Historia de Puerto Real: Apuntes sobre los paisajes de Puerto Real (IV)


Noria de Autrán / Foto: Taller de Empleo "El Almendral"
Noria de Autrán / Foto: Taller de Empleo "El Almendral"

En el término municipal de Puerto Real (como en otros tantos espacios) la relación entre el hombre y el medio físico (con respecto al uso y la explotación del segundo por el primero) ha marcado la personalidad del paisaje agrario por una serie de contrastes muy nítidos. De este modo, los grandes cortijos y dehesas de régimen extensivo contrastan con la no pequeña cantidad de pequeñas huertas que rodean las proximidades del casco urbano de la Real Villa, como sucede con el secano del interior y el regadío de las zonas más próximas a la línea de costa, con las tierras marismeñas y un contexto productivo como el de los Llanos de Guerra…, y todo ello en un espacio como el del término local portorrealeño.

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Este apartado, el reservado a los paisajes rurales, lo hemos organizado en varios subpaisajes que componen este contexto al que denominamos rural. Esta división se ha realizado en función de la paleta de color paisajística que distintas formas de producción, de cultivos o de estructura de la tierra han creado sobre el conjunto de nuestro término municipal.

Las huertas tradicionales se presentan con un tipo de parcelación de carácter minifundista, irregular y relativamente atomizada, dedicadas principalmente en la actualidad al autoabastecimiento y una agricultura que podríamos llamar “a tiempo parcial”[1]. Se las encuentra situadas por lo general en zonas próximas al casco urbano, así como a la marisma y al ámbito litoral, y ello obedeciendo a razones tanto históricas como económicas. Históricamente las zonas dedicadas a huerta se ubicaban en los “ruedos” o “rodeos” de las ciudades, esto es, en las zonas más cercanas a la misma (que “rodeaban” al casco urbano) como manera de facilitar el abastecimiento de la población de estos productos más susceptibles de padecer las consecuencias de su transporte (e incluso de su comercialización) que otros como el cereal o las legumbres; de otra parte es de señalar que en el término municipal de Puerto Real las áreas más cercanas a la costa son a su vez las más ricas en agua gracias a la presencia del acuífero Puerto Real-Conil.

Terreno donde irá instalada la planta de Ansasol en Puerto Real.

En estas huertas suele tradicionalmente cultivarse productos como chícharos (guisantes), habas, alcauciles (alcachofas), sandías, melones, papas o calabazas, unos cultivos que se intercalaban con la presencia de algún árbol frutal, generalmente higueras, damascos, nísperos, limoneros, naranjos, membrillos, granados u olivos, por ejemplo. Junto a este tipo de explotaciones es posible señalar las fincas dedicadas al almendro, que en otros tiempos tendrían un notable papel en el contexto de nuestra economía rural y que vienen a representar en la actualidad solo un testimonio, casi residual, de un tipo de paisaje -el del almendral, precisamente- estrechamente ligado a la fisionomía y el carácter de nuestro contexto rural local. Deteniéndonos un instante a considerar los tipos de viviendas rurales de nuestro medio, señalaremos que entre las mismas generalmente priman las de autoconstrucción, dedicadas en buena medida a segunda residencia y en su mayoría de moderna construcción, de manera que no son muchos los ejemplos que perviven que cuenten con un verdadero interés como tipología constructiva.

En el seno de estos paisajes son de notar igualmente las casas (o fincas) de recreo, que comienzan a proliferar en nuestro contexto a finales del siglo XIX como un botón de muestra de la riqueza de la oligarquía burguesa -esencialmente la gaditana- de dicha época. Con dichos “recreos” vendrían a introducirse en el entorno asimismo distintas especies vegetales de jardinería que entrarían de este modo a formar parte del paisaje de la zona, caso de palmeras de diversos tipos (datileras, canarias, washingtonias, borbónicas…), así como árboles distintos (como sauces, álamos, olmos…). Todos estos elementos conferían (y aún confieren) otorgan ese aire de paisaje romántico a buena parte de nuestro entorno, especialmente en las zonas más próximas al Pinar de Las Canteras. Baste traer a colación los casos de antiguos chalets de la zona como el de Comes o el de María Auxiliadora (tristemente desaparecidos en los 80-90 del siglo pasado), o el de Nuestra Sra. de los Dolores, todos ellos ejemplos de una interesante tipología arquitectónica y relevantes exponentes de los gustos y modelos estéticos del Ochocientos en la Real Villa.

