Otrosi por quanto en el camino que va para el puerto de santa maria ay un rrio salado Nos suplicastes que vos fiziesemos merced para que se pusiese una barca por donde pasasen los vezinos de la dicha villa e los que por ende caminaren e que lo que la dicha barca rindiese que fuese para propios de la dicha villa a lo quel vos respondemos que nos plaze dello e que vos lo otorgamos assi e vos damos licencia para facer la dicha barca e que lo que rentare agora e de aqui adelante que sea para los propios del concejo de la dicha villa…“.

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Puente de Barcas sobre el Caño Zurraque, en el Siglo XX.

Puente de Barcas sobre el Caño Zurraque, en el Siglo XX.

Así reza una parte del texto de la Carta Puebla fundacional dada a la Real Villa de Puerto Real por los Reyes Católicos en Córdoba en las postrimerías del siglo XV, precisamente aquélla que trata de modo específico la petición que se hace desde la neonata fundación regia para que sea concedido a la misma el derecho de establecimiento de una barca sobre el “rrio salado” (el San Pedro), con el monopolio implícito para la Real Villa de los derechos de paso sobre el citado curso, en el camino entre Puerto Real y el Puerto de Santa María (esto es, en el que habría de convertirse en el Camino Real de Madrid a Cádiz, hoy Ctra. Nacional IV); esta petición no sólo es considerada por la Corona, sino que es concedida a la nueva localidad con vistas a reforzar su patrimonio económico mediante la creación de una fuente de ingresos permanente y estable[1].

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Si del siglo XV (y principios del XVI) disponemos de la referencia de la Carta Puebla, para fecha posterior contamos con el dato de la destrucción de la barca sobre el río a principios del siglo XVIII, en el marco de la Guerra de Sucesión; en palabras de A. Muro, “…en los últimos días de agosto de 1701 (…) el ejército coaligado [de los anglo-holandeses, defensores de la causa de D. Carlos, archiduque austríaco aspirante al Trono de San Fernando] desembarca en el Puerto de Santa María un total de 14.000 hombres. Puerto Real, fiel al juramento que hiciera de Felipe V, obstaculiza el paso de las fuerzas invasoras mediante la destrucción de la barca del río San Pedro…”[2]. Tras este episodio bélico la villa habría restablecido el paso sobre el San Pedro, contando así con esa fuente de ingresos nuevamente para sus arcas, hasta el punto que Muro no duda en afirmar que a fines del Setecientos “…gozaba Puerto Real de excelentes comunicaciones por mar y tierra, ya que en tiempos del gobernador O’Reylli se construyeron sendos puentes sobre los ríos Guadalete y Salado (San Pedro)”[3]. Pero, llegados a este punto, cabe preguntarse, ¿qué naturaleza, qué fisonomía, tendría el dicho “puente” sobre el río San Pedro-Salado a finales del siglo XVIII?

El mismo profesor Muro, en una obra distinta (y anterior) de la que venimos tratando -escrita, además, en solitario- sostiene que se habría tratado de un puente firme (no de un paso sobre barcas), construido en madera[4]. Mientras tanto, y junto a esa opinión no podemos pasar por alto (precisamente en este trabajo) la del ilustrado Antonio Ponz (quien escribe a finales del tan manido siglo de las Luces); este autor escribe sobre el puente de barcas que atravesaba el río San Pedro en los siguientes términos: “Se han hecho recientemente dos famosos puentes de barcas para los dos brazos del Guadalete (…), llamado el primero rio de San Pedro, executados ambos por Don Isidro Zartor ó Sartor, vecino del Puerto de Santa María, baxo las órdenes del Señor D. Joseph Eguiluz, actual Corregidor de Xeréz de la Frontera. Se compone de nueve barcas, con piso de tablones encima, y su extensión es de más de doscientos cincuenta pies; se hizo el año 1790 (…). Tiene levadizo uno de sus ojos para que pasen las barcas, dividiéndose por medio de dos mitades, cuya operación se hace por medio de dos manubrios de los lados que, haciendo rodar sus linternas por un arco dentado, eleva el medio ojo, haciéndolo girar sobre un eje. En este puente está la división de los términos del Puerto de Santa María y Puerto Real[5]; no han de quedar, pues, más dudas ni revueltas sobre la naturaleza del citado paso: se trataba (según la descripción de alguien que tuvo la oportunidad de verlo y sentirlo bajo sus propios pies (la cursiva es nuestra) de un puente de barcas destinado a facilitar el tránsito de las embarcaciones fluviales por el San Pedro, para lo cual contaba con los medios necesarios (y descritos).

Columna Trajana en el Puente de Barcas sobre el Río Danubio.

Columna Trajana en el Puente de Barcas sobre el Río Danubio.

Son nada menos que nueve barcas las que forman el sustento del piso de tablones que nos es descrito[6], y cuenta el puente con la particularidad de tener un tramo levadizo, de modo que su existencia no habría de resultar de ninguna manera un obstáculo para la navegación por el curso que salva; este tramo levadizo se compone de dos mitades, con lo que para hacernos una idea de su forma y funcionamiento sólo tendremos que dirigir nuestra mirada (salvando todas las distancias pertinentes) hacia el puente Carranza y sus tramos centrales. Un mecanismo a la vez sencillo y complejo que habría de perderse tras la destrucción del puente por las tropas españolas en retirada ante las armas francesas en febrero de 1810[7].

