Toda ciudad, todo cuerpo social, mantiene líneas de continuidad en el tiempo, líneas de continuidad que tienen que ver con sus señas de identidad, con su forma de ser a lo largo de la Historia, y que forman parte de la esencia de dicha comunidad humana, de modo que van ayudando a conformar los perfiles de cada grupo humano, de cada cuerpo social.

Puerto Real no es una excepción a esa norma, a esa regla no escrita de las sociedades humanas, de las comunidades humanas en el espacio y en el tiempo, y sus perfiles como realidad histórica se vienen modelando en el tiempo desde la Fundación de la Villa, a finales del siglo XV, por la Corona de Castilla, reinando los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.

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Las fiestas, los eventos de naturaleza lúdica, forman parte de la realidad cultural de una comunidad en la Historia, y son manifestaciones de la identidad de una comunidad determinada, de modo que no podemos trazar una cartografía cultural de una sociedad dada sin atender a la realidad de sus actividades culturales y festivas tradicionales, de sus fiestas como, precisamente, forma de expresión de la idiosincrasia de un conjunto social determinado, y a todo ello, como venimos apuntando, no es ajena la Villa de Puerto Real, cuya Historia está íntimamente ligada, como la de cualquier ciudad, a sus fiestas, a sus manifestaciones culturales, a sus tradiciones lúdicas y festivas.

Las fiestas (y entre ellas las locales), además, no son solamente una expresión de carácter e identidad, sino que tienen que ver con la realidad económica de la comunidad a la que pertenecen, pues toda fiesta tiene un innegable aspecto y carácter económico: una fiesta, una festividad, es, en sí misma, una actividad económica, pues lleva aparejado un desenvolvimiento económico relacionado no sólo con las cuestiones organizativas inherentes a toda actividad (que de suyo generan un movimiento económico, por pequeño que sea), sino que genera asimismo un volumen de actividad económica por sí misma.

En lo que toca al asunto que nos trae hoy aquí, la Feria de Puerto Real celebra este año 2017 su 175 edición, pues viene celebrándose -con continuidad- desde el muy lejano año 1843, en la primera mitad del siglo XIX.

La Feria, nuestra Feria de Puerto Real, es, sin lugar a dudas, una de esas líneas de continuidad que (como venimos señalando) conforman los perfiles de qué es y qué significa Puerto Real, pues -como decimos- desde la primera mitad del siglo XIX viene marcando los ritmos del año con su actividad, lúdica, sí, pero también y desde sus mismos comienzos, económica.

La Feria de Puerto Real, que es una de las más antiguas de Andalucía, surge precisamente como una actividad de naturaleza eminentemente económica, como una Feria de Ganados que el Ayuntamiento de la Villa de la época quiso organizar, contando con los pertinentes permisos de las autoridades superiores de la época, como una forma de animar, de incentivar, la economía local en unos momentos en los que, perdido ya el Imperio colonial ultramarino en su mayor parte y en franca decadencia las actividades que habían servido en buena medida como motor económico de la localidad a lo largo del siglo XVIII (la economía del mar en sus múltiples vertientes, desde la milicia a la construcción naval y al comercio indiano…) este elemento de estímulo para la economía local aparecía como una fórmula acertada de cara a contribuir a la renovación de la por aquel entonces menguada prosperidad de la Villa portorrealeña.

La Feria ha contado, pues, con un notable carácter como actividad económica desde sus mismos comienzos, algo que no ha ido en absoluto en detrimento de su segmento lúdico pues desde ese mismo año inicial de 1843 esta cita con el calendario local vino a constituir un momento de expansión social, un paréntesis lúdico que los portorrealeños han ido modelando a la medida de las cambiantes necesidades de la ciudad, lo que se ha reflejado en los distintos escenarios que, a su vez, y a lo largo de estos 175 años de Historia han ido acogiendo a la Feria desde sus inicios hasta hoy, lugares como Las Canteras, Carretones, o el propio casco urbano, hasta llegar al Real de Las Canteras.

Hablar de la Feria es hablar de la primavera, momento elegido desde sus inicios para prestar el marco temporal a la celebración, y es hablar de lugares de Puerto Real por los que esta fiesta ha ido desplegando su Real, de una u otra forma, a lo largo de estos muchos, muchísimos años de su devenir en el tiempo, por la geografía portorrealeña, pero siempre íntimamente ligada al casco urbano de la Villa, y a sus espacios inmediatamente aledaños.

Así, y hasta llegar al Real de Las Canteras (inmediato al pinar y al casco urbano de la ciudad), la Feria ha conocido escenarios como Carretones, el Patio del Pozo de Las Canteras, o ámbitos propiamente urbanos como el Muelle, la calle Ancha, El Porvenir o la calle Sagasta, elementos físicos de nuestro paisaje local que se han combinado de diversas maneras para dar cabida y cobijo a la Feria de Puerto Real a lo largo de los ya tres siglos que la vienen conociendo, para disfrute de propios y extraños.

Puerto Real ha ido, de este modo, construyendo paso a paso la Historia de su Feria desde 1843 hasta hoy, hasta llegar, en este año 2017, a la 175 edición de una de nuestras fiestas más señeras, de las que cuentan con mayor raigambre en el acervo colectivo local.

La Feria, manifestación viva de la identidad y el carácter portorrealeño, ha sido reflejo de la propia población: el pueblo es quien hace a la Feria, y por ello la Feria ha conocido espacios distintos, tradiciones diferentes (los toros, los Gayumbos, que no se sueltan por las calles de nuestro casco histórico desde los años 30, por ejemplo, dan fe de ello…), y se ha articulado de una manera viva y cambiante, pero manteniendo sus esencias, desde la primera mitad del siglo XIX, cuando el Consistorio local quiso, adelantándose a muchas, a la mayor parte, de las localidades de Andalucía, y recién estrenado el mapa provincial de España, poner en marcha una iniciativa económica que contribuyese al bienestar de la población, que generase actividad, intercambio, y con ello, cierta prosperidad, y que ha terminado por convertirse en una de nuestras manifestaciones culturales e identitarias más relevantes.

¡¡Buena Feria!!

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