Historia de Puerto Real: Pensando la Real Villa (VIII)


A la hora de considerar las raíces de las causas del trazado en damero del casco histórico de Puerto Real (amén de las funcionales, incluidas las que tienen que ver con la salubridad de dicha trama gracias a la circulación de los vientos, favorecedores de la ventilación y con ello de la referida salubridad de los aires del casco urbano) cabe insistir en que desde un punto de vista intelectual así como ideológico y estético (considerada la estética como la otra cara de la ética) a la hora de bucear entre las posibles raíces de esta cuestión podemos encontrar algunas de las claves de la misma en el pensamiento alfonsino, el pensamiento del rey castellano Alfonso X “el Sabio”, quien reinaría muchos años antes de la creación de esta nueva planta portorrealeña de trama hipodámica, entre 1252 y 1284 (año de la muerte de este soberano, hijo de Fernando III “el Santo”), esto es, dos siglos antes de la Fundación de la Real Villa en 1483.

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De esta forma y como hemos visto que señala en un texto suyo el erudito Leopoldo Torres Balbás (citado en bibliografía en artículos anteriores), en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, texto en el que el monarca, en la Ley XX de la Segunda Partida, explica el tipo de configuración a que debe someterse la instalación de un campamento militar, un planteamiento que, lejos de ser teórico, parece confirmarse en descripciones de la organización de algunos campamentos militares medievales (TORRES BALBÁS 1968, pág. 113), de manera que ya el rey Alfonso X reivindicaba la lógica de la castramentación militar romana, de una Roma de la que Castilla se considera heredera y continuadora, a la hora de plantear el establecimiento y la organización de los campamentos militares (un poblamiento efímero, hasta cierto punto) de la Monarquía Castellana, uno de los embriones de la Monarquía Hispánica. Ello encontraba un paralelo en la trayectoria vital del propio rey castellano, que trataría de ser reconocido como emperador del Sacro Imperio Romano, el denominado como “Fecho del Imperio”, que empeñaría (y lastraría) en buena medida los esfuerzos (políticos, económicos, geoestratégicos) del reinado de Alfonso X y con ello de la Castilla de la segunda mitad del siglo XIII, justo antes de la entronización del primer Habsburgo como emperador (recordemos que la Casa de Habsburgo ostentaría la Corona imperial desde 1270 hasta la propia desaparición del Imperio -ya Austro-Húngaro- en 1918, al término de la I Guerra Mundial).

En este sentido y como hemos ya visto en artículos anteriores de esta serie, es de considerar que la infanta Dª. Blanca de Portugal, nieta, hija, hermana, tía y prima de soberanos de Castilla y de Portugal (como el antedicho rey Alfonso X de Castilla, su abuelo, o el rey “Sabio” de Portugal, don Dinís, primo hermano de la referida infanta y nieto a su vez de Alfonso X de Castilla), señora de Las Huelgas y de Briviesca (entre otros señoríos disfrutados por dicha señora en tierras de Portugal y de Castilla), habría encontrado inspiración en los principios establecidos por su abuelo castellano el rey Sabio a la hora de diseñar y establecer el trazado urbano de su nueva villa de Briviesca, en Burgos, con el ánimo de reflejar y materializar en una trama urbana física, real, los principios que su abuelo el rey Sabio había expresado en sus textos desde un prisma teórico.ç

Carlos V
Carlos V

Así, la trama ortogonal del casco viejo de Puerto Real puede ser considerada asimismo como una reivindicación del ideario Alfonsino de la Monarquía Castellana, tal como fuera expresado y sostenido a lo largo de su reinado por el Sabio rey Alfonso X, y expuesto por este escritor, filósofo y soberano en sus obras literarias y filosóficas, unas obras a las que cabe comprender como un vehículo de expresión del ideario ético, estético y político de aquel monarca castellano, un soberano que -como hemos señalado a señalar- quiso ser emperador, por lo cual mantendría durante su reinado su reivindicación en dicho sentido y sus (finalmente fútiles) aspiraciones al Trono del Sacro Imperio Romano, un empeño que resultaría estéril y que marcaría el reinado (y el carácter…) de este gran rey castellano, Alfonso X “el Sabio”, quien se consideraba legítimo emperador romano y que, por ello y en coherencia con esa condición imperial que defendía para sí mismo, defendía y difundía los ideales de la antigua romanidad desde su ámbito de creación intelectual, filosófica y literaria.