Reyes Católicos en el Retablo Mayor de la Catedral de Granada.

Reyes Católicos en el Retablo Mayor de la Catedral de Granada.

Hemos podido ver cómo por petición de los primeros moradores de Puerto Real se establece un mecanismo de cruce sobre el San Pedro cuya forma no es otra sino la de una barca de paso, asentada en la orilla portorrealeña. Más adelante en el tiempo, el puente que sustituyó al servicio de barcas sobre el río San Pedro en Puerto Real (Cádiz) debió estar formado a su vez por barcas, como parecen demostrar las noticias de principios del siglo XVIII que nos hablan de su destrucción en la Guerra de Sucesión; luego restaurado en forma más compleja y articulada, sería descrito en sus formas fielmente por un viajero y comisionado oficial de la Corona, don Antonio Ponz (la publicación completa de cuya obra sería llevada a cabo por su sobrino, Joseph Ponz, al morir él antes de la completa edición de la misma), quien pasó por las tarimas y tablazones del puente no demasiados años antes del final del mismo en otra confrontación bélica, la Guerra de Independencia.

Puente de Barcas en la India. Siglo XX.

Puente de Barcas en la India. Siglo XX.

Pero es de notar asimismo la documentación existente y generada por ese bien de los propios de la villa (el paso con la barca por el río): contamos con cuentas sobre el “Puente de Barcas del Río San Pedro”, por ejemplo, del año 1808[8]. Disponemos al mismo tiempo de documentación relativa a los materiales empleados para la instalación de un paso de barcas en el San Pedro, documentación que hace referencia a que “…también se les debe a los Prestamistas[9] del Puente sobre el Río San Pedro la cantidad de treinta y dos mil pesos que en el año de mil setecientos ochenta y siete dieron para la construcción de sus barcas quarenta y un mil y quinientos y solo se restan los dichos…” (la cursiva es nuestra), lo cual junto a fuentes como la “Memoria sobre la entrada de las tropas de Napoleón en esta villa” de 1810[10] o las propias palabras de Antonio Ponz, parece no dejar lugar a dudas sobre la naturaleza de la evolución del paso establecido sobre el río San Pedro, entre las modernas localidades de Puerto Real y El Puerto de Santa María, en Cádiz[11].

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REFERENCIAS

[1] Cfr. el estudio que de la Carta Puebla (cuyo original no se conserva en el Archivo Municipal portorrealeño) hace A. Muro Orejón, “La villa de Puerto Real, fundación de los Reyes Católicos”, en Anuario de Historia del Derecho Español, XX. Madrid 1950, pp. 746-757.

[2] A. Muro et alii, Los pueblos de la provincia de Cádiz. Puerto Real. Cádiz 1983, pg. 54.

[3] A. Muro Orejón et al., loc. cit., pg. 63.

[4] Vid. A. Muro, Puerto Real en el siglo XVIII, en Anales de la Universidad Hispalense, XXI, 1961 (Sevilla, 1962), pp. 22-23.

[5] Antonio Ponz y Joseph Ponz, Viaje de España. T. XVIII. Carta II. 8. Madrid 1972, pp. 57-ss. [ed. or., Madrid 1788].

[6] Contaría con algo más de nueve metros: más de 250 pies, según el texto de Ponz.

[7] A. Muro lo señala en su Puerto Real en el siglo XIX. Chiclana 1992, pg. 71.

[8] Cuentas del “Puente de Barcas” sobre el río San Pedro para el año 1808, Legajo 1227-10, Archivo Municipal de Puerto Real (A.M.P.R.).

[9] Conocemos otros ejemplos de “Sociedades de Préstamo” (sic) creadas en Puerto Real, con objetivos y fines concretos y específicos en época contemporánea, cual fuera el caso de la “Sociedad de Prestamistas” creada para la financiación de la obra de la conducción de aguas a la villa a finales del siglo XVIII (y cuya existencia -y cuentas- habrían de prolongarse hasta bien entrado el siglo XIX), por la misma época de la visita a la localidad y la comarca del ilustrado Antonio Ponz; al respecto cabe consultar el trabajo específico de M.J. Parodi Álvarez et al., “La Traída de aguas a Puerto Real en el siglo XVIII. Su financiación”, aparecido en las Actas de las IV Jornadas de Historia de Puerto Real. Cádiz 1996-7, pp. 69-82; unas notas mucho más breves en el trabajo de R. Anarte Ávila de título “El abastecimiento de agua potable a Puerto Real en la edad moderna”, igualmente en Actas de las IV Jornadas de Historia de Puerto Real. Cádiz 1996-7, pp. 49-68.

[10] Que el propio Muro cita, entrando en contradicción con datos que aporta el otro lugar (vid. supra, notas 19 y 22).

[11] Legajo 1227-11, A.M.P.R.

De pasos y puentes: el puente del Río San Pedro. Algunas notas (I)

De pasos y puentes: el puente del Río San Pedro. Algunas notas (II)

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