Ahora que estamos en puertas de que eche a rodar la Conmemoración del II Centenario de la Defensa de la Libertad en la Isla de El Trocadero (1820-1823 / 2020-2023), cuando en Puerto Real se produjo la última defensa de las libertades y del constitucionalismo, y con ello del primer experimento de gobierno democrático que hubo de conocer nuestro país, España (el del Gobierno Liberal regido por los principios de la Constitución de Cádiz de 1812, la “Pepa”), entendemos que no huelga, que no está de más, volver a traer a colación a estas páginas virtuales de “Puerto Real Hoy” algunas notas sobre la isla de El Trocadero como realidad histórica, unos apuntes que ya trajimos aquí originalmente hace unos años y que ahora queremos volver a repristinar, puestas estas líneas al día, dada la oportunidad del momento en el que nos encontramos, cuando parece que final y oportunamente se está perfilando la puesta en marcha de la Conmemoración de este II Centenario (o “Bicentenario”, o “200 Aniversario”, que de todas esas formas puede ser denominado pues todas responden a la realidad histórica de la efeméride) de tanto calado para la Historia no sólo de Puerto Real y la Bahía de Cádiz (que ya sería de suficiente peso y relevancia), sino para el conjunto de la Historia de España así como para la Historia de las Libertades, la Democracia y el Constitucionalismo no sólo en Europa sino en el Mundo.

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Por todo ello creemos que no está en absoluto de más volver al paisaje de la isla de El Trocadero desde estos párrafos, pues todo esfuerzo que se haga para poner en valor su papel y el peso de la efeméride de la lucha por el Constitucionalismo y la Libertad en 1823 en su ámbito (con la Batalla del Trocadero, en el citado año 1823, en la que el absolutismo europeo derrotaría al liberalismo español merced a la intervención del ejército francés de los “Cien Mil Hijos de San Luis”) en la Historia de las libertades en España será siempre (y especialmente en estos momentos) más que oportuno.

Por ello, volvemos a traer estos párrafos, demediados ahora en dos artículos, como siempre con la idea de contribuir a la socialización del conocimiento en, sobre y desde Puerto Real.

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General Rafael Riego

General Rafael Riego

La isla de El Trocadero es una de las unidades más relevantes del interior del saco meridional de la Bahía de Cádiz. Está incluida en el Parque Natural de la Bahía, y las razones de su relevancia no se circunscriben a las características geográficas y físicas de esta isla, sino que la misma cuenta con una más que destacable personalidad histórica propia, y se encuentra ligada de manera indisoluble por sus méritos y el peso de los acontecimientos que en ella se desarrollaron hace unos siglos (especialmente hace ahora casi doscientos años, entre 1820 y 1823) a la Historia de España y de Europa, y en el seno de Europa de países -por ejemplo- como Francia, entonces monarquía y tan fuertemente vinculada al pasado histórico de este entorno portorrealeño, aunque no sólo se trata de Francia, pues en la “Santa Alianza” (que englobaba al grupo de países que intervinieron en 1823 para derribar al gobierno constitucional español del momento) militaban a principios del siglo XIX otros estados europeos además de Francia, otros países como los entonces Imperios austríaco y ruso.

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Remontándonos a un pasado mucho más remoto, desde los primeros asentamientos de los colonos mediterráneos (especialmente, fenicios) en las costas del Sur y el Levante de la Península Ibérica, el ámbito del litoral gaditano en general (y el contexto de la Bahía gaditana en particular) se perfila como un centro neurálgico de primerísimo orden, un ámbito dentro del cual sería a la llegada de los romanos cuando el espacio del actual término municipal portorrealeño alcanzaría una mayor proyección. Espacio inmerso en las leyendas de la Antigüedad, fundido con los mitos hercúleos y con la memoria más remota de los habitantes de las tierras tartésicas, el territorio de Puerto Real en los tiempos clásicos habría de conocer una prosperidad de la que ofrecen su testimonio los vestigios romanos que jalonan su término y las referencias de las fuentes clásicas (de todo lo cual en buena medida hemos hecho referencia en párrafos anteriores de esta serie).

