El pasado 21 de junio comenzaba oficialmente el verano. Una estación ansiada por todos y que dejaba atrás una de las primaveras más secas de la historia en diferentes comunidades del país.

Y como no podía ser de otra manera, la estación estival arrancó con calor, con mucho calor. De hecho, ocho días antes de su llegada se registraba en España la primera ola de calor del año que afectó a la totalidad de la península dejando temperaturas extremas como los 42 grados alcanzados en Córdoba. Las olas de calor son, según la AEMET, “episodios de al menos tres días consecutivos, en que como mínimo el 10% de las estaciones consideradas registran máximas por encima del percentil del 95% de su serie de temperaturas máximas diarias de los meses de julio y agosto del periodo considerado“.

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Este tipo de episodios han ido aumentando en número durante los últimos años a consecuencia del cambio climático. Y parece que esta situación no va a mejorar de cara al futuro menos inmediato. Una reciente investigación llevada a cabo por el profesor Camilo Mora de la Universidad de Hawii ha revelado que si no se reducen las emisiones de gases efecto invernadero, en el año 2100 las olas de calor extremas afectarán al 74% de la población. De hecho, aunque estas emisiones se reduzcan hasta alcanzar el escenario ideal, ese porcentaje tan solo se reduciría hasta el 48%. Este dato es especialmente revelador y preocupante ya que este tipo de olas de calor pueden ser mortales.

Cuando la temperatura ambiente supera los 24°C nuestro organismo comienza a luchar para mantener su temperatura estable e ideal, que se sitúa entre los 36°C-37°C. Lo primero que hace es eliminar el calor a través del sudor lo que trae consigo una posible deshidratación, espasmos musculares y cansancio. Si la temperatura del cuerpo aumenta hasta los 39°C comenzaremos a sentirnos todavía más fatigados, indicativo de que el cerebro está enviando una orden a los músculos para que reduzcan su funcionamiento. Al llegar a los 40°C, el cuerpo comienza a fallar.

Todo esto pone de manifiesto la necesidad de tomar precauciones cuando se dan este tipo de fenómenos atmosféricos, sobre todo teniendo en cuenta que es muy probable que tengamos que hacer frente a una ola de calor más de una vez este verano. A nivel alimentario, es importante que en los días calurosos se opte por una dieta ligera y rica en fruta y verduras, alimentos que ayudan a que el cuerpo recupere las sales minerales que se pierden durante el proceso de sudoración. Por otra parte, es importantísimo aumentar el consumo de agua y de líquidos, evitando aquellas bebidas que contengan alcohol, azúcar o cafeína ya que provocan que se pierda más líquido.

Teniendo en cuenta que las horas comprendidas entre las 12:00 y las 17:00 son las que más calor registran, se recomienda no salir a la calle durante este período de tiempo, mucho menos hacer deporte. Permanecer en lugares frescos y a la sombra ayudará a reducir nuestra temperatura corporal, evitando así posibles complicaciones.

Pero las temperaturas extremas no solo afectan a nuestro organismo. El medio ambiente también se ve afectado de manera considerable, sobre todo en forma de incendios. La época estival es la preferida por todos para ir al campo y hacer excursiones al aire libre. Los picnics y las barbacoas son un clásico del verano, tanto entre los aficionados a este tipo de comida como entre aquellos que aprovechan el buen tiempo y los rayos de sol para cambiar su habitual espacio de trabajo cerrado por el aire puro de la naturaleza. La diversión de estas reuniones no debe hacer que nos olvidemos de extremar las precauciones de seguridad. Se estima que más del 80% de los incendios son causados por el hombre, ya sea de manera intencionada o por un despiste. Un porcentaje que trae como consecuencia que en la actualidad se invierta más dinero público en extinguir estos incendios que en campañas de prevención y concienciación ciudadana.

Por otra parte, este calor extremo también influye en las cosechas. Por el momento, los productores de algunos puntos de la península ya han confirmado que la cosecha de cereales, tomates o judías se ha perdido en casi su totalidad ya que el calor no permite que se desarrollen de forma óptima. El cereal no grana, el tomate se ablanda y se llena de agua y el fruto de las judías no se curva por falta de hidratación. Esto unido a la sequía que se viene viviendo durante todo el año  y a las fuertes lluvias de los últimos días no hace sino confirmar esta dificultad para que las cosechas lleguen a buen término.

Además, la falta de lluvias no solo afecta a la agricultura sino también a nuestros bolsillos. En verano el nivel de consumo eléctrico se dispara por el aumento del uso de ventiladores y aparatos de aire acondicionado, lo que repercute lógicamente en la factura de luz. Sin embargo, este aumento en la factura se verá incrementado durante estos meses debido a la escasez de oferta de energía hidráulica y renovable. Al no llover, los embalses y pantanos de casi todo el país se encuentran en números críticos lo que provoca que al no haber recursos su empleo sea mucho más caro. Se pronostica que el recibo de la luz podría subir hasta un 10% en los próximos meses.

Muchos son los que esperaban con ganas la llegada del verano para disfrutar por fin de unos días de descanso, unos días en los que habrá que extremar las precauciones debido a las altas temperaturas y es que la AEMET pronostica que este verano será más caluroso, con temperaturas que superarán entre 0,5 y 1°C a la media.

FOTOGRAFÍA: Pixabay

 

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