Burguesía y nobleza ilustrada en la Bahía gaditana del Setecientos. Los de la Rosa portorrealeños (II)


Ala de la Prioral de los Siglos XVIII y XIX. / Foto: Manuel J. Parodi

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[Como señalábamos en el anterior artículo, el texto que nos ocupa se publicó originalmente con el título de “Burguesía y nobleza ilustrada en la Bahía gaditana del Setecientos. Los de la Rosa portorrealeños” en la revista Espacio y Tiempo (Revista de la Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Sevilla), nº 13, 1999, pp. 165-183; lo presentamos ahora dividido en varias entregas para su mejor difusión, respetando el texto original de nuestra autoría; como en el caso de otros textos precedentes de similar naturaleza, aparece ahora por primera vez en este formato y en la web, de la mano de “Puerto Real Hoy”; continuamos en la presente entrega el desarrollo del texto original]

El Padrón de Habitantes de Puerto Real de 1783-1785[1] presenta una sola casa -el entonces número 4 de la calle Amargura- como propiedad del conde de Vega Florida, D. Francisco De la Rosa y Arnaud; al mismo tiempo la casa nº 75 de la calle de la Torre aparece como propiedad “de los herederos del Sr. conde de Vega Florida”, entre los cuales habría de contarse su hijo y sucesor en el título. El documento de la “Unica Contribución” de 1771, en cambio, presenta al anterior conde, D. Francisco De la Rosa y Levazor, como propietario de un total de 22 casas en la Real Villa; contaba este señor al mismo tiempo con tres sirvientes “de salario y comida” y tres mozos[2].

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Por su parte, D. Nicolás De la Rosa y Levazor poseía en 1771 cuatro casas, seis almacenes y una hacienda de olivar, “por sí y por Dª. Cathalina Hurtado, su tía”[3]. Según el Padrón de 1783-1785, en cambio, D. Nicolás De la Rosa y Levazor (cuyo hermano D. Francisco había muerto en 1772, según reza el texto de su lápida funeraria) poseía casas (en muchos casos con sus respectivos inquilinos en régimen de alquiler, de los cuales debía obtener no poca renta) en varias calles de la Villa, de las cuales proporcionamos una relación:

– cuatro en el “Muelle, la hacera (sic) frente de la Fuente sin números”

– los entonces números 33, 34, 42, 119 y 120 de la calle de la Plaza

– los números 16 y 17 de la C/ S. Antonio

– el número 40 de la C/Vaqueros

– el número 45 de la calle Nueva

– la casa nº 27 de la calle de San Ignacio

– el nº 22 de la calle Soledad

– los números 68 y 69 de la calle de la Torre (hoy Real)

– los números 22, 23 y 29 de la C/ San José

Por los datos observados podría parecer que el patrimonio inmobiliario de su hermano el conde habría pasado a sus manos, ya que se trata de un total de 20 casas (número casi coincidente con el atribuido a D. Francisco De la Rosa y Levazor en 1771), frente a las escasas cuatro de las que habría sido propietario con anterioridad; a éstas hemos de sumar la propia vivienda de D. Nicolás quien en 1783-85 vivía en el nº 1 de la C/ Cruz Verde (donde seguiría habitando en 1798, ya viudo y con 82 años), contando con los siguientes sirvientes (que vivían bajo su techo): Pablo Rosi, natural de Sextri en Génova, Nicolás de Rivas, su cochero, natural de Jerez y Antonio Almexera, natural de Bayona (Galicia).

Hemos hablado con detenimiento anteriormente de los hermanos D. Francisco y D. Nicolás De la Rosa y Levazor, y pasaremos a centrar nuestra atención en la descendencia del primero de los mencionados. Aventurábamos en líneas anteriores la posible relación entre la lápida sepulcral de los condes de Vega Florida en la Prioral y una hipotética capellanía (creada “ex profeso” o ya existente) destinada a velar por la memoria de los extintos condes (y de sus herederos y demás miembros del grupo familiar). En relación con este particular hemos de contar con la presencia en la familia de un sacerdote, don Joseph, quien podría muy bien haber ocupado la citada hipotética capellanía.