El austríaco príncipe de Metternich, artífice de la Santa Alianza

El austríaco príncipe de Metternich, artífice de la Santa Alianza

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En este sentido, ya autores de la Romanidad como Estrabón detallan cómo el segundo puerto de la Gades romana (la tercera ciudad más importante del momento, tras Roma y Alejandría, capital que fuera de la famosa reina Cleopatra), el que se encontraba “en la tierra firme frontera” a Gades, podría haberse encontrado quizá en las actuales riberas de nuestra Real Villa, allá por el siglo I de nuestra Era Cristiana; si bien no ha podido aún identificarse de forma absoluta la ubicación de dicho puerto comercial (construido por iniciativa del gaditano Balbo, miembro del equipo técnico del emperador Augusto), El Trocadero podría reclamar su papel, de acuerdo con varios investigadores, como uno de los posibles candidatos a reclamar para sí la identidad de dicho recinto comercial imperial romano.

Tras el relativo “letargo” medieval, cuando, a pesar de lo que dan a entender los tópicos históricos tanto tiempo mantenidos (“Puerto Real fue fundado en 1483…”) y hoy debelados (tópicos que planteaban poco menos que un “desierto histórico” en los siglos previos a la Fundación de la Villa en lo que se refiere al poblamiento humano de estas tierras), Puerto Real y más concretamente El Trocadero seguirían sirviendo como un espacio portuario fundamental, como la salida natural hacia Cádiz de los productos y ambiciones del interior de la Bahía (y viceversa, como punto fundamental de interacción desde Cádiz hacia el retroterra del entorno, hacia Jerez, por ejemplo, y hacia Medina Sidonia –siendo que en época medieval cristiana El Trocadero, como todo el término municipal de Puerto Real, pertenecía a Jerez de la Frontera); sería a partir de tiempos más recientes (acaso a partir de los siglos XVII y XVIII) cuando la isla de El Trocadero comience a alcanzar su mayor peso específico en el conjunto de la Historia de España (y en la historia particular y propia de nuestra localidad).

Fernando VII

Fernando VII

Astillero y Arsenal de la Real Armada, carenero, punto de partida para las Flotas de Indias, vital enlace de cara a la conexión de los territorios europeos de la Monarquía Hispánica con sus tierras ultramarinas, son aún evidentes a simple vista los diques e instalaciones destinadas a la construcción y mantenimiento de las grandes embarcaciones -galeones, fragatas, navíos- que a lo largo de los siglos surcaron las aguas del Atlántico y tejieron los lazos de unión entre Europa y América (instalaciones que fueron objeto ya de nuestra atención en anteriores artículos de ésta y de otras series dedicadas a la divulgación histórica portorrealeña, un camino que iniciamos allá por febrero del tan lejano año de 1996, hace casi un cuarto de siglo, nada menos).

El Trocadero, además, entraría a formar parte de la estrategia defensiva del interior de la Bahía de Cádiz como uno de los más relevantes pivotes de dicha estrategia, contando dentro de los límites de su isla con un baluarte fortificado, el Castillo de San Luis (que también recibiera el nombre de “Fort Louis”, construido en el contexto de la Guerra de Sucesión Española, a principios del siglo XVIII, precisamente con el concurso de ingenieros franceses, y de ahí el nombre de la fortaleza, dedicada a San Luis, rey de Francia -siendo Luis un nombre dinástico de los Borbones de la Casa de Francia, además), el cual formaba parte de un conjunto integral de fortalezas junto con los castillos de La Matagorda (también en tierras portorrealeñas) y de Puntales (ya en terreno de la propia ciudad de Cádiz) en el seno del interior de la Bahía de Cádiz.

Estas tres estructuras defensivas contaban con un sofisticado sistema de obstrucciones (fijas y móviles) y de bloqueo para la navegación que probaría sobradamente su utilidad impidiendo la salida a mar abierto de diversas unidades navales francesas (supervivientes de la batalla de Trafalgar y refugiadas en la Bahía tras dicha batalla) en 1808 (y ayudando en la captura de las referidas unidades navales por nuestros paisanos de entonces); al mismo tiempo, el fuego cruzado de las piezas de artillería en ellas instaladas había de suponer una barrera infranqueable para quien intentase acceder al saco meridional de la Bahía desde el exterior de la misma (una barrera que no llegaría nunca a ser superada por enemigo alguno).

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