Hemos venido tratando en los últimos artículos el tema del “Puerto Real subterráneo”, esa realidad paralela que existe en el imaginario local y que sabemos está conformada por distintos espacios subterráneos en el casco histórico (y no sólo en el casco histórico) de Puerto Real, algunos de los cuales no sólo forman parte de un imaginario, ni son resultado de noticias sueltas hiladas a lo largo del tiempo, sino que sabemos que son una realidad objetiva, material.

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Una realidad que existe y es palpable (como la cripta de la iglesia de San José), que conocemos gracias a la documentación histórica y las fuentes orales, pero de la que además existe material gráfico (como la cripta de la iglesia de La Victoria), una realidad de la que sabemos gracias a las experiencias directas de los vecinos de Puerto Real (como los casos de la Petitorre o de las casonas de la calle Cruz Verde, las grandes casas de Cargadores de Indias en la zona de la vieja Plazuela de la Cruz, casi en la confluencia entre Cruz Verde y Amargura), o de la que tenemos constancia gracias a la documentación histórica reforzada por el propio conocimiento y los hallazgos sobre el terreno (como es el caso de la Prioral de San Sebastián, donde -como he podido señalar- he podido constatar la existencia de lo que a todas luces es un acceso a la cripta principal del templo).

Noticias sueltas, fuentes documentales, hallazgos casuales, el resultado de la investigación sobre el terreno (ya llegará la investigación “bajo” el terreno), todo ello nos habla de un “Puerto Real subterráneo”, presentándonos un conjunto de informaciones, de noticias, de datos, de referencias, las cuales hemos querido traer de forma sistematizada a esta serie de artículos divulgativos para el conocimiento y disfrute, por parte de los lectores, de esta faceta tan desconocida como significativa de la Historia de Puerto Real.

Queda, eso sí, el tratar de sacar a la luz los pasajes, túneles y pasadizos que sabemos que existen bajo el suelo portorrealeño, como los relacionados con instalaciones defensivas de principios del XIX en la zona de La Algaida, relacionados con la invasión napoleónica, o con los “Cien Mil Hijos de San Luis” (en cualquier caso, con el muy turbulento primer cuarto del siglo XIX y sus avatares bélicos en esta zona), o con las instalaciones fabriles finalmente truncadas que, casi un siglo más tarde de los sucesos bélicos mencionados, llegarían a intentar instalarse (sin éxito final) igualmente en el mismo entorno del Río San Pedro y La Algaida.

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Igualmente queda profundizar en el conocimiento de los pasajes que se apuntan en determinadas zonas de nuestro Casco Histórico, sea en edificios como los ya citados de la calle Cruz Verde, o en la Petitorre, o en el callejón del Obispo, en las inmediaciones de la que fuera la casa palacio de los obispos gaditanos en la Villa, perdida como tantos jirones de nuestro Patrimonio Histórico local, víctima de la incuria, el interés y el desdén.

Otra vía es la de explorar en antiguos aljibes y pozos, descubriendo posibles conexiones entre dichos espacios subterráneos de nuestras casas históricas del centro de la ciudad, sin descuidar la posibilidad de que en las entrañas de las conducciones de agua del XVIII y posteriores (el acueducto de Ruiz Florindo, por ejemplo, con sus terminales, las más nombradas de las cuales -pero no las únicas que existieron- son la Caja de Agua del Porvenir y la desaparecida Caja de Agua del Muelle) se encuentren también sombras de esos pasadizos que conforman los perfiles de nuestro “Puerto Real subterráneo”, unos pasadizos entre los que podrían contarse los que comunicaban las casas de la Ribera con la orilla del mar, con la playa allá por los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando parte del caserío portorrealeño se encaramaba, aún joven, a las alturas de la calle Amargura y desde allí se asomaba, balcón sobre la Bahía, a las aguas que llevaban al Nuevo Mundo.