Respecto a las grandes propiedades fundiarias, no son pocos los grandes cortijos que existen en el término municipal portorrealeño; por lo generalmente estos grandes latifundios se localizan en la zona más interior del término, un espacio en el cual se combinan suelos típicos de la campiña llana aluvial, tierras negras y suelos rojizos muy fértiles. Este tipo de gran propiedad agrícola extensa respondía al tipo de una explotación de naturaleza mixta, en la que hasta el siglo XIX y principios del siglo XX era habitual la combinación de un modelo de explotaciones agrícolas y ganaderas conjuntas, si bien con predominio de la agricultura. De este modo en muchos de estos cortijos de nuestro término era frecuente la asociación con una dehesa o majada colindante como complemento de la propia explotación ganadera que solía llevarse a cabo en el mismo cortijo. De forma previa a la extensión de la mecanización en el medio rural se hacía imprescindible la necesidad de contar con abundante ganado de labor, lo que potenciaba (cuando no hacía incluso preciso) el carácter ganadero de la explotación aunque fuese de un modo secundario o parcial. Los límites de esta gran propiedad suelen ser irregulares, adaptados con frecuencia a determinados rasgos lineales destacados del paisaje, ya se trate de elementos naturales -como arroyos- o fruto de la mano humana -caso de caminos, de veredas o incluso de carreteras.

Otro tipo de actividad propia de estas grandes propiedades era la del cultivo mixto de cereal y olivar, que iría paulatinamente desapareciendo al generarse un proceso de especialización en determinados cultivos en estas explotaciones. En este modelo mixto se alternaba el cultivo de cereales (por lo general, de trigo) con la existencia de una pequeña superficie dedicada a pastos para el ganado y de otros espacios dedicados a su vez al olivar, al tiempo que el olivo iría a su vez y con el tiempo dejando espacio al cereal. En el momento presente las grandes propiedades muestran una parcelación irregular que no ha experimentado excesivos cambios en el tiempo.

Latifundios en Puerto Real.
Latifundios en Puerto Real.

Sí han variado grandemente los componentes del paisaje aparejado a estas explotaciones fundiarias: entre las variaciones paisajísticas más sustanciales es posible destacar la pérdida de amplias superficies de olivar que existieron antaño repartidas por todo el término municipal local. Olivares como el de “Los Valencianos” han desaparecido sin dejar rastro apenas, quedando de esos olivares acaso el nombre, convertidas en muchos casos en explotaciones de cereal. Los cortijos con amplias zonas de viña (caso de “La Micona”) también se han visto muy mermados por determinadas políticas recientes que han venido a primar el arrancar (de modo subvencionado, eso sí, en casos dados) de la superficie de viñas. Con ello ha desaparecido uno de los tipos de paisaje más característicos de nuestro contexto agrario, que mostraba una íntima unión con el pasado histórico de nuestra economía y con nuestro paisaje histórico. Actualmente los escasos paisajes de viñas que todavía conservamos se ciñen en buena medida a la zona del Pago del Marquesado, desde donde se suministra de uvas a buena parte de las bodegas de la vecina localidad de Chiclana de la Frontera.

Es de un enorme interés cultural y paisajístico asimismo la arquitectura tradicional existente en estos espacios. Por lo general, se trata de construcciones conformadas por una serie de dependencias articuladas en torno a un patio central (el cortilium, o “patio”, en latín -de donde derivan la palabra italiana “cortile”, patio, y la española “cortijo”). Rodeando este patio central se encuentran las diferentes estructuras que configuran el conjunto, entre las que se cuentan la vivienda principal del complejo (la villa, si nos encontrásemos en el caso de un fundus de la antigua Roma), residencia reservada a los propietarios de la finca, la vivienda del casero, del aperador y una serie de edificaciones destinadas al almacenamiento y al ganado, como pueden ser las estancias, los graneros o las caballerizas, así como otras destinadas a atender diferentes labores, caso de naves para maquinaria y utillajes, de tahonas, herrerías, e incluso de hornos (o de pozos y lavaderos). Por sus características arquitectónicas destacan entre estas explotaciones el Cortijo del Marquesado (de finales del siglo XVIII), el Cortijo de Guerra (dotado de tentaero), o el del Carvajal. Ya más cerca del casco urbano, mencionar el conocido como “Cortijo del Coto”, antiguo Coto de Tejera (muy mermado), provisto de un conjunto arquitectónico de interés.

