1717-2017. Notas sobre el Puerto Real del Tricentenario del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz (VII)


Edificio actual de la Diputación de Cádiz, antigua Casa de Contratación.

En este mes de mayo de 2017 se cumplen trescientos años (el día doce del mes, en puertas del pasado fin de semana fue cuando se cumplieron, justamente) del cambio de la sede de la Casa de la Contratación, entidad responsable de la gestión de los asuntos económicos de la Monarquía Hispánica, institución desde la que se gestionaba todo el tráfago oficial del comercio imperial español desde su creación en 1503, gobernando aún en Castilla la reina Isabel I, mejor conocida como Isabel la Católica (que fallecería un año más tarde, en 1504).

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La Casa de la Contratación, establecida en la ciudad de Sevilla desde su constitución en el mencionado año de 1503, sería trasladada por el rey Felipe V de Borbón (primer monarca de su Dinastía en reinar en España) al poco tiempo de terminar la guerra que sobrevino a la muerte del último de los soberanos de la Casa de Austria, Carlos II (tío del referido príncipe francés convertido en heredero de la Corona de España, el antedicho Felipe de Borbón, duque de Anjou y nieto del rey francés Luis XIV, el afamado “Rey Sol”), un conflicto que se saldaría con el ascenso al Trono español del príncipe galo.

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Felipe V decidiría, finalmente, asentar la Casa de Contratación en Cádiz, como venimos señalando, algo que se materializaría materialmente en el mes de mayo del ya muy lejano año 1717.

Felipe V de Borbón, el primero de la dinastía en España.
Felipe V de Borbón, el primero de la dinastía en España.

Como venimos señalando en los párrafos anteriores, el nuevo monarca español y su gobierno procuraron agilizar y racionalizar la gestión de los asuntos de estado en el Imperio, marcando nuevos ritmos en la administración estatal; de esa forma, y en el contexto de dichas políticas reformistas y de racionalización de las estructuras del Estado, vendría a insertarse un acontecimiento fundamental para el siglo XVIII español como sería el traslado de la Casa de la Contratación desde Sevilla a Cádiz, algo motivado por razones que iban desde las de índole económica hasta las de naturaleza política, y que acabaron beneficiando a Cádiz sobre Sevilla como base para la Casa de la Contratación.

Así pues, y de este modo, en dicho contexto de racionalización de la gestión de la administración española en los albores del Setecientos se produciría el definitivo traslado de la Casa de Contratación a la ciudad insular de Cádiz, desde el actual Archivo de Indias sevillano hasta el actual Palacio de la Diputación Provincial gaditana, un hecho capital en la Historia de la Monarquía Hispánica, de la Bahía gaditana, de la ciudad de Cádiz y de la Villa de Puerto Real.

Hemos querido acercarnos en los precedentes textos de esta serie, siempre desde la perspectiva de la divulgación de nuestra Historia, a la realidad del casco histórico portorrealeño a principios del siglo XVIII, al caserío del Puerto Real de la época del traslado de la Casa de la Contratación.

De este modo hemos tratado de pasear por las calles del Puerto Real de hace trescientos años, de la mano de un paisano nuestro de hace tres siglos que se hallase, de repente, en el Puerto Real actual y pudiese encontrarse con elementos de nuestro Patrimonio Histórico ya existentes en dicha época, como la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián o la iglesia de La Victoria, o bien con otros elementos igualmente pertenecientes a nuestro tesoro patrimonial si bien datados en una época más reciente a la suya, como el Mercado de Abastos, la Media Luneta del Muelle, o la Caja del Agua de El Porvenir, por ejemplo.

En nuestro anterior texto dejábamos a nuestro paisano tricentenario en las inmediaciones de lo que una vez fuera el solar de la antigua Casa del Obispo, en el homónimo Callejón del Obispo (toponimia precisamente heredada de la casa-palacio episcopal), y del Conventillo de Filipinas, desaparecida la primera y muy alterada la fisonomía del segundo, localizados originalmente ambos edificios (que pertenecen al horizonte del siglo XVIII, si bien son más recientes que la fecha de nuestro interés) en la misma manzana aledaña a la Plaza de Jesús, e inmediatos el uno al otro.

Archivo de Indias junto a la Catedral, en Sevilla.
Archivo de Indias junto a la Catedral, en Sevilla.

