Como es sabido y venimos señalando en los párrafos precedentes de esta misma serie dedicada a la “Guía del Viagero” (sí, con “g”, como se recoge en la edición original del libro en cuestión, y como podía escribirse cuando tal libro fue redactado, a mediados del siglo XIX) Puerto Real se encontraba en el contexto de una de las primeras líneas de ferrocarril que serían trazadas en España, esto es, la encargada de comunicar la Bahía de Cádiz y su comercio con la ciudad de Sevilla.

La Real Villa y la vecina localidad de El Puerto de Santa María, por el mismo emplazamiento de ambas poblaciones, eran los centros de vinculación entre la campiña jerezana y la Bahía gaditana, disfrutando de las ventajas que habría de reportar a ambas ciudades la referida línea férrea.

Si en anteriores entregas de la presente serie, dedicada como señalamos a la Guia del Viagero por el Ferro-carril de Sevilla a Cádiz (sic, tal cual es el título de la misma) del año 1864 (en los últimos años del reinado de Isabel II), habíamos contemplado diversos aspectos de la realidad demográfica, arquitectónica, edilicia, urbanística e incluso turística de la Villa portorrealeña en el Ochocientos considerados en las páginas que a nuestra localidad dedica la citada “Guía” en cuestión, trataremos en estos párrafos de hoy de continuar con la lectura y comentario del texto que nos ocupa, en algunos de los diversos temas que -siempre en relación con Puerto Real- el autor del mismo, E. Antón, aborda en las páginas de la mencionada obra.

Uno de los aspectos del Puerto Real isabelino reflejados en esta verdadera “rareza” literaria es precisamente el que tiene que ver con las diferentes infraestructuras de recreo y de ocio existentes en aquella época en la Villa, así como a las instalaciones dedicadas a la recepción de los visitantes que se acercaban a la localidad. En este sentido, y en lo que se refiere a los paseos, parques y alamedas existentes en la Villa, se especifica literalmente que …sus paseos esteriores son dos, el de Carretones y el de las Canteras. El primero se dirige al pozo del mismo nombre, de cuya riquísima agua se nutre casi todo el vecindario, y disfruta de unas vistas deliciosas por descubrirse á su frente el arsenal de la Carraca, y en otras direcciones á Cádiz, San Fernando, Puerto de Santa María, Rota, Medina y Chiclana (sic).

Mercado de Abastos de Puerto Real.

Mercado de Abastos de Puerto Real.

Tal y como se nos señala en este texto, este paseo de Carretones debía constituir por aquellas fechas uno de los principales espacios de esparcimiento y recreo de la ciudad, ya que ha de tenerse en cuenta no sólo la ubicación de este paseo y las vistas de las que se disfrutaba desde el mismo, sino otros factores a considerar como el hecho de que el Parque del Porvenir no habría de ser inaugurado hasta unos años después de la fecha reflejada en la “Guia” (la década de los sesenta del siglo XIX, con el alcalde Antonio Capriles como regidor de la Villa). De esta manera, y ante tal sensible escasez de espacios de esparcimiento, la zona de Carretones debía ser sin lugar a dudas uno de los puntos de expansión y recreo de la ciudadanía portorrealeña de mediados del Ochocientos.

Otro de los espacios tomados en consideración por el autor Antón Rodríguez en este contexto de su apunte sobre las zonas de recreo de los portorrealeños de su época será el paseo de Las Canteras, anotando el estado en el que el mismo se encontraba bajo el reinado de Isabel II; de este paseo se nos dice que …si bien carece de alameda y asientos, á diferencia de aquél [esto es, del paseo de Carretones, inmediatamente antes mencionado en la “Guia”], no por eso deja de verse muy frecuentado en las tardes de verano (sic), lo que deja constancia de la estrecha relación entre el vecindario local y Las Canteras, que ya por ese entonces (antes incluso de convertirse en un espacio público) venía a ser un entorno amable y amado por los portorrealeños, que disfrutaban de estos pinares de manera habitual.

De esta forma y siguiendo con la lectura de las líneas de esta “Guia”, además, conseguimos obtener algunos datos acerca del relativamente pobre estado del mobiliario urbano que existía en la Villa allá por el año 1864: de los dos paseos mencionados y considerados por ello interesantes para los posibles visitantes en la localidad, sólo uno (el de Carretones) contaba con un equipamiento siquiera digno de ser someramente mencionado, mientras que el otro (el antedicho parque de Las Canteras) habría dispuesto tan sólo de su mera estructura física mera y desnuda para el deleite de propios y extraños (es de recordar, en cualquier caso, que por aquellas fechas el de Las Canteras era un espacio aún privado, si bien abierto por sus propietarios para el disfrute de propios y extraños).

