El Horno romano de El Gallinero (Puerto Real), año Cero (II)


Horno romano de El Gallinero.
Horno romano de El Gallinero.

Continuamos en estos párrafos desgranando los contenidos del artículo que, con el mismo título de éste que hoy presentamos, publicamos hace unos años en el volumen editado como homenaje al desaparecido arqueólogo gaditano Francisco Sibón Olano, excavador (junto al colega y amigo Enrique García Vargas) del Horno romano de “El Gallinero” a principios de la década de los noventa del pasado siglo un trabajo que se publicó como hemos señalado en el libro titulado Las Necrópolis de Cádiz. Apuntes de Arqueología Gaditana en Homenaje a J.F. Sibón Olano, volumen que fuera coordinado por las arqueólogas Ana Niveau de Villedary y Verónica Gómez, un libro editado por la Universidad de Cádiz el año 2010 (nuestro artículo se encuentra entre las páginas 585 y 607 de tal volumen); en este trabajo tratábamos de aproximarnos al papel desempeñado en la reciente historiografía local por las investigaciones desarrolladas en el Horno de El Gallinero de la mano de los referidos arqueólogos Sibón y García, siendo que entendemos que la divulgación de las mismas contribuyó grandemente a marcar un antes y un después en la sensibilización del gran público en relación con el Patrimonio Histórico y Arqueológico portorrealeño.

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Un ejemplo más de información puntual sobre la más remota Antigüedad del solar y término portorrealeño, considerado el asunto desde la óptica de la información y la erudición local, lo proporcionan los Anuarios y Guías de la Real Villa objeto de publicación en la transición entre los siglos XIX y XX; de este modo, los Anuarios editados por R. de Cózar y S. Casanovas y las Guías como las “Guías Rossetty[1] vuelven nuevamente a recurrir al “tópos” historiográfico de la tan manida identificación entre Puerto Real y el Portus Balbus/Gaditanus romano (que habría estado emplazado, pues, y de acuerdo con estos textos, en esta banda interior de nuestra Bahía, más al Norte, más al Sur), apoyándose de forma prácticamente exclusiva en la iteración de las aseveraciones formuladas en este sentido por autores de generaciones anteriores (adoleciendo, además, de un casi total desconocimiento arqueológico de la realidad de la región).

La misma senda habrán de seguir otros estudiosos de carácter local como J. Moreno de Guerra, autor del que cabe en justa ley considerar, sin embargo, como primer estudio histórico como tal sobre Puerto Real, aparecido en una Guía de Puerto Real (1913-14) y que habría de llevar por título el de “Apuntes Históricos”. Estos “Apuntes” constituyen el primer texto de naturaleza histórica del que tenemos constancia en Puerto Real, y no creemos exagerar al sostener que marcan un antes y un después en nuestra Historiografía, ya que no se trata de que un autor (foráneo o no) recoja unas notas, unas indicaciones, sobre la realidad del Puerto Real que llega a conocer (legándonos una crónica documental, más que un texto de Historia propiamente dicho), ni de que un historiador, geógrafo o tratadista (como Madoz o Adolfo de Castro) redacten unos párrafos sobre el pasado portorrealeño insertos en un discurso general sin relación directa con la Real Villa: con Moreno de Guerra asistimos, por primera vez, al caso de un texto histórico sobre Puerto Real, concebido y publicado como tal a principios del siglo XX, a caballo entre 1913 y 1914.

Fruto del cientificismo positivista del siglo XIX serán obras como las del citado Adolfo de Castro, autor –entre otras– de una Historia de Cádiz y Jerez (publicada en Cádiz, en 1845), de una Historia de Cádiz y su provincia desde los remotos tiempos hasta 1814 (que viera la luz igualmente en Cádiz en 1856) y de una –más cercana a Puerto Real y este entorno concreto, merced a su especificidad– Historia de Matagorda y el Trocadero (Cádiz, 1896); Adolfo de Castro hará referencia –una vez más– a la ubicación en término municipal de Puerto Real del arsenal de Balbo en tierra firme, sirviendo de esta manera como base y orientación para las opiniones en este sentido de los autores de las guías antes mencionadas. Es de señalar asimismo en este contexto que nos ocupa una monumental obra del siglo XIX, dirigida por Pascual Madoz, el Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España y sus posesiones de Ultramar, cuyos tomos V y XIII (publicados en Madrid, en los años 1846 y 1849 respectivamente) abordan ese tópico pasado de las tierras de nuestra localidad. Incluso en estudios de esta misma época (los mediados-fines del siglo XIX) publicados fuera de nuestras fronteras nacionales encontraremos referencias testimoniales al recurrente “tópos” de la identificación entre el Portus Gaditanus y Puerto Real, como veníamos señalando.

