Noche de Miércoles Santo en Puerto Real, día reservado como cada año para la Antigua y Venerable Hermandad de Penitencia del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, Aguas y Buen Viaje y Nuestra Señora de la Amargura, que realizó su estación de penitencia con un buen tiempo reinante en La Villa, al igual que en los últimos días.

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La jornada para los cofrades de la Vera-Cruz comenzó bien temprano, ya que a las doce de la mañana, Cristóbal Perdigones García era el encargado de realizar la primera levantá de esta jornada. Un honor que viene a reconocer la trayectoria del cofrade, número 15 de la Hermandad.

Tras estos actos y la salida desde la Parroquia de San Benito Abad, los aproximadamente 320 personas que acompañaban al Cristo y a la Virgen comenzaron su recorrido por las calles de Puerto Real.

Varias novedades en cuanto a la Hermandad se refiere, la primera de ellas, el palio de Nuestra Señora de la Amargura, el cual fue montado hace escasos días. Un trabajo que comenzó en 2010 y que, tras prácticamente ocho años de trabajo vio como el Obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, lo bendecía para su uso en esta jornada de Miércoles Santo. Manolo Castillo fue el encargado de su diseño, que contó con la colaboración del equipo de bordadoras de la Hermandad, con Puri Lobo a la cabeza.

Asimismo, la mesa del palio también se ha renovado en un trabajo elaborado por Francisco Domínguez Rivero, José Pantoja Armario y Mariano Pantoja Armario. No era la única novedad con respecto a la Virgen de la Amargura, quien también transportaba una medialuna de plata donada por varios miembros de la Hermandad y la cual se colocó a sus pies.

Por su parte, el Cristo de la Vera-Cruz veía como los antifaces y capas del cortejo también se estrenaba este año para su recorrido por las calles de Puerto Real, labor realizada por el taller de Carmen María Pantoja y confeccionada por Puri Lobo.

Como puntos destacables, el paso por la Calle Vaqueros, con saetas cantadas por Antonio “El Colorao” y Charo Lebrero, y por la Prioral de San Sebastián antes de pasar por la Carrera Oficial, donde los costaleros dieron lo mejor de sí para recibir el aplauso unánime de los presentes antes de poner rumbo a su Templo.

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