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Los de la Rosa, condes de Vegaflorida, ejercieron su mecenazgo sobre la Prioral y como fruto de esta acción fue construida, a expensas de esta familia, la capilla sacramental de la parroquia, a caballo entre los siglos XVIII y XIX. / Foto: Manuel J. Parodi

Sabemos por el Padrón de 1783-1785 que este D. Joseph (o Josef) De la Rosa y Arnaud[4] vivía por esas fechas en la casa que ostentaba por entonces el número 4 de la calle Nueva; había por lo tanto sobrevivido a su padre, D. Francisco De la Rosa y Levazor (fallecido como sabemos en 1772) y podría ostentar la capellanía a la que antes hacíamos referencia. En cualquier caso, se trata del tercer ángulo de un característico conjunto familiar del Antiguo Régimen, conformado por elementos que ostentan nobleza de título así como cargos militares y eclesiásticos.

En la casa número cuatro de la ya entonces calle Nueva, junto a D. Joseph De la Rosa y Arnaud, vivirían -de acuerdo con el ya citado Padrón de Habitantes de 1783-1785- otros miembros de la misma familia. Se trataba en concreto de dos hermanas suyas (del sacerdote y del conde), hijas de D. Francisco De la Rosa y Levazor y de Dª. Manuela Arnaud, ambas solteras: Dª. Rosalía y Dª. María de los Dolores De la Rosa y Arnaud. Ésta última haría una breve aparición con posterioridad en la Historia escrita de la Real Villa, ya que su nombre es mencionado en una lista de donantes de plata y oro a la Junta de Regencia en 1810 (en el marco de la Guerra de Independencia contra la invasión francesa), lo cual parecería indicar que estas señoritas habrían disfrutado de una cierta holganza y bienestar, como correspondería al “status” social y económico propio de las hijas y hermanas de un título de nobleza que gozaba de numerosas propiedades inmuebles, como era el caso. En este sentido cabe recordar (a falta de otros datos sobre bienes rústicos) que el mismo Padrón de los años 1783-1785 señala en la -por aquellas fechas- calle de la Torre (hoy Real) la existencia de una casa -el número 75- que pertenecía “a los herederos del Sr. Conde de Vega Florida”, de las rentas producidas por cuyos inquilinos debían disfrutar (al menos en parte) Dª. Rosalía y Dª. Dolores De la Rosa y Arnaud.

Junto a los tres personajes citados vivía igualmente en la casa del número cuatro de la calle Nueva una tía carnal de las dos De la Rosa y Arnaud y su hermano el clérigo, Dª. María Arnaud, de estado civil soltera. Este último personaje debía a todas luces ser una hermana de Dª. Manuela Arnaud, esposa de D. Francisco De la Rosa y Levazor (fallecida en 17?1) y protagonista junto con él de la inscripción de la lápida conservada en la cripta de la Sacramental de la Prioral de San Sebastián[5]. Junto a este original grupo familiar de miembros “célibes” (compuesto por dos mujeres solteras con su hermano el cura y su tía materna, igualmente soltera), hemos de mencionar al inquilino restante del nº 4 de la calle Nueva: la sirvienta, de nombre María de los Dolores Fuente.

Como veíamos en anteriores líneas de este estudio, el matrimonio compuesto por don Francisco De la Rosa y Levazor y doña Manuela Arnaud, condes de Vega Florida, tendría como fruto varios hijos; mencionadas ya las hijas y el sacerdote, centraremos nuestra atención en la persona del único hijo varón y heredero del título, D. Francisco De la Rosa y Arnaud, y muy especialmente en el papel político desempeñado por nuestro protagonista en el Puerto Real de su época (los agitados años de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX).