Patio del Pozo en Las Canteras de Puerto Real

Patio del Pozo en Las Canteras de Puerto Real

Un elemento más que es tomado en consideración por la “Guia” y que es incluido de este modo entre los varios aspectos dignos de nota y mención en Puerto Real será su casa de baños. No podemos a partir de la lectura del texto desnudo saber a qué establecimiento se está refiriendo en concreto el autor; sí sabemos no obstante que con cierta posterioridad al momento considerado existía en Puerto Real más de una instalación de esta naturaleza y función, ya que junto al ya desaparecido balneario de “Nuestra Señora del Carmen”, la Punta del Muelle albergaba asimismo una casa de baños.

De este modo es posible contar siquiera con una escueta información acerca de las instalaciones turísticas (avant la lettre) que la Villa de Puerto Real podía ofrecer a los visitantes, así como sobre la naturaleza de estos visitantes que podían recalar en la localidad; se trataría, en teoría, de lo que hoy acaso vendría a ser calificado (poniendo el acento en el nivel de renta del mismo) como un turismo “de calidad”, dispuesto a pasar una temporada en un balneario (el mencionado en la “Guia”) que contaba con la sofisticación de disponer de ...baños de agua de mar y dulce.

Sobre el estado de las infraestructuras hoteleras existentes a mediados del siglo XIX en la Real Villa, los datos proporcionados por el texto son igualmente escuetos, en la línea del volumen del conjunto de la información que presenta, pero no por ello menos interesantes; se nos dice tan sólo en relación a este asunto particular en concreto que ...aunque solo hay dos casas de huéspedes en la población, se admiten forasteros en muchas casas particulares, donde se encuentra buena asistencia por un precio arreglado (sic).

Dentro del cuadro de relativa pobreza de medios retratado no debe sorprender, pues, que el alojamiento de visitantes quedase confiado -siguiendo un uso que hoy puede parecernos extraño pero que en su día debió responder sin duda a la norma- a que los mismos recibieran acomodo en habitaciones de domicilios particulares dispuestas a tal fin.

En cuanto a ejemplos notables de edificios singulares en el Puerto Real de la época, y junto al “Teatro del Príncipe Alfonso” (hoy Teatro Principal), construido algunos (pocos) años antes de la elaboración de la “Guia” (las obras comenzaron en 1856 y sería inaugurado en 1859), ésta se detiene a mencionar otros dos ejemplos de la edilicia civil de la localidad, como serían el Casino y la Plaza de Abastos. El Casino, versión hispana de los “clubs” ingleses contemporáneos bien retratados, por ejemplo, por Sir Arthur Conan Doyle, se encontraba …establecido en una lindísima casa que es la mejor de la población..., mientras que el número total de sus integrantes ascendía a la suma total de ...ochenta socios...

Teatro Principal de Puerto Real

Teatro Principal de Puerto Real.

Otro de los edificios pertenecientes a la edilicia civil mencionados y reseñados por Antón Rodríguez en sus párrafos es el Mercado público, la Plaza de Abastos de la Villa, de la que literalmente dice que …tiene también esta villa una excelente plaza de abastos, construida con arreglo á los buenos principios de la higiene pública… (sic). De esta forma pone el autor de manifiesto el buen diseño de la Plaza portorrealeña (un monumento singular que forma parte de nuestro tesoro patrimonial, como igualmente sucede con el Teatro Principal), que posibilitaba el mejor funcionamiento de esta instalación funcional que lleva sirviendo a los portorrealeños desde su construcción, en las postrimerías del siglo XVIII.

En cualquier caso, y aun no dejándonos llevar por el desánimo, el estado de la Real Villa a mediados del siglo XIX, a tenor por lo que acerca de la misma señala el texto que nos ocupa desde hace un par de semanas, no debía ser precisamente el de una localidad que disfrutase de una excesiva bonanza económica: infraestructuras pobres, escasos medios y unas mermadas bases económicas harían quizá del Ochocientos portorrealeño un dilatado período de una relativa pobreza, una situación para la que se plantearían diversas soluciones desde el Consistorio de la época, como habría de ser el caso de la Feria de Ganados, la Feria de Puerto Real.

La semana próxima daremos punto y final a estos párrafos dedicados a la “Guia del Viagero” de 1864, acercándonos de nuevo a este texto decimonónico que nos presenta algunas noticias sobre el Puerto Real isabelino, el Puerto Real de hace más de 150 años.

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