Apuntes sobre el convento de franciscanos descalzos de Puerto Real (II)


Puerta del Convento Franciscano en Puerto Real
Puerta del Convento Franciscano en Puerto Real

Abordábamos la pasada semana un tema relacionado con un jalón ya desaparecido del Patrimonio Monumental portorrealeño, el convento de franciscanos descalzos que existió como tal en la Real Villa hasta el primer tercio del siglo XIX, emplazado en el entorno de las actuales plazas de los Descalzos y de Pedro Álvarez Hidalgo, un edificio conventual que desaparecería por mor de la Desamortización isabelina dirigida por Álvarez Mendizábal en 1835 y que ha dejado huella en la trama urbana local, del que se conserva además la que fuera la portada de su compás, si bien ligeramente alterada al haber sido desplazada unos metros a Levante en la misma acera en que se encontraba originalmente y al habérsele incorporado, como remate, una hornacina a fines del pasado siglo XX.

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Dicha hornacina y el referido desplazamiento guardan relación con la reordenación urbana del entorno en que se encuentra dicha portada, cuando se generaría la plaza de Pedro Álvarez Hidalgo sobre parte de lo que fuera el primigenio solar del citado convento, construyéndose además las viviendas anexas a dicha plaza así como el edificio en que se encuentra insertada la portada del compás del antiguo convento, funcionando además como portada –precisamente- de dicha construcción contemporánea –cambios en la portada y en el entorno en que se inserta que conocemos de primera mano por haber sido testigos de los mismos en los momentos en que se producía dicha reordenación de la citada manzana del casco urbano portorrealeño.

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Nos ocupábamos en los precedentes párrafos de la situación de este desaparecido monumento en las primeras décadas del siglo XIX, y hacíamos un recorrido por el mismo en los momentos de su desamortización, hace ahora más de 180 años.

La puerta del antiguo Convento Franciscano en Puerto Real.
La puerta del antiguo Convento Franciscano en Puerto Real.

Continuando con dicho recorrido, es de señalar que en el piso bajo del edificio conventual se situaba el refectorio, situado junto a la cocina y despensas del mismo. La huerta, habitual en todo convento, amén de una plantación de olivos propia de éste, había de proporcionar a los frailes productos frescos de consumo cotidiano, siendo una fuente de aprovisionamiento para la comunidad de religiosos del convento, amén de una fuente de ahorro –asimismo- para dicha comunidad. La sobriedad del convento contrastaría con el templo de la comunidad, dotado de ciertos lujos.

En las pasadas notas, sirviéndonos del inventario confeccionado en el año 1835, tuvimos ocasión, como señalamos, de describir algunos de los espacios que componían el conjunto del recinto conventual de los franciscanos descalzos asentados en la Real Villa; contemplábamos el piso alto del convento, donde se ubicaban los aposentos de los frailes, su azotea, las escaleras que comunicaban con el piso inferior y con la sacristía del templo; igualmente nos deteníamos en la portería, eje de comunicación entre la vida exterior y la cotidianidad interna, con sus enormes puertas, y en el altar que daba la bienvenida a los visitantes del lugar.

Quedaba por analizar el resto de estancias que se distribuían en la parte baja del convento: el refectorio, la cocina y las despensas. Sería a través de una puerta de caoba …con su cerradura y llave… como se accedería al antedicho refectorio, lugar donde la comunidad de religiosos se reuniría para comer, y que destacaría por su austeridad, como el resto del inmueble, quizá a excepción del templo, como más adelante veremos; este espacio estaba provisto de tres ventanas, con rejas de hierro y puertas de madera, y en el mismo se disponían cinco mesas de pino. Junto al refectorio se situaba la cocina, iluminada por cuatro ventanas, y donde se encontraba uno de los pozos que poseía la comunidad franciscana, con brocal de mármol y pescante de hierro. La despensa, sita en la cocina, tenía …cuatro tinajas empotradas en el suelo..., elementos fundamentales para albergar y conservar tanto granos como líquidos, especialmente cereales, caso del trigo, o aceite, vinos, y tal vez aceitunas (como las obtenidas a partir de los propios olivos del convento).

La cocina se comunicaba directamente con la huerta del convento, donde los frailes cultivarían productos para su propio consumo; era una pequeña porción de tierra de labor, …como de una aranzada... (algo más de media hectárea), con su propia noria y su alberca, todo ello rodeado por una cerca …de material... (esto es, de fábrica, de obra, no de madera). Los cultivos de regadío eran combinados con veintiún pies de olivos (recordar no sólo el uso culinario básico del aceite, sino también cómo éste era utilizado en los actos litúrgicos y para iluminar mediante el empleo a estos efectos de lámparas de aceite).

Plaza de Pedro Álvarez Hidalgo, con la Plaza de Los Descalzos al fondo.
Plaza de Pedro Álvarez Hidalgo, con la Plaza de Los Descalzos al fondo.