Como habíamos detallado al inicio de este trabajo, el título condal de Vega Florida encuentra paralelos de mayor fortuna y dimensión en la esfera política dieciochesca; la nueva Dinastía reinante ha de cimentar su poder sobre unas bases políticas estables, para lo cual pretende (como habría de hacer Napoleón Bonaparte un siglo más tarde en la vecina Francia, creando la nueva “Nobleza Imperial”, formada por militares y políticos) rodearse de funcionarios y políticos ennoblecidos como recompensa por los servicios prestados a la Corona y el Estado cuya lealtad y fidelidad se encontrasen por encima de toda sospecha y cuya capacidad de trabajo sirviera a los fines de la Dinastía y el País, de modo que pudieran convertirse en instrumentos hábiles y útiles de la política Regia (dirigida a transformar el país agilizando sus instituciones).

Esto sucederá a todos los niveles, de modo que podremos encontrar a la nueva nobleza creada por los Borbones tanto en instituciones locales (recordemos que D. Nicolás De la Rosa y Levazor, tío paterno de nuestro protagonista, unía a sus cargos de Alférez Mayor de la Villa y Juez subdelegado de Marina el de Regidor perpetuo del Ayuntamiento de Puerto Real), como en las más altas instituciones del Estado. Cabe señalar, entre algunos de los nuevos títulos creados por la Corona en este momento, los que recayeron sobre D. Zenón de Somodevilla y Bengoechea, nombrado marqués de la Ensenada en 1736 por Carlos VII de Nápoles (el futuro Carlos III de España) y sobre el italiano Leopoldo de Gregorio, nombrado por Carlos III marqués de Vallesantoro y Squilace (y que habría de ser mejor conocido en nuestro país como “marqués de Esquilache”).

A una escala mucho más modesta pero igualmente representativa de las intenciones del “nuevo Estado” encontramos a los condes de Vega Florida, ennoblecidos por su lealtad a Felipe V en el marco de la Guerra de Sucesión Española (1700-1714)[6]. D. Francisco De la Rosa y Arnaud, conde de Vega florida y Caballero del Hábito de Santiago (quien contaba 57 años en 1798 y se encontraba soltero, teniendo su residencia en dichas fechas en la entonces calle de la Torre, número 72) cobraría cierto protagonismo político tras la Guerra de Independencia. En 1814, con motivo del restablecimiento en el Trono del “deseado” Fernando VII, se formaría en Puerto Real un nuevo Ayuntamiento, del cual formaba parte como Síndico personero el conde de Vega Florida, a quien los documentos de la época retratan como “capitán de fragata de edad avanzada, enfermo” (contaría con 73 años, en efecto). Este caballero había residido en Cádiz durante la invasión francesa, habiendo vuelto a la Villa con la retirada del invasor. Igualmente aparece el conde de Vega Florida en la Jura de la Constitución de 1820, en un claro ejemplo de “oportunismo político”. Si se trataba de D. Francisco De la Rosa y Arnaud, debió ser éste uno de sus últimos actos públicos, puesto que habría contado ya con 79 años. Tras esta ceremonia perdemos la pista del conde de Vega Florida, por lo que dada su avanzada edad nos atrevemos a suponer que su fallecimiento habría de suceder poco después. Sobre su sepultura poco es lo que puede decirse: sabemos que el sepulcro de sus padres pertenecía a sus herederos según su lápida funeraria, pero dado que el emplazamiento de dicha lápida en la cripta de San Sebastián no parece ser el original no podemos aventurar hipótesis[7].

Si en los párrafos anteriores nos hemos ocupado de la descendencia de los condes de Vega Florida (línea que podemos considerar como principal en la familia), en las siguientes líneas centraremos nuestra atención en la línea de descendencia de D. Nicolás De la Rosa y Levazor, quien fuera Alférez Mayor de la Villa y viviera en la calle de la Cruz Verde, una de las más típicas de nuestra localidad[8]. Como recordaremos, el cargo de Alférez Mayor (existente en Puerto Real desde fecha tan temprana como 1580, según Moreno de Guerra) había pertenecido a la familia Espino Salvago, de los que habría pasado por matrimonio a los Hurtado Dávila; de éstos pasaría igualmente por línea femenina a los De la Rosa. Entre las atribuciones propias del Alférez Mayor (entre las que se contaba su papel como cabeza de la milicia urbana) la más importante era sin duda la de presidir la ceremonia de Proclamación Real, a la muerte de un monarca y entronización de su sucesor[9].