De esta forma, por ejemplo, sucederá en la obra del ingeniero francés A. Léger Les travaux publics, les mines et la métallurgie aux temps des Romains (cuya primera edición salió a la calle en París, en 1875, y que justo un siglo más tarde –en 1979– fuera objeto de una reedición facsímil), en la que su autor no vacila al identificar Puerto Real como el lugar en cuyo territorio se habría encontrado emplazado uno de los más “famosos puertos romanos” de la España Antigua, el Portus Balbus. Igualmente habremos de considerar en este sentido el trabajo de D.I. Parada de título Hombres Ilustres de Jerez (publicado en Jerez de la Frontera, en 1875), ya que si bien no incide en el tema de la Arqueología en Puerto Real y su término, sí hace mención (siquiera de forma colateral) a la existencia en el solar de esta población gaditana de una torre y un puerto medievales, hitos éstos comunes a la Historia portorrealeña y jerezana que aparecen en este libro de Parada como una mención temprana (visto el cuadro general de la situación y la tardanza en despegar de los estudios sobre Historia Antigua de Puerto Real) acerca de la medievalidad en (y de) Puerto Real.

El comienzo de los estudios históricos propiamente dichos que de manera estructural abordasen el tema de la Antigüedad y la Arqueología en (y de) Puerto Real habrá de hacerse esperar hasta la segunda mitad del pasado siglo XX, lo cual –se mire por donde se mire– no deja de ser una fecha harto tardía en comparación con la situación de tales estudios en otras ciudades vecinas de nuestro entorno y partícipes de una aventura histórica de similares características. Antes de la aparición de algunos trabajos que pueden ser considerados como el “arranque” de la Historia de los Estudios sobre la Antigüedad en Puerto Real encontraremos, empero, artículos e incluso alguna obra inédita de carácter monumental que suponen los primeros tanteos en lo que se refiere a la inclusión del pasado comúnmente denominado como antiguo en la consideración general de la Historiografía local de Puerto Real.

Ha sido previamente señalado ya el artículo de Moreno de Guerra de 1914 en el que se menciona la presencia del Portus Balbus/Gaditanus en suelo portorrealeño; del mismo modo se expresa la primera obra “monumental” (de compendio) sobre la Historia de Puerto Real, el trabajo (aún inédito) de A. Ordóñez de la Calle que lleva por título Biografía del Puerto Real de los Reyes Católicos, y que data de 1958 [copias mecanografiadas de dicha obra se conservan en el Archivo Histórico y en la Biblioteca Municipal de Puerto Real]. Si bien podemos señalar que los primeros pasos de la Arqueología y la Historia Antigua en lo que respecta a Puerto Real puede ser calificado como la “búsqueda del Portus Gaditanus” (sic), a partir de mediados del siglo XX se varia de enfoque: ahora se tratará no de seguir la tradición y mantener los tópoi sobre la identidad entre el puerto de los Balbo y Puerto Real, sino de estudiar los yacimientos arqueológicos de la zona sin prejuicios ni apriorismos tradicionales, de forma que la reconstrucción del pasado no siguiera siendo tributaria de preconcepciones y lugares comunes que se deben en buena medida a la simple repetición axiomática de sus formulaciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, de autor en autor, de pluma a pluma.

Parecería beber C. Pemán de la obra de G.E. Bonsor, quien con sus estudios sobre el ámbito del Guadalquivir entre los que destacaremos la expedición por el río, itinerario fluvial arqueológico plasmado en su estudio Expedición arqueológica a lo largo del Guadalquivir que sólo vería la luz por primera vez en castellano en 1989, al que se suman sus trabajos sobre Las colonias agrícolas prerromanas del Valle del Guadalquivir (Écija, 1997) y “Los pueblos antiguos del Guadalquivir y las alfarerías romanas” (aparecido en la Revista de Archivos, Museos y Bibliotecas en 1901 y objeto de una reedición facsímil en 1987 –J. Beltrán Fortes ed.– como encarte del nº. 11-12 de la Revista de Cultura del Ayto. de Coria del Río, monográfico de Arqueología de Coria del Río y su entorno) marca un punto inicial en el análisis y estudio de la arqueología y la economía antiguas de la Baetica. Bonsor, inglés de Huelva, ingeniero que desarrolla su labor histórica entre los siglos XIX y XX, estudia la relación entre las vías de comunicación (especialmente las vías acuáticas interiores) y los yacimientos arqueológicos antiguos en el valle y curso del Baetis, sentando unas acertadas bases retomadas por Chic García (principio de la relación entre vías acuáticas y yacimientos romanos de producción formulado por Bonsor para el Baetis y aparentemente retomado por Pemán para la Bahía de Cádiz; véase Parodi, 2001).