Anejo a la huerta se encontraba el cementerio de esta comunidad franciscana, ya en desuso en 1835, lugar, conjuntamente con la iglesia, donde recibieran sepultura no solo los frailes, sino también aquellas personas que así lo solicitaran; a este respecto cabe destacar cómo en las épocas medieval y modera era notoria y notable la función sepulcral de los espacios sacros, pues las inhumaciones se realizaban en los templos, bien en sus panteones, bien en cementerios aledaños (como hemos tenido ocasión de ver en textos anteriores de esta misma serie, por ejemplo, al hablar de la Prioral de San Sebastián y los espacios funerarios de dicho templo Mayor de la Real Villa).

El templo del convento de San Diego, advocación de la Santa Veracruz, fue el eje orgánico sobre el que se conformaría el resto de espacios de este conmplejo religioso, pues su existencia (antigua ermita, sede de la Hermandad de la Veracruz desde mediados del siglo XVI) es incluso previa a la instalación de los Descalzos en Puerto Real (y, por ende, al convento mismo, posterior –como venimos viendo, a la iglesia que le hubo de servir como capilla –ambos, convento y capilla ya desaparecidos).

Esta iglesia, según el inventario, era de una nave, con un crucero …y un arco de comunicación al Sagrario, con su puerta de hierro... Se accedía a la misma desde el exterior (desde la calle) de forma independiente, a través de una puerta de pino pintada, con aldaba de hierro y cancel, de modo que los feligreses tenían un acceso directo al templo desde el viario portorrealeño. En su interior el Altar Mayor se elevaba sobre seis escalones de piedras negras, y en él se situaba el …retablo grande..., de madera dorada, con cuatro Santos franciscanos embutidos en sus nichos, amén de una imagen de Santo Domingo y una de Santa Rosalía, de talla, junto con un crucifijo de cuerpo entero en la parte superior.

Respecto a los franciscanos en Puerto Real y su establecimiento en la Villa en los albores del siglo (hace ahora justamente cuatrocientos años) XVII cabe señalar que los mencionados frailes franciscanos descalzos habrían sido la primera comunidad religiosa regular en instalarse en Puerto Real, en el año 1618; hasta ese momento sólo los clérigos seculares habían velado por las almas de los portorrealeños. Pronto su labor se vio secundada por la emprendida en nuestra localidad por otra Orden, la de los Mínimos, que establecieron su primera morada, de forma provisional, ya en 1633 en la extinta ermita de San Benito; luego erigirían su convento en los aledaños de la actual iglesia de La Victoria (templo conventual de los citados Mínimos Victorios, como sabemos).

La instalación de los Descalzos en Puerto Real no habría de estar exenta de polémica; al parecer el Cabildo portorrealeño trató de impedir su asentamiento en la Villa, pues sus miembros consideraban que la cura de almas estaba bien atendida ya sólo con los clérigos seculares. Lo cierto es que muchos de estos regidores eran familiares de los curas de la localidad, quienes temerían una posible merma en su poder espiritual, y acaso económico, con la llegada de los frailes; como vemos, una razón económica se escondía tras las intenciones de los capitulares portorrealeños de hace cuatrocientos años…

Finalmente, una vez instalados los franciscanos en nuestra ciudad, levantarían su convento en los solares aledaños a la ya existente ermita de la Veracruz, al Levante del núcleo urbano. En la elección del lugar desempeñaría un papel destacado la Hermandad de la Veracruz, la cual cedería su ermita a los frailes para que éstos la transformaran en el templo de su comunidad, de aquí la gran vinculación que tendrán a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX esta comunidad franciscana y la que hasta ahora se ha demostrado como la más antigua cofradía penitencial portorrealeña, la de la Veracruz.

Volviendo a las cuestiones relativas al convento en sí, es de señalar que además del Altar Mayor de su iglesia-capilla, en el resto del espacio templario que contemplamos en estos párrafos se distribuían otros cinco altares o retablos: uno de madera, dorado, con una talla de San José, de cuerpo entero ...con su niño y toallas de encajes... Otro altar de madera dorado, en esta ocasión con la imagen de San Francisco, también de cuerpo entero, con vestido de tela morada, un crucifijo en la mano (de metal amarillo), un rosario de azabache engarzado en plata, …disciplina y cordón de hilillo de oro y diadema de plata... También de madera y dorado, eran tanto el altar con la imagen del Señor de la Humildad, de piedra, acompañado de San Andrés apóstol y Santa Teresa, como otro en el cual se encontraba una talla de San Antonio de Padua, de cuerpo entero, con niño y diadema de lata. Para finalizar, un retablo …de yeso embutido con la imagen de San Pascual Baylón de talla de cuerpo entero...

El púlpito era de hierro, con la escalera y el pasamanos de pino pintado; un crucifijo lo aderezaba, mientras su tornavoz estaba elaborado en madera de cedro. Varios cuadros adornaban los muros de la iglesia, uno de la Encarnación, con marco de madera; otro de Nuestra Señora de Guadalupe, con marco de cedro y cuatro chapas doradas; así como otros dos lienzos más pequeños, según el informe …cuyas imágenes se ignoran por viejas..., y un Vía Crucis …completo con los cuadros de pino pintado de negro y ribetes de oro y cristales…

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