Juan Luis Jiménez nos vuelve a deleitar con un gran artículo de opinión en su columna, Sapere Aude.

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Nuestros políticos, sean del signo político que sean, tienen la fea costumbre de construir cosas nuevas en lugar de arreglar las que ya están. En Puerto Real, los diferentes Gobiernos no han sabido trasladar un modelo comercial potente al centro histórico. Los dirigentes se han terminado escudando en el carácter, la cultura o la falta de voluntad de los comerciantes para hacer de la calle de La Plaza y sus perpendiculares el verdadero motor de la vida del pueblo.

No vamos a echar la culpa al actual equipo de Gobierno, esto es una patata caliente que nadie ha querido atender. El déficit de aparcamientos no es la principal causa, aunque la señalan para tapar un problema estructural. La base de la pirámide a la que hay que meter mano de forma urgente es el Mercado de Abastos, es inconcebible que en los tiempos que corren tengamos una Plaza en unas condiciones deplorables, cuya calle central se llena de contenedores y cajas a la vista de todos. La Plaza, donde el puertorrealeño de cuna ha echado los dientes, ya no es lo que era y se ha perdido la poca fama que le quedaba. Duele, duele mucho visitar otras poblaciones con menos recursos y ver que nos han adelantado.

Nuestros políticos no se han percatado de la importancia de un mercado potente para construir a su alrededor, eso que en Puerto Real jamás se ha puesto ni se pondrá en marcha, un ‘Centro Comercial Abierto’. Si el actual equipo de Gobierno hubiera invertido en el centro la cuarta parte del esfuerzo que está haciendo en la ‘Huerta de Santa Ana’ se generaría más empleo y buena parte de la riqueza se quedaría en casa y no en manos multinacionales.

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Pero no voy a hablar de hamburguesas teniendo albóndigas con tomate en ‘El Calvo’, caracoles en ‘El Delfín’, carrillada del ‘Arca’, almogrote en ‘El Guanche’, almejas en ‘El Dorado’ y un montón de buenos sitios para acabar tomando una copa en el Paseo Marítimo. No concibo un Puerto Real despojado de la poca vida que le queda al centro. No se entiende como se agacha la cabeza y no se exige un plan integral que abarque temas como aparcamientos, elementos ornamentales, unificación estética de terrazas, atención enfocada al turismo, peatonalización de calles, reforma completa del Mercado de Abastos, y un largo etcétera.

El Ayuntamiento tiene que ilusionar e implicar a los ciudadanos, debe transmitir que los cambios son el único camino para no acabar con el comercio tradicional.

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