Fruto del interés de un amplio sector de la población local por contar con una segunda residencia en el campo (una “parcelita” para el ocio y el disfrute), se produciría un fenómeno de reparcelación de algunas grandes fincas en pequeñas parcelas en un relativamente corto periodo de tiempo, lo que provocaría un sensible cambio en el paisaje, formándose un crisol de pequeñas propiedades dotadas de viviendas de recreo y chalets de moderno diseño, todo ello con una notable incidencia en el equilibrio paisajístico existente hasta entonces en el medio.

Paisaje de El Almendral.
Paisaje de El Almendral.

Este fenómeno se constata principalmente en zonas más próximas al conjunto urbano y a la franja litoral portorrealeña, un área a su vez más cercana a los términos de municipios limítrofes caso de San Fernando o de Cádiz, la población de los cuales también demanda este tipo de parcelas (siendo que la escasa superficie de dichos términos isleño y gaditano no puede satisfacer dicha demanda)[2]. Aparece así un nuevo paisaje configurado por pequeñas divisiones del terreno esencialmente regulares, con caminos vecinales trazados en el interior de estas antiguas fincas objeto de la reparcelación; si las mismas tuvieron anteriormente un uso forestal, suele conservarse parte del pinar (o pinares) quedando a veces los árboles incluidos en las diversas porciones de terreno generadas.

A pesar de haberse tratado acerca de los paisajes litorales y marismeños en uno de los epígrafes anteriores, hemos querido incluir ahora un espacio para la marisma desecada como intento fallido de introducir un modelo de explotación del suelo o, dicho de otro modo, de alterar la naturaleza de unos espacios introduciendo en los mismos un uso agrícola para su explotación, con poca, poquísima fortuna.

La conocida como “Marisma Seca” era una gran superficie inundable de marisma hasta mediados del siglo XX. En la década de los cincuenta del pasado siglo XX se trataría de hacerlas explotables desde la perspectiva de un uso agrícola mediante su desecación y posterior puesta en explotación agraria, tomándose como ejemplo a seguir el de la marisma desecada del Guadalquivir (y su política de colonización). Tal empleo de este tipo de suelos grises aluviales, que fueron drenados a través de su división en parcelas regulares mediante un sistema de canales de riego emplazados a mayor altura que los canales de desagüe para tratar de favorecer la desalinización de los mismos, se revelaría como un absoluto fracaso.

El régimen de la propiedad de este transformado espacio se vertebraría en torno a un gran número de pequeñas propiedades, de parcelas regulares de regadío y a las que se suponía una gran productividad. Una parte del proyecto llegaría a ponerse en explotación, pero no resultaría tan productivo como la ya mencionada marisma sevillana, por lo que finalmente buena parte de este entorno ya desecado nunca sería puesto en explotación, con la infraestructura ad hoc abandonada sin haberse llegado a utilizar y poner en funcionamiento finalmente. En la actualidad y tras décadas de aparente abandono, nos encontramos con un paisaje extenso, regenerado en buena medida y reintegrado a su antigua naturaleza merced a la acción de la administración pública.

REFERENCIAS:

[1] Se trata de un tipo de agricultura que surge, de una parte, como una alternativa dentro de lo que conocemos como cultura del ocio, y de otra como compromiso incluso ideológico en el seno de los movimientos de carácter ecológico y ecologista, de las actitudes de búsqueda de vida sana, y de la voluntad de autoabastecimiento hasta cierto punto al margen de las cuotas y criterios de los mercados.

[2] Son sensibles y elevados los ejemplos de reparcelaciones en nuestro término; fruto de éstas surgen auténticos e históricos barrios rurales como el de La Ceferina o el de Nuestra Señora del Consuelo (más conocido como “El Caballo Negro”).

FOTOS: Turismo de Puerto Real / Taller de Empleo “El Almendral”

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