Historia de Puerto Real: Apuntes sobre Historiografía


Juan Moreno de Guerra y Alonso.
Juan Moreno de Guerra y Alonso.

La disciplina histórica, la Historia propiamente dicha, como mecanismo (como instrumento) de cara al análisis y la inteligencia del mundo (con vistas a comprender la evolución de las sociedades humanas en el tiempo y el espacio, que en tal cosa consiste básicamente la Historia) y a la interpretación del mismo, con vistas a interiorizar y asimilar sus claves (ya sea por las sociedades humanas en general como por los individuos a título particular) es una materia de gran antigüedad.

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Para hablar de Historia podemos remontarnos a los helenos Herodoto, Tucídides (siglos VI y V a.C., respectivamente) o al egipcio Manetón (siglos IV-III a.C.), por citar algunos ejemplos de entre los más antiguos historiadores de nuestra tradición cultural, sin pasar por alto tampoco a otros autores de la Antigüedad clásica y clásica tardía como Cayo Julio César, Salustio, Tito Livio, Tácito, Amiano Marcelino, los diversos autores latinos del compendio titulado como “Historia Augusta”, o la princesa bizantina Ana Comnena (que es la primera mujer historiadora conocida de nuestra tradición cultural occidental y mediterránea).

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El perfil de la Historia como disciplina académica está ligado a la creación de las Academias de la Historia, como es el caso de la Real Academia de la Historia española, que apareciera a comienzos del Setecientos (sus primeras sesiones se dieron en 1735, siendo definitivamente aprobada su existencia y recibiendo carta de naturaleza definitiva por Felipe V en 1738), si bien ello no lleva aparejado que cuando hablamos de Historia estemos hablando únicamente de Historia académica, si bien el dato de la aparición de las Academias de la Historia sí resulta de utilidad para poner fecha a los primeros pasos del caminar de la disciplina histórica tal y como se encuentra estructurada aún en los momentos actuales.

Trescientos años de disciplina académica y muchísimos más siglos (acaso dos milenios y medio, si nos remontamos a los tiempos del ya citado Herodoto) de existencia en su conjunto (dos milenios y medio, por delinear un marco cronológico que, sea como fuere, no ha de ser entendido de manera categórica, absoluta) han dado lo suficiente de sí como para que se haya generado en el marco global de la disciplina histórica una rama como es la de la Historiografía, la subdisciplina de la Historia que viene a ocuparse de la forma en que se ha estudiado la Historia a lo largo del tiempo, en cada sociedad, en cada momento histórico, así como de quiénes lo han hecho, de quiénes se han dedicado al estudio de la Historia.

Juan Moreno de Guerra y Alonso.
Juan Moreno de Guerra y Alonso.

Es de señalar que resulta imprescindible en la actualidad si se quiere “hacer Historia”, si se quiere estudiar la Historia, esto es, analizar, conocer, considerar cómo se ha estudiado la Historia a lo largo de los siglos; resulta imprescindible atender a la Historiografía anterior para poder completar el trabajo histórico que se lleva adelante, para poder completar todos los aspectos de la propia investigación.

No se trata realmente de conocer con exhaustividad los pormenores de todo lo que se haya escrito (algo que resulta imposible a causa del mismo carácter y volumen de la disciplina historiográfica si no se es especialista en la referida materia), pero sí de atender con solvencia suficiente lo tratado de forma previa en el marco concreto en el que desarrollamos nuestra propia investigación.

Es posible señalar que para poder escribir con solvencia al tiempo con la conveniente soltura que requiere la materia histórica, resulta necesario cuando no imprescindible saber qué (y cómo, e incluso cuándo) se ha escrito de forma precedente, ya se trate de estudios emanados del contexto de la investigación o de trabajos pertenecientes al ámbito de la divulgación.

Portada de un libro de Antonio Muro Orejón.
Portada de un libro de Antonio Muro Orejón.

En el caso de la Historia local, junto a las fuentes primarias (contándose en Puerto Real con un archivo histórico de gran valor como es el Archivo Municipal la necesidad de ello se hace aún más evidente, la de contar con las fuentes primarias en función del tema abordado en la investigación) es, pues, conveniente (por no decir imprescindible) el uso y manejo de las fuentes historiográficas locales (y generales), tanto de las recientes como de las más antiguas (a las que podremos denominar “tradicionales”, de modo que puede hablarse ya de una “Historiografía tradicional” en nuestro contexto local, aunque no excesivamente abundante) de cara a llevar adelante el trabajo de historiar.

Si bien dicha Historiografía local tradicional no es demasiado extensa podemos señalar como los nombres clásicos, fundamentales, de la misma los de Antonio Muro Orejón o, incluso antes de los trabajos del profesor Muro, el padre de la Historiografía local, el historiador y heraldista Juan Moreno de Guerra y Alonso (asesinado en Paracuellos del Jarama en 1936), así como de A. Ordóñez de la Calle (cuya obra permanece aún inédita por más que hayamos reivindicado en diversas ocasiones que se lleve a cabo una edición de la misma) cuyos textos es de esperar que puedan ser por completo recuperados para los investigadores y estudiosos así como para el público en general, gracias a futuras ediciones de los mismos (algo se ha hecho en relación con la obra de D. Antonio Muro, por iniciativa del Ateneo Literario de Puerto Real en este sentido -entidad de cuya vocalía de Historia nos ocupamos- y más habrá de hacerse aún tanto con la obra del profesor Muro Orejón como con los trabajos de Juan Luis Moreno de Guerra).

En el contexto del estudio de la Historia local (y sabemos que estamos diciendo algo que debería resultar obvio, es imprescindible considerar las fuentes secundarias, historiográficas, atendiendo de manera adecuada a la Historiografía tradicional tanto como a la reciente en el seno de la Historia local, en general, y ya en el contexto de la Historia local a la Historiografía portorrealeña por lo que más directamente nos concierne, en particular.

En cualquier caso y por todo ello, a la hora de llevar adelante un trabajo de carácter histórico será imprescindible considerar lo escrito por los redactores de los textos de esa Historiografía tradicional (o más antigua) a la que nos referimos, así como también será oportuno atender a lo escrito, igualmente, por los autores pertenecientes a la Historiografía portorrealeña más reciente y actual.

La Historiografía “tradicional” resulta, por lo demás, indispensable de cara a considerar así mismo lo que puede denominarse como la “Historia mítica” de un cuerpo social cualesquiera, ese conjunto de relatos e ideas (no siempre históricas) que se insertan en el imaginario colectivo de los miembros de una comunidad, de los habitantes de una población, conformándolo, unos relatos e ideas que por lo general se encuentran profundamente arraigados en el conjunto de las señas de identidad de dicha sociedad y que suelen formar parte más de unos perfiles narrativos míticos que de un cuerpo de naturaleza histórica propiamente dicha.

En este sentido es de tener en cuenta que los relatos en buena medida ahistóricos que se fraguan y afloran bajo la forma de las “leyendas urbanas” en buena medida pueden tener un origen primero en los párrafos redactados por historiadores de tiempo atrás, siendo acaso mal (o parcialmente) entendidos por el cuerpo social, que los hace propios y los transforma en un fenómeno de retroalimentación que hace que el referido cuerpo social haga constructos propios y lleve a dichas pequeñas historias a crecer forjando incluso explicaciones de tono y tenor ingenuo para casos históricos y ello a veces a partir incluso (como señalamos) de lo expuesto en su momento por historiadores antiguos, hasta construir relatos alejados de la veracidad histórica que se terminan incorporando al tejido del imaginario colectivo local.

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