Estamos en puertas del año 2019, cuando se celebrará el V Centenario del comienzo del Gran Viaje que llevaría a completar la I Circunnavegación del planeta Tierra, cosa que conseguiría realizar el marino vasco Juan Sebastián de Elcano comandando la nao Victoria, única nave superviviente de la Armada de la Especiería que, al mando de Hernando de Magallanes, navegante portugués al servicio de Castilla, partiría el 20 de septiembre del año 1519 desde las playas sanluqueñas compuesta por un total de cinco naos: la referida Victoria, la Trinidad, la Santiago, la Concepción y la San Antonio.

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Esta expedición alcanzaría su objetivo inicial, las Islas de las Especias, las Islas del Maluco, en el entorno geográfico de la gran región en la que se insertan las Filipinas, un archipiélago que, recorrido en parte por la Expedición Magallanes-Elcano, sería precisamente el lugar de la muerte del marino luso, quien moriría en combate con los nativos en las filipinas playas de Mactán, en 1521.

Andando el tiempo habría de ser el también vasco Miguel López de Legazpi, guipuzcoano, quien incorporase (décadas más tarde de la Expedición Magallanes-Elcano) el archipiélago de las islas Filipinas a la Corona de España, lo que se llevaría a cabo entre los años 60 y 70 del mismo siglo XVI que alumbrase la I Vuelta al Mundo; este logro de Legazpi supondría, además de la propia conquista de este archipiélago en sí, la consolidación de la ruta marítima del océano Pacífico y de este modo el control español sobre dicha ruta durante mucho tiempo.

Miguel López de Legazpi

Miguel López de Legazpi

En la conquista y posterior colonización de las Filipinas, un territorio que como es sabido sería de soberanía española hasta 1898, participarían individuos de las más diferentes procedencias, en su mayoría -y como es de imaginar- súbditos de la Monarquía Hispánica, pero también algunos de distinto origen, caso de algún francés, griego o veneciano.

Nuestro interés en estos párrafos se centrará, en cualquier caso, en la presencia de un portorrealeño entre las filas de los primeros colonizadores y aventureros que se acercaron a las Filipinas, como sería el caso del capitán Gonzalo de Cetina, miembro de una de los más ilustres linajes portorrealeños de los siglos XVI y XVII.

Hijo de Gutierre de Cetina (emparentado por tanto con el poeta renacentista) y de Leonor de Sierra, el citado Gonzalo sería hermano de Alonso de Cetina, relevante personaje que sería Caballero Veinticuatro y Alcalde Mayor de Jerez de la Frontera, además de Maestre Escuela de la Catedral de Cádiz y Vicario General del Obispado gaditano, y también hermano de Beltrán de Cetina, quien ocupase el cargo de regidor de la Villa de Puerto Real.

Gonzalo de Cetina no llegaría a las Filipinas como integrante de la expedición de Miguel de Legazpi (cuando la misma alcanza aquellas islas, Cetina estaba en su infancia…), pero bien prontamente se incorporaría al contingente hispano afincado en aquella distante región; así, tras un inicial paso por América, en 1589 encontraremos a nuestro personaje sirviendo como soldado en las nuevas posesiones castellanas en el Lejano Oriente, en el laberinto del archipiélago filipino.

El poeta Gutierre de Cetina por Pacheco

El poeta Gutierre de Cetina por Pacheco

De sus avatares en las tan lejanas tierras y mares de las Filipinas tenemos algunos datos. Sabemos que residió –brevemente, entre 1596 y 1597- en la ciudad de Santo Nombre de Jesús, en la provincia de Cebú, sirviendo a las órdenes del capitán y Alcalde Mayor de la mencionada ciudad, don Francisco Rodríguez, y que allí cumpliría honrosamente con su deber como soldado al servicio del Rey.

En sus primeros años en tales aguas serviría en la famosa Jornada del Maluco, malogrado intento de conquista de las islas Molucas (1593), iniciativa a cargo del por entonces gobernador de Filipinas, Gómez Pérez Dasmariñas. Según su propio hermano Beltrán de Cetina, Gonzalo en esta expedición habría aportado en este caso un navío suyo (con gente de guerra también a su costa), algo en que lo que gastaría buena parte de su hacienda. Este intento de conquista acabaría mal, cuando al poco tiempo de hacerse a la mar los navíos de la expedición el mismo gobernador Pérez Dasmariñas se perdería en una tormenta, para morir al cabo a manos de los denominados “sangleyes” (mestizos fruto de la unión entre chinos e indígenas filipinos) participantes en la jornada, quienes se amotinaron y tomaron su galera, acabando con la vida del jefe de la expedición.

En 1598 Gonzalo de Cetina participaría en el Socorro del Reino de Camboya, junto al nuevo gobernador don Luis Pérez Dasmariñas (hijo del malogrado don Gómez que falleciera en la Jornada del Maluco). Su valerosa actuación en este hecho de armas habría de servirle para ascender con rapidez, y de este modo al año siguiente se le nombraría alférez, inicialmente, y a los pocos meses capitán de artillería de la Armada. Según el expediente conservado en el Archivo General de Indias, esta expedición se alargaría unos catorce meses, y cuando se encontraban junto a las costas de China un temporal los perdió, siendo entonces necesario que se desplazase a Macao una persona de confianza para ponerse de acuerdo con los portugueses de la referida ciudad de Macao; para esta misión el elegido sería precisamente el portorrealeño Gonzalo de Cetina, quien a consecuencia (y en el curso) de su misión diplomática sería hecho prisionero por los portugueses, permaneciendo no poco tiempo en dicha ciudad, y padeciendo muchas necesidades en el transcurso de su encarcelamiento; una vez liberado, Cetina volvería a reunirse con el gobernador Pérez Dasmariñas, emprendiendo su regreso a Filipinas.

Luis Pérez Dasmariñas

Luis Pérez Dasmariñas

Muy poco más tarde, en 1600, Cetina, ya capitán, volvería a ser honrado con una nueva distinción, siendo que esta vez se le nombraría capitán de infantería española y cabo de la ciudad de Nueva Segovia, en la provincia filipina de Cagayán, un punto esencial al ser un punto de frontera, al tiempo que puerto y escala de los japoneses, quienes rivalizaban con España por el control de las aguas y el comercio de las Filipinas.

Andando el tiempo, nuestro paisano se instalaría en la ciudad de Manila (capital de las Filipinas, fundada por el propio Legazpi en el verano de 1571), donde finalmente fallecería en fecha anterior al año 1611. Nada sabemos (aún) de los últimos años de este aventurero y militar; tras su muerte quedarían ciertos bienes en las islas de Oriente, y a consecuencia de ello su hermano Beltrán pediría permiso al Rey para viajar a Filipinas en la flota que se aprestaba en el citado año 1611 y poder hacerse cargo de ese modo de la herencia del capitán Gonzalo. Y, finalmente, este mismo Beltrán, quien fuera regidor de la Villa portorrealeña, también acabaría sus días en aquellas lejanas tierras.

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