De esta forma, y tal y como lo hemos expuesto anteriormente en varios artículos de esta serie, el trazado hipodámico del casco urbano histórico de la Real Villa portorrealeña constituye una clara y cierta declaración de intenciones de la Corona de Castilla, de aquella Monarquía Hispánica que fundase la Villa de Puerto Real en junio del 1483, una trama en damero que realmente y de este modo se convierte en una muy precisa declaración de intenciones de sus creadores, los Reyes Católicos, quienes a través de esta obra urbanística quisieron reivindicar el espíritu de la vieja Monarquía castellana del rey sabio (como apuntase ya Torres Balbás para el caso de la burgalesa villa medieval de Briviesca), llevando al plano físico un modelo urbanístico netamente inspirado en el pensamiento y el ideal estético alfonsinos.

Alejandro Magno
Alejandro Magno

Así, el damero del casco urbano de la zona histórica de Puerto Real (un casco urbano establecido sobre el antiguo pago de La Argamasilla) representa una verdadera -insistimos en ello- declaración de intenciones de la Corona, de la Monarquía Hispánica, que fundara la Villa en 1483, como venimos considerando a lo largo de los artículos precedentes de esta serie.

Así pues, si entendemos el damero urbano del casco histórico portorrealeño como tal declaración de intenciones de la Corona, del Estado, será posible hallar en ese tejido ortogonal de las calles de la villa vieja portorrealeña la plasmación material de algunas de las claves simbólicas esenciales de la voluntad y el espíritu de la nueva Monarquía Hispánica (auspiciada por Fernando de Aragón e Isabel de Castilla) que se plasman en esa metáfora llevada al plano físico que son los cascos urbanos de las localidades de Santa Fé, en Granada, y de Puerto Real, en Cádiz (contando el casco portorrealeño con unos -pocos- años más de antigüedad que la trama también ortogonal santafesina).

Entre tales nuevas claves de una nueva Monarquía que se quiere y se entiende imperial (el viejo sueño de Alfonso X…) y que busca anclar sus raíces simbólicas (sin olvidar las raíces pragmáticas, prácticas, de gobierno…) en un pasado concreto, en un momento histórico muy preciso, en el Mundo Clásico (convertido en referencia simbólica), se encuentra la voluntad de recuperación y de revitalización (como hemos señalado con anterioridad) del espíritu helenístico, alejandrino (del espíritu mundial, global, imperial, de Alejandro Magno) y romano (del espíritu y la voluntad imperial de Roma), un pasado y una voluntad de recuperación, de recreación del mismo, que servirán y funcionarán como motores de la nueva Monarquía Hispánica fernando-isabelina que encontrará su plasmación, su eclosión, en la figura imperial del nieto de ambos, el César Carlos V.

Alfonso X "El Sabio"
Alfonso X “El Sabio”

Este espíritu se representa metafórica y simbólicamente a través de los trazados urbanos de planta hipodámica de las nuevas fundaciones castellanas de Santa Fé de Granada y de Puerto Real en Cádiz, unas tramas urbanas en las que se materializa dicha estética simbólica y unas tramas urbanas, como decimos, con las que la nueva Monarquía Hispánica está llevando a cabo una auténtica y clara declaración de intenciones al mundo, a quien lo quiera ver y entender, poniendo de manifiesto cuáles son las bases de su verdadera inspiración (el Mundo Helenístico y el Imperio romano) y cuáles son a su vez sus principios rectores ciertos (los principios del Mundo Clásico, del Mundo Antiguo, que se encuentran subyacentes bajo la estética y las formas -ideológicas y físicas- del Renacimiento), entre los cuales no sólo se encuentran los principios del arquitecto y urbanista griego Hipodamo de Mileto o los principios arquitectónicos de la obra del romano Vitrubio, sino, y esencialmente, los valores de claridad, de fortaleza, de autoridad, de orden, de rigor y de luminosidad que caracterizaron al ideal romano.

Y este espíritu se vería reflejado en la trama urbana del casco histórico de la Real Villa portorrealeña, que vendría a ser la manifestación sólida, física, de una voluntad, de una intencionalidad de la Monarquía Hispánica, un elemento cargado de un profundo simbolismo acerca del cual concluiremos hablando en los próximos párrafos de esta serie.

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