Tu Opinión: ¿Existe la felicidad en la política?


‘Averroes’ nos escribe un nuevo artículo de opinión para nuestra sección de “Tu Opinión”. Si queréis hacer como él, podéis escribirnos, con vuestros datos, a redaccion@puertorealhoy.es.

Mi contestación es rotunda, claro que sí.

En la actualidad, hablar de política y felicidad parece algo contradictorio en todo el mundo y, como no, en Puerto Real. Esto no ha sido siempre así, claro indicador que algo va mal en nuestra sociedad. La política es una actividad muy digna y necesaria, antes se la denominaba como un arte, siempre con la consideración de que se base en una serie de principios. Ese es el grave problema, el olvido de ellos.

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Concretemos en dos fundamentales, el principio de servicio público y el de la busqueda del bien común. Ello lleva, al intento de conseguir la felicidad de la mayoría de los ciudadanos.

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El actuar como servicio público supone la generosidad de hacer una labor de solidaridad para mejorar la sociedad, no es un trabajo propiamente dicho si no un voluntariado. Algunas veces es una labor retribuida, pues el político también tiene sus necesidades, siendo un servicio que no tiene horarios ni días ni semanas.  Sin descansos.

Igualmente, el bien común supone que el cargo público busca que sé su labor, beneficie a todos los ciudadanos o al máximo posible, sin tener en cuenta que los beneficiarios de estas actuaciones sean ciudadanos y ciudadanas, votantes o no, de esa persona o ese cargo, o sea supone actuar con gratuidad y altruismo.

En Puerto Real, en el Ayuntamiento esto no se da. No dudo que pueda alguno haberlo pero la máxima representación, no. La política supone un sentido vocacional donde se abandonan los intereses propios, con el objetivo de crear una sociedad mejor o por lo menos mejorarla. Eso no existe a nivel de Alcaldía.

Me explico. Al comienzo de legislatura, la alcaldesa se puso el sueldo de Diputada Provincial, último cargo retribuido que tuvo. Lo lógico es ponerse el sueldo de su último trabajo fuera de la política, y cubriendo sus necesidades familiares con tranquuilidad. Ser alcalde no es un cupón de la ONCE, un viernes. Eso explicaría sus contradicines para ser Alcaldsa, exactamente sus propias declaraciones días antes  hacia Andalucia X Sí. La interpretación es simple, es más importante conseguir el sillón que los principios.

Seguiré desmenuzando la legislatura. La politica vocacional supone, repito, que no hay descanso. Ejemlo de alcaldes, presentes y pasados: Josë María Roman en Chiclana (PSOE), Teofila Martinez en Cádiz (PP) o Manuel María de Bernardo en San Fernando (PA). Ellos no tenían o tienen tanto tiempo para fotos, fina indirecta.

Nuestra querida Alcaldesa, parece que quiere competir con el famoso Kichi, que ha llegado a inagurar un servicio público en el Mercado Central. Estos nuevos políticos, no todos ni todas afortunadamente, cambia el servicio público por la foto y regirse por las encuestas y el marketing político. Ahora, a seis meses de nuevas elecciones, es la luca por mantener el cargo no por realizar su servicio público, olvidado tantos meses. Ahora se hablara de calidad de via de los ciudadanos, de proyectos, de inaugurar proyectos que tendrían que haberse hecho hace años al principio de la legislatura y por supuesto arreglaran y limpiaran las calles. Amigo todo por el cargo. Los seis meses últimos es lo que recuerdan los ciudadanos y ciudadanas, los tres años anteriores a la basura. No hay más que decir, no hay servicio público si no individualismo y egoismo. Omito, entrar en el tiempo que ha pasado fuera de Puerton Real. No vale excusa de Pandemía, en muchos Ayuntamientos se ha seguido trabajando de muchas formas de todos los partidos, algunos y algunas se lo tomaron con nuevas vacaciones.

El principio del bién común es el otro eje. Aqui de nuevo un vacio.

La política con base a los dos principios señalados produce felicidad, es luchar por una utopía. Entendiendo la utopía como un objetivo realizable por el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio de todos para un bien general. Este objetivo te hace ver la realidad humana de la satisfacción de ese intento por conseguir los valores de la justicia, la igualdad y la equidad.

Si queremos ver esa felicidad, esa satisfacción, más concretamente, bajemos al mundo político municipal, la considerada administración pública más cercana a la ciudadanía. Felicidad es ver una ciudad más limpia, inaugurar unas viviendas públicas, la mejora del alumbrado público, la renovación del alcantarillado, etc. pues son temas que directamente producen satisfacción de los vecinos y se palpa la mejora de la calidad de vida, pero incluso en cosas de infraestructura que no se valoran pues se entierran. Los arreglos de las redes de agua o alcantarillado, que desde la ciudadanía no se aprecian, pero si el político que tiene la satisfacción de que sabe que ha eliminado los peligros de inundación, con consecuencias de daños materiales e incluso algunas veces los no deseables de daños humanos.

Esa felicidad interior que ese político tiene por una labor que no será valorada generalmente por nadie y mucho menos en las elecciones, pero es la felicidad del deber cumplido, de mejorar de la vida de los ciudadanos, aunque ellos lo olviden inmediatamente. Muchos son los servicios que solamente cuando fallan nos acordamos de ellos los vecinos.

Este ejemplo se puede ver en las otras esferas políticas, quizás menos directa pero no por ella menos importante para la sociedad. La felicidad es la gratificación legítima por el sacrificio de una labor dura.

Se puede ver a través de este artículo, como felicidad y política van unidas siempre que se basen en principios y valores sociales. La solución de esa separación entre política y sociedad, entre segmentos relevantes de nuestra sociedad, está en mostrar que la política rige por principios y no por intereses torticeros de individuos o partidos. Hoy podríamos denominar estas conductas como corruptelas, incluso algunas serían no punibles legalmente.

La felicidad de un político viendo mejorar la sociedad, solucionando el problema, aunque sea de un grupo, aunque sea de esos últimos de la sociedad que quizás nunca han ido a votar, no tiene precio alguno.

Averroes
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