  1. Nicolás De la Rosa y Levazor habría transmitido aún en vida a su hijo, D. Nicolás José De la Rosa y Zúñiga, el cargo de Alférez Mayor de Puerto Real, ya que este último habría sido según D. Antonio Muro el encargado de proclamar a Carlos IV como soberano en 1788, pese a que como sabemos su padre todavía vivía diez años después, en 1798 [10]. En este último año, y según el Padrón de habitantes de la localidad, D. Nicolás José De la Rosa y Zúñiga (nacido en 1767) estaba casado con Dª Lutgarda Castellón (quien tenía 27 años en 1798) y vivía con su esposa e hijos en la calle Cruz Verde junto a su ya anciano padre (que contaba a la sazón 82 años, edad harto avanzada para la época). El matrimonio de D. Nicolás José y Dª. Lutgarda tenía (en el año en que el citado Padrón les retrata) tres hijos: Antonio, de ocho años, Francisco de Paula, de seis años, y la menor, Flora, de un año.

El Alférez Mayor D. Nicolás J. De la Rosa y Zúñiga mantenía la tradición familiar de la vinculación con la Marina de Guerra (su padre era comisario de matrícula y juez subdelegado de Marina, y su primo el conde tenía la graduación de capitán de fragata): él mismo era teniente de navío en 1798. Como personaje público y miembro destacado de la oligarquía dirigente local, en 1796 le veremos propuesto para formar parte de una comisión que acudiera a recibir a la linde con la vecina localidad de El Puerto de Santa María al soberano entonces reinante, Carlos IV (cuya proclamación él mismo había presidido ocho años antes), quien en dicho año visitó la Real Villa en el marco de una gira general por estos Reinos.

En 1800 y con motivo de la epidemia general de fiebre amarilla de ese año[11], el Alférez Mayor D. Nicolás José   De la Rosa y Zúñiga   (a quien vemos ya en esa fecha disfrutando del rango militar de comandante de la Real Jurisdicción de Marina) formaría parte de la Junta Local de Sanidad creada con la intención de combatir la epidemia[12]. Tan sólo tres años más tarde (en 1803), se produce el fallecimiento de D. Nicolás José, a la temprana edad de treinta y seis años. Según Moreno de Guerra y sus “Apuntes Históricos” publicados en la “Guía de Puerto Real” de 1914, con su deceso se habría perdido la pista de los Alféreces Reales en la Villa, habiendo sido él la última persona en desempeñar el cargo. Sin embargo, D. Antonio Muro rectifica el error: el título de Alférez Mayor de la Villa habría sido transmitido por el fenecido D. Nicolás José a su hijo mayor, Antonio (a quien veíamos contar ocho años en 1798), fruto de su matrimonio con Dª. Lutgarda Castellón[13]. Este D. Antonio tenía a la sazón trece años (había nacido en 1790) y se encontraba por ser menor de edad bajo la tutela de su madre, Dª. Lutgarda. Sería precisamente él quien presidiría -en función de su cargo de Alférez Mayor- la ceremonia de Proclamación de Fernando VII, celebrada el 31 de mayo de 1808 (recordemos que Fernando VII fue proclamado Rey tras el Motín de Aranjuez, golpe de estado promovido por el propio príncipe Fernando y sus partidarios de la nobleza que tuvo lugar el 17-18 de marzo de 1808 y que acarreó la abdicación de Carlos IV y la caída de su valido, Manuel Godoy, quien ostentaba el pomposo título de “Príncipe de la Paz”), desmintiéndose así a Moreno de Guerra.