G.E. Bonsor en el ámbito general Bético y C. Pemán en el más específico de la Bahía de Cádiz constituyen aún referencias de peso para entender el comienzo de los estudios sobre la organización del territorio en época romana en dichos marcos. Junto a los estudios de Pemán Pemartín[2] son de destacar especialmente los pioneros trabajos de la estudiosa gaditana Mª J. Jiménez Cisneros (discípula de Manuel Esteve Guerrero, quien representa otra referencia obligada en la arqueología de la provincia gaditana). Puede decirse que con la labor de Jiménez Cisneros da comienzo la investigación arqueológica sistemática en (y sobre) el término municipal de Puerto Real. Esta investigadora presenta en 1953 una no por breve menos interesante referencia al tema general de la arqueología en Puerto Real bajo el título “Cádiz. Puerto Real” (que aparece como la nota nº 662 del Noticiario Arqueológico Hispano II, nºs. 1-3, del citado año 1953 y se publica en Madrid en 1955); este breve texto (más constitutivo de una “noticia arqueológica”, y de ahí su inclusión en el dicho Noticiario) supone un interesantísimo hito en el campo de la Historiografía portorrealeña, puesto que es el primer ejemplo de trabajo sobre Arqueología en el que aparece mencionada Puerto Real, constituyendo la Antigüedad en su solar uno de los ejes definidores del citado estudio.

Junto a este breve apunte sobre la Antigüedad en Puerto Real, Jiménez Cisneros resulta asimismo innovadora por otros varios motivos; se debe a su autoría la inclusión de la Villa en la bibliografía específica de carácter científico más allá de nuestras fronteras; de esta forma el solar antiguo portorrealeño contaría desde 1958 con una publicación dedicada al mismo en alemán (“Beobachtungen in einem Römischen Töpferbezirk bei Puerto Real, prov. Cádiz”, aparecida en el número 36 de la revista Germania, en el citado año 1958). Un aspecto más en el que Jiménez Cisneros y su tarea resultan novedosas es aquel relacionado con las obras generales: su Historia de Cádiz en la Antigüedad (estudio de referencia aún, publicado en Cádiz en 1971) es el primer libro específicamente dedicado a la época antigua gaditana (desde una óptica, además, que podemos considerar arqueológica), en donde además aparecen recogidos los yacimientos del término de Puerto Real que habían sido hasta entonces reconocidos y excavados por la misma autora (como los de “Paso a Nivel-Puente Melchor” o “Villanueva”, situados ambos en las inmediatas afueras del casco urbano de la localidad, en dirección a San Fernando y junto a la antigua carretera N-340, próxima a la moderna autovía).

Estas primeras y “clásicas” excavaciones serían seguidas por otras que brindarían un mejor conocimiento de la Historia a través de nuevos yacimientos; la investigación, antes inexistente, sobre la Antigüedad en Puerto Real sería abordada siguiendo criterios científicos, quedando abandonada como objetivo primario la búsqueda del Portus Gaditanus en el territorio de la Villa. Cabe señalar igualmente que junto a la inclusión del término municipal portorrealeño en estudios específicos de carácter arqueológico, fenómeno que se materializa de forma global, podríamos decir, a partir de los años cincuenta del ya pasado siglo XX, el Patrimonio arqueológico (lo que es decir, histórico) de Puerto Real comienza a aparecer también en publicaciones especializadas (artículos, breves, noticias y libros sobre Historia Antigua…) de carácter general a lo largo de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo (para “regularizarse” a partir de las dos últimas décadas del mismo).