Pero en el casco urbano de Puerto Real existen asimismo otros espacios que pueden formar parte de lo que conocemos como el “Puerto Real subterráneo”, desde los subterráneos de edificaciones perdidas en el tiempo (como algunas de nuestras iglesias históricas, caso de la de San Juan de Letrán, o de la antigua de San Benito -no confundir con la actual parroquia del mismo nombre, situada en las inmediaciones de donde estuvo la antigua), “cristalizados” quizá en el subsuelo de la ciudad y en la memoria de los portorrealeños, perdida su identidad pero quizá no la nebulosa de su recuerdo.

Incluso podemos considerar como parte, posible, de estos espacios del “Puerto Real subterráneo” a estructuras aún más antiguas, estructuras que sabemos existen no sólo en nuestro término municipal sino también, más específicamente, en nuestro casco urbano; en concreto, los yacimientos romanos existentes en las tierras de Puerto Real, sin exclusión de su casco central, de su espacio urbano histórico, pueden contar con un espacio propio en esta cuestión.

Las “figlinae” romanas (esto es, los hornos cerámicos como el conservado en “El Gallinero”), o las estructuras romanas que sabemos existen en distintos espacios de nuestro Casco Histórico, como en las zonas de la plaza de los Descalzos, en Brisas del Mar, o en la línea de costa de la playa de la Cachucha, por citar algunas (estudiadas por los profesores Lázaro Lagóstena, de la UCA, paisano nuestro y Enrique García Vargas, de la Universidad de Sevilla, entre otros) pueden haber entrado a formar parte de ese “magma” de nuestro imaginario colectivo: puede tratarse de espacios subterráneos (merced a la acción del tiempo), a la par que son efectivamente, o lo han sido durante siglos, espacios olvidados y, por añadidura, mal entendidos en el caso de que apareciesen fruto del azar o la intención.

Los yacimientos arqueológicos romanos que jalonan el espacio de nuestro Casco Histórico (emplazados especialmente en las inmediaciones de las sucesivas líneas de costa de este rincón de la Bahía) pueden haber entrado a formar parte, de manera subrepticia, del “Puerto Real subterráneo”; sabemos que bajo las entrañas de la Prioral de San Sebastián existen trazas más que interesantes. Sabemos que bajo las entrañas de la Prioral de San Sebastián existen espacios subterráneos que forman parte de dicho edificio religioso y monumental, pero bajo las entrañas de la Prioral también existen trazas de la presencia romana en la Villa, junto a las sombras de la “cantera” con la que se ha identificado tradicionalmente a la colina sobre la que se asienta este templo.

09Entre los perfiles del “Puerto Real subterráneo”, asunto al que hemos venido dedicando los últimos artículos que ocupan esta serie, uno de los más llamativos es el que se refiere a los espacios que se encuentran bajo el suelo de la Prioral de San Sebastián de nuestro pueblo. A buena parte de estos espacios, consagrados mayoritariamente a funciones funerarias y clausurados desde hace más de dos siglos (en lo que en buena medida puede encontrarse una causa para su erosión de nuestro imaginario colectivo local) hemos dedicado asimismo nuestra atención en varios de los artículos de esta serie.

Capillas funerarias, criptas de mayor o menor envergadura, sepulturas individuales o familiares, enterramientos propios de cofradías religiosas, tumbas propiedad de unos u otros fieles, bóvedas funerarias pertenecientes a significados elementos de la nobleza local que se han enterrado en la Prioral a lo largo de varios siglos, pasando la titularidad de dichos espacios de una a otra familia aristocrática de la Villa, en su caso… Son todos lugares subterráneos de una u otra naturaleza que yacen en el subsuelo de la iglesia Mayor de San Sebastián, erigida como sabemos entre los siglos XV y XVI en sus cuerpos principales, rematada entre los siglos XVIII y XIX en la zona del Sagrario (el ala de la iglesia que se encuentra rematada por las dos cúpulas, la mayor y la menor, en el abrazo entre el Atrio del templo y la calle La Palma) y consagrada, como sabemos que reza la columna inaugural que adorna -desde el exterior- la Portada de las Novias de la iglesia, en el año 1592 por el entonces obispo de Cádiz, D. Antonio Zapata, quien posteriormente ascendiera al capelo cardenalicio y ocupase cargos de altísima responsabilidad en el gobierno de los reinos hispánicos ya a principios del siglo XVII.