Podemos además comprobar a través de este mismo D. Antonio cómo la relación de los De la Rosa con la Marina de Guerra se mantenía a lo largo del   tiempo: él mismo tenía el grado de teniente de la Real Armada. Hemos podido de este modo observar a tres generaciones de miembros de la misma línea familiar vinculados a las Armadas del Rey: se trata de D. Nicolás De la Rosa y Levazor, comisario de matrícula y juez subdelegado de Marina, su hijo, D. Nicolás José De la Rosa y Zúñiga, comandante de la Real Jurisdicción de Marina, y el hijo de este último y nieto del anterior, D. Antonio De la Rosa y Castellón, teniente de la Real Armada. Otro miembro de la familia cuya relación con la Marina ha de tenerse en cuenta sería el conde de Vega Florida, D. Francisco De la Rosa y Arnaud, pariente de los anteriores, quien disfrutaba el grado de capitán de fragata y de cuya actividad política habláramos en líneas precedentes.

REFERENCIAS:

[1] Padrón de Vecinos de 1783, A.M.P.R., Leg. 122.

[2] Vid. n. 9, supra.

[3] Recordemos que el rango de Alférez Mayor de la Villa lo heredaría D. Nicolás, por línea femenina, de los Hurtado, a la familia de los cuales pertenecería su pariente la citada Dª Cathalina -según Moreno de Guerra (vid. n.. 12, supra).

[4] Otras grafías para este apellido que aparecen en la documentación del A.M.P.R. son “Levasson”, “Levasor” y “Levason”, siendo “Levazor” la que se encuentra reflejada en la lápida sepulcral de los condes, y, por ello, la seguida por nosotros para el presente estudio.

[5] Vid. n. 15, supra.

[6] Vid. n. 10, supra.

[7] Contamos con diversos argumentos que sostienen nuestra hipótesis de que el emplazamiento de la losa no se corresponde con el primigenio:

  1. a) La lápida no se encuentra en su emplazamiento original, habiendo sido trasladada a la cripta en algún momento imprecisable por razones aún difíciles de concretar. Ello no hace sino confirmar nuestra primera hipótesis: el desgaste que presenta la lápida habla en favor de un emplazamiento original distinto del actual, en un lugar de tránsito frecuente (lo que habría producido el dicho desgaste del epígrafe). Además, la capilla en cuya cripta se encuentra (la Sacramental) fue edificada entre 1782 y 1844, mientras la fecha última de la inscripción es la de 1772: la capilla es posterior al deceso de los condes y su sepelio.
  2. b) La lápida se halla superpuesta a un suelo con el que no parece guardar relación.
  3. c) La identificación tradicional de la losa como la lápida sepulcral de Gutierre de Cetina debe ser desechada, al no corresponder con la realidad de los hechos encontrados.

[8] En la calle de la Cruz Verde se conservan dos hornacinas ocupadas por sendas cruces de color verde, una entre los números 21 y 23 de la calle y la otra en la esquina de la dicha vía con la Carretera Nueva. Muro Orejón señala la relación de estas cruces con los ornamentos distintivos del Santo Oficio y la presencia de familiares del mismo en diversos artículos de prensa, como en “La calle de la cruz Verde”, publicado en la revista “Marcador” en su número de 5/X/1966. La presencia de dichas cruces verdes (y el nombre de la calle) habría de ese modo de relacionarse con las moradas de diversos oficiales y familiares de la Inquisición en la citada vía (según Muro).

[9] Vid. n. 11, supra.

[10] Sobre la visita de Carlos IV a Puerto Real, vid. R. Anarte, J.Mª. Cruz y M. Ruiz, Documentos Básicos para la Historia de Puerto Real. Puerto Real 1991, pg. 76; vid. para la proclamación de Carlos IV por D. Nicolás José De la Rosa en Puerto Real, A. Muro, Puerto Real en el Siglo XIX. Chiclana 1992, pp. 16-ss.

[11] Vid. A.A.V.V., Los Pueblos de la Provincia de Cádiz. Puerto Real, op. cit., pp. 65-ss.

[12] Vid. n. 26, supra.

[13] Vid. n. 11, supra. Para D. Nicolás José de la Rosa y Zúñiga como último Alférez de la familia De la Rosa, vid. Moreno de Guerra, op. cit., pg. 15.

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