cual, en todo o en parte, podría haber sido utilizada en la construcción de la posterior iglesia. Sin pasar por alto que se trata de una tradición, no contrastada arqueológicamente ni confirmada documentalmente, es cierto que una posible orientación de la hipotética ermita precedente podría contribuir a explicar la configuración de San Sebastián (sin que algo así -la existencia de este posible precedente- resulte determinante a la hora de explicar la orientación de la Prioral.

Esta posible ermita se habría levantado casi en los arrabales de la que fuera la primitiva Villa portorrealeña, en los mismos primeros años de la Fundación, si no antes incluso (estando ligada a la reconquista del territorio, no sólo a la Fundación de la Villa), en una zona ligeramente alejada del que por entonces (en los momentos inmediatos a la Fundación) venía a ser el centro civil y religioso de la población, que estaría localizado en las inmediaciones de la actual plaza de Blas Infante, antaño plaza del Cabildo o de la Cárcel (por situarse en el edificio consistorial los calabozos municipales). El paulatino crecimiento de la joven localidad habría acabado incluyendo en poco tiempo en el seno de la trama urbana de la misma a dicha hipotética ermita, que, de ser (que no sabemos que fuera) habría acabado convertida, además, cuando menos desde mediados del Quinientos en parroquia.

En los próximos párrafos continuaremos tratando acerca de los primeros pasos y los posibles orígenes de la parroquia de San Sebastián, que tienen que ver, por ejemplo, con las noticias sobre la existencia de una cantera en dicho entorno, una cantera sobre la que se habría edificado el referido templo portorrealeño.

Así, nos aproximaremos a los momentos fundacionales de la Prioral, a las diversas hipótesis sobre la naturaleza de su ubicación y del espacio de la misma (y sus aledaños), sobre su posible cronología y evolución, así como sobre su funcionalidad trascendiendo del hecho religioso stricto sensu.

De este modo continuaremos hablando sobre uno de los edificios más señeros de Puerto Real, uno de nuestros monumentos artísticos e históricos más significativos, como es la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián Mártir, una joya de nuestro Patrimonio Histórico y uno de los tesoros monumentales de Puerto Real, un Patrimonio de todos los portorrealeños que, de un modo u otro, desde hace más de medio milenio contempla el devenir cotidiano de la Villa y sus moradores desde las alturas de su otero.

Referencias:

[1] Es de señalar a este respecto que la trama urbana portorrealeña se diseña desde los inicios de la propia Villa como una cuadrícula, como un espacio reticular conformado por calles lineales -y anchas, hay que decir- que se cruzan esencialmente buscando en la medida de lo posible el ángulo recto; como concepto, el damero es fruto del pensar la ciudad de los urbanistas del Renacimiento, cuando -al igual que sucediera en otras materias y expresiones artísticas- se vuelve la mirada hacia fórmulas del arte clásico; de este modo, la trama urbana portorrealeña será diseñada como una estructura ajedrezada, compuesta por cuadrículas, al modo de la urbanística de las ciudades romanas; entre las razones para ello, sin demérito de las motivaciones de naturaleza estética, las de seguridad y salubridad; de esta manera, y a la hora de dar una disposición diáfana a las calles de la nueva Villa, se cuentan igualmente las razones militares, defensivas: aquellas en buena medida estrechas y a veces enrevesadas calles de las ciudades medievales peninsulares dejarán paso en nuestro caso a calles anchas cortadas perpendicularmente, conformando, por ejemplo, un espacio idóneo para el empleo de caballería, y fácilmente (plus minus) defendible por el mecanismo de bloquear los accesos al caserío cerrando las calles en los extremos de las mismas.

[2] El rey castellano Alfonso X “el Sabio” tiene muy presente desde los primeros pasos de su actuación gaditana la erección en Cádiz de una iglesia catedral en honor de la Santa Cruz, una catedral que debía servir, además, como la digna sepultura de su regia persona.

[3] De acuerdo con el trabajo de José Sánchez Herrero, y siguiendo a autores precedentes como como A. de Horozco, fray Jerónimo de la Concepción o (ya en el pasado siglo XX) Hipólito Sancho de Sopranis, además de la alquería de Rayhana, se corresponderían con el territorio del actual término municipal de Puerto Real las también alquerías (o alcarrias) de Poblanina y de Fontanina; este autor menciona cómo estas alquerías no habrían sido tan sólo unas simples explotaciones agrícolas, sino que se habría tratado en su caso de unos poblados de cierta importancia, dotados de sus mezquitas, sus torres y, naturalmente, de sus casas (SÁNCHEZ HERRERO, J.: Cádiz. La ciudad medieval y cristiana. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba. 1986, pp. 183-184).

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