Señalábamos que los yacimientos arqueológicos de época romana que salpican nuestro Casco Histórico (y que, como apuntábamos se encuentran especialmente en las inmediaciones de las antiguas líneas de costa portorrealeñas, con inclusión de las que bañan su zona urbana) podrían haber entrado a formar parte, inopinadamente, de los perfiles y contornos del “Puerto Real Subterráneo”.

En este sentido, sabemos que bajo las mismas entrañas pétreas de la iglesia de San Sebastián existen espacios subterráneos que forman parte de dicho edificio religioso y monumental, y que pertenecen a su historia como iglesia, a su historia arquitectónica, pero al propio tiempo, bajo esas mismas entrañas de la Prioral también pueden existir trazas de la presencia romana en la Villa, que se dan la mano con las sombras de la “cantera” con la que tradicionalmente se ha hecho referencia a la colina sobre la cual se asienta el histórico y monumental edificio.

Bajo los suelos de determinada parte del templo existen trazas de un hipotético pasado romano de la zona, que podría ponerse en conexión con los yacimientos igualmente romanos que sabemos existen en Puerto Real, y especialmente con los que subyacen bajo nuestro Casco Histórico. Baste recordar en este sentido el yacimiento que afloró bajo el solar de la antigua plaza de San Telmo en el curso de las obras de urbanización de la misma (en julio de 2013, afloraba en dicho espacio una alineación de contenedores anfóricos romanos en número cercano a la treintena), y que vuelve a hablarnos de la potencia de la industria alfarera en estas tierras, hoy portorrealeñas, en los siglos del Alto Imperio Romano (siglos I-II d.C., pero no sólo en dichos siglos).

El avance de la investigación permitirá no sólo alcanzar las criptas de Puerto Real y abrirlas al conocimiento y a la divulgación del mismo, sino que sin duda conducirá asimismo a la identificación del hipotético pasado romano de la colina o “cantera” sobre la que se erige la Prioral de San Sebastián.

En este sentido, cabe señalar que diversos testimonios (fundamentalmente decimonónicos) señalan que San Sebastián habría sido construida sobre una “cantera”, como sabemos que apunta Pascual Madoz en la descripción que sobre Puerto Real lleva a cabo en su “Diccionario”; mediante unas breves notas, Madoz esboza su información sobre el templo de San Sebastián constatando el emplazamiento del mismo sobre una cantera: “…una iglesia parroquial con título de prioral (San Sebastián  Mártir), sobre una cantera, en medio de un atrio con sus dos rampas y escaleras; su arquitectura es del orden dórico con buenos arcos; consta de tres naves y existen en ella 16 altares…” [MADOZ, P.: “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850)”, pg. 364].

Quizá la existencia de tal “cantera” habría podido ocasionar (o contribuir a) la “orientación” del templo, que, como hemos señalado en repetidas ocasiones está, efectivamente, “orientado”: el Altar Mayor se encuentra orientado hacia el Este, hacia Oriente, hacia Jerusalén; hagamos una digresión y recordemos en este sentido que en la liturgia católica trentina, anterior al Concilio Vaticano II -celebrado a mediados del siglo pasado- en la Eucaristía, el oficiante se desenvolvía en buena parte de las ceremonias de espaldas al público y cara al altar: de esta forma, los ritos esenciales de la misa se efectuaban “mirando hacia Jerusalén”, en el caso de la Prioral de San Sebastián.

08Así, en el emplazamiento de la Prioral de San Sebastián, y especialmente en lo que toca a su disposición “esquinada”, “orientada” (como hemos señalado) respecto a la trama general (en damero, por disposición de los Reyes Católicos, fundadores de la Villa en 1483, con todas las calles del Casco Histórico dispuestas en un sentido perpendicular o paralelo entre sí) del casco local, pueden verse varias (y netas) intenciones relacionadas con cuestiones cultuales, así como defensivas (ya hemos tratado sobre la naturaleza defensiva de la construcción en anteriores artículos), e incluso con lo que atañe a la ubicación donde se asienta el edificio.