Junto a los estudios generales hemos de hacer referencia a la aparición de trabajos que tratan de forma directa el pasado “antiguo” de las tierras de Puerto Real, bien en sí mismo (caso del trabajo de Mª Dolores López de la Orden sobre los “Hornos cerámicos romanos en el Olivar de los Valencianos (P. Real)”, publicado en el Boletín del Museo de Cádiz, II, 1979-1980), bien incluyéndolo en una dimensión zonal de mayores perspectivas (caso del texto de G. Chic García acerca de “Gades y la desembocadura del Guadalquivir”, aparecido en la revista Gades III, 1979). Ya durante los años ochenta continuará la tónica general descrita, apareciendo Puerto Real en publicaciones específicas, en otras que abordan el estudio de la Antigüedad en la Bahía de Cádiz y en otras aún de carácter más general que tratan diversos temas de Historia económica del Mundo Antiguo, obras en las cuales las producciones anfóricas de los yacimientos del término municipal portorrealeño comienzan a hacer acto de presencia (para acabar por convertirse en referencia habitual, merced a la obra de investigadores como L. Lagóstena Barrios o E. García Vargas). Así sucederá con trabajos sobre puertos en la Baetica, sobre restos arqueológicos submarinos (pecios y fondeaderos) en el Levante español o en el Sur portugués, tal y como antes (merced a la labor de estudiosos como Peacock, Williams y Curtis [3]) habíamos encontrado ya siquiera menciones de la presencia y el rol desempeñado por las producciones anfóricas (y sus contenidos) de este término municipal en el conjunto general del Imperio Romano: ya no se trata de buscar un mítico “Eldorado-Portus Gaditanus”, o de recoger y repetir tópicos de autor en autor, sino de estudiar “in situ”: de manejar datos concretos y no seguir dando “vueltas de peonza” (o “de tuerca”) sobre un nombre y una línea de texto pliniano (estraboniano, plutarquiano, polibiano, diodoriano, tacitense, o de otra auctoritas antigua), o sobre un preterido lugar común proyectado por la tradición local[-ista].

Si en los años ochenta encontramos la que puede ser considerada una “primera época” de mayor aparición del arco oriental interior de la Bahía (el término de Puerto Real) y sus yacimientos arqueológicos en obras de carácter general (sin perder de vista que se trata de un proceso que arranca de las décadas anteriores), en los noventa (no casualmente coincidiendo con la nueva Ley de 1991) hallaremos un período de mayor atención de los estudios al territorio de Puerto Real en su Antigüedad. Continúan en dicha década las excavaciones arqueológicas (en yacimientos como “Puente Melchor”, “El Retamar”, “El Gallinero”…), apareciendo más publicaciones específicamente centradas en la localidad, al tiempo que la prensa (periódicos y revistas locales tanto como provinciales) comienza asimismo a recoger la noticia de los hallazgos y excavaciones; encontraremos en este sentido tres tipos de artículos: el de sesgo puramente periodístico (que se limita, en teoría, a transmitir información), el de carácter histórico (que desarrolla un contenido de dicha naturaleza pero con un objetivo fundamental de divulgación, como es de esperar en una publicación de naturaleza periódica) y el de talante reivindicativo y de denuncia, expresado (pero no sólo ni tampoco principalmente allí) por ejemplo en las “Cartas al Director”, cuando no en las correspondientes secciones de opinión de los referidos y distintos medios locales y provinciales.

REFERENCIAS

[1] Publicaciones consideradas en A.A.V.V., “Fuentes, Bibliografía y Notas sobre la Investigación en Puerto Real”, texto publicado en las Actas de las II Jornadas de Historia de Puerto Real. Puerto Real 1994, pp. 13-30.

[2] “Nuevas precisiones sobre vías romanas en la provincia de Cádiz” (publicado en el Anuario Español de Arqueología, en 1948), los “Topónimos antiguos del extremo Sur de España” (que igualmente viera la luz en el dicho Anuario…, pero en 1953), su Memoria sobre la situación arqueológica de Cádiz en 1940, o el estudio sobre “Alfares y embarcaderos romanos en la provincia de Cádiz” (que asimismo aparece publicado en el Anuario Español de Arqueología el año 1959); Pemán sucedió tras la guerra civil en la responsabilidad al frente de la Arqueología de la provincia de Cádiz a Pelayo Quintero Atauri, quien fuera posiblemente purgado por causas políticas, siendo trasladado al Norte de África, donde ejerció la Inspección de Antigüedades y la dirección del Museo Arqueológico de Tetuán entre 1940 y su fallecimiento, acaecido en 1946; cfr. M.J. Parodi Álvarez, “Arqueología española en Marruecos, 1939-1946. Pelayo Quintero de Atauri”, en SPAL. Revista de Prehistoria y Arqueología nº. 15 [2006]. Universidad de Sevilla 2007, pp. 9-20; id., “Notas sobre Historiografía Arqueológica Hispano-Marroquí. 1939-1946, Pelayo Quintero”, en Bernal-Raissouni-Ramos-Zouak-Parodi (Eds.), En la Orilla africana del Círculo del Estrecho. Historiografía y proyectos actuales. Colección de Monografías del Museo Arqueológico de Tetuán (MMAT II). Actas del II Seminario Hispano-Marroquí de Especialización en Arqueología. Cádiz 2008, pp. 63-92.

[3] D.P.S. Peacock y D.F. Williams, Amphorae and the Roman Economy. An introductory guide. Londres-N. York, 1986; R.I. Curtis, Production and Commerce of fish sauce in the Western Empire. Ann Arbor, Michigan, 1979; id., Garum and Salsamenta. Leiden-N. York, 1991.

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