La Prioral de San Sebastián está situada sobre una ligera elevación, sobre la ladera de la aleve colina que preside el antiguo pago sobre el que se crearía el núcleo urbano de la Fundación de los Reyes Católicos; Puerto Real cuenta con una elevación media de 8 metros sobre el nivel del mar (y con un término municipal de 196 km2 de extensión); su casco urbano se extiende junto al borde litoral, y se dispone a nivel del mar; en el propio casco urbano, el punto más elevado sobre la cota 0 se encuentra en la confluencia de las calles Teresa de Calcuta y Cruz Verde, como es sabido, y representa el culmen de la misma ligera elevación en una de cuyas ligeras laderas (en la vertiente dando al mar) se erige la iglesia, de la que este punto de mayor altura (del casco urbano) sobre el nivel del mar dista unas escasas decenas de metros (especialmente considerando dicha distancia en línea recta, sin considerar el viario actual); la diferencia de alturas entre el suelo de la Prioral y la cota cero (el nivel del mar) es escasa (unos 3 m.), y viene a ser salvada por la suave pendiente que asciende desde la ribera (en la forma de las actuales calles Vaqueros, Ancha y Cruz Verde), alcanza el punto máximo antes señalado (la cota de mayor altura) y desde allí vuelve a descender en sentido opuesto, con una tirada aún más leve.

Retomando la línea argumental de la “cantera”, podemos señalar de todos modos que por el referido término de “cantera” (valga la iteración) cabe entender una realidad multiforme: entre las distintas realidades contenidas en el término pueden encontrarse una simple elevación del terreno, una pedrera (en sentido literal), e incluso la sombra de la presencia de construcciones anteriores en el tiempo que habrían, quizá, podido ser reutilizadas para la construcción de edificios posteriores, incluso muy posteriores, como incluso podría ser San Sebastián; así, y en este sentido cabe apuntar una vez más la presencia de no pocas instalaciones romanas en el marco de la línea litoral del casco urbano portorrealeño desde El Gallinero hasta Puente Melchor, unos complejos industriales dedicados a la actividad cerámica de gran potencia entre los siglos I y V d.C. (considerados como extremos).

Existe, pues, la posibilidad de que dicha “cantera” fuera precisamente un edificio precedente (¿romano, islámico?), que podría haber acabado “fagocitado” como fuente de piedra para las primeras construcciones tras la repoblación castellana de finales del siglo XV (¿un yacimiento romano -que sabemos que existe bajo la Prioral?, ¿un “ribat” o una mezquita islámica, como sostiene determinada tradición, aún poco contrastada…?).

Así, quizá, entre esos perfiles del Puerto Real subterráneo que hemos venido abordando en los precedentes párrafos y artículos, quizá se encuentre asimismo esa “cantera”, en parte colina, en parte cantera de piedra, en parte edificio precedente (lo que ayudaría a explicar algunas cosas), que “duerme” bajo la silueta de la Prioral (esa silueta que tanto guarda de nuestra Historia con mayúsculas)… Y sólo el avance de la investigación nos llevará al avance del conocimiento.

He intentado a lo largo de éste y los precedentes artículos presentar algunas hipótesis, líneas argumentales, datos y conclusiones sobre el Puerto Real subterráneo, ese elemento tan familiar como desconocido de nuestra Historia y nuestra realidad local, que se encuentra bajo nuestros pies, bajo el suelo de calles, plazas y edificios históricos de la Villa. Espero que, como he señalado en varias ocasiones (en éste y otros textos), la investigación nos lleve al conocimiento, y la socialización del conocimiento a la sensibilización del cuerpo social.

Para eso trabajamos, para eso escribimos: para poner un granito de arena en la playa de la evolución.

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