El pasear de este paisano, viajero del tiempo por las calles de la Villa, trescientos años después del que fuera su siglo, le ha llevado por la Plaza de la Iglesia, por la calle de la Plaza, por las posadas históricas de La Espada y de Bello, por el actual Parque de El Porvenir, por la Ribera del Muelle, la Caja del Agua, la Plaza de Abastos, las iglesias de San Sebastián, La Victoria y San José, la Cruz Verde, las casas señoriales del casco histórico…, como la Casa de las Columnas, y por tantos hitos de nuestro Patrimonio Histórico y Monumental algunos de los cuales habrían de resultar familiares para este “portorrealeño tricentenario” (otros, en cambio, no serían conocidos por el viajero) traído al presente de la Villa por los vientos de la conmemoración del Tricentenario del traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz en el año 1717.

Navío español de doce cañones, durante el Siglo XVIII.
Navío español de doce cañones, durante el Siglo XVIII.

Hoy, en estas últimas líneas dedicadas a esta serie sobre el Puerto Real del Tricentenario, nos acercamos a los últimos pasos de su caminar por nuestras calles, que podrían llevarle desde la Plaza de Jesús hasta la calle Soledad, donde le sería posible contemplar las fachadas de algunas de las casonas históricas de dicha vía, análogas a las de la calle Cruz Verde y como aquéllas tan íntimamente relacionadas con los momentos de prosperidad que el ilustrado siglo XVIII acabaría ofreciendo a la Real Villa (y al contexto general de la Bahía de Cádiz) como consecuencia del comercio transoceánico en general y del traslado de la sede de la gestión de dicho comercio a Cádiz a principios del referido siglo XVIII.

Desde allí y de nuevo buscando el entorno de la ribera, la orilla del mar, el Barrio de la Jarcia dejaría quizá atónito a nuestro paisano, no acostumbrado a su febril actividad industrial, y quizá llegaría a ser informado de las fábricas de velas, de jarcias, de elementos consustanciales a la industria naval que el Setecientos habría traído hasta esta zona del caserío portorrealeño, unas instalaciones consecuencia de la actividad económica de la Bahía, y que andando el tiempo habrían sido sustituidas por un barrio poblado por edificios de viviendas, quedando tan sólo el nombre del Barrio, el topónimo de “La Jarcia”, como testigo histórico fiel de lo que un día fue este entorno del Puerto Real dieciochesco.

Otra cuestión que podría haber sido motivo de perplejidad para nuestro paisano tricentenario sería el hecho de que tanto el olivar de la iglesia de San Benito, como las huertas de la zona (también relacionadas con dicho edificio religioso que no existe desde mediados del pasado siglo XX), habrían desaparecido igualmente: sólo un par de olivos solitarios, al final de lo que hoy es la calle de la Plaza (o su arranque, según se mire) en la zona de La Jarcia, en una finca particular, quieren dejar constancia de lo que un día fuera un notable olivar.

La iglesia de San Benito que nuestro paisano conociera en su día también ha desaparecido, como decimos. En un entorno muy transformado por el paso y la acción del tiempo, una iglesia nueva (erigida a finales del siglo pasado) e igualmente dedicada a San Benito sustituye a la original (cuyo emplazamiento se encuentra ocupado por las viviendas del grupo “Obispo Añoveros”), que fuera reformada por la familia de la Rosa a fines del XVIII, siendo los de la Rosa los mismos generosos mecenas que (a caballo entre los siglos XVIII y XIX) contribuirían a la ampliación de la Prioral de San sebastián mediante la construcción de la capilla sacramental en dicho templo Mayor de nuestra localidad.

Los olivos y las tierras de huerta que un día, hace siglos, pertenecieron a la antigua iglesia de San Benito, han sido sustituidos por distintas construcciones modernas, de entre las cuales hemos de destacar parte del solar ocupado en la actualidad por la barriada de las Quinientas Doce Viviendas, así como por la finca de “El Gallinero”, donde se ubica la capilla en la que reside la Hermandad del Rocío, una pequeña edificación de naturaleza religiosa que a nuestro paisano tricentenario habría de resultarle una entera novedad, como igualmente sucedería con el Horno Romano del Gallinero (un monumento arqueológico que data del siglo I d.C.), rescatado de las entrañas de la tierra en los años noventa del siglo pasado…

Quizá desde allí, desde los jardines de El Gallinero, nuestro paisano habría encaminado sus pasos de nuevo hacia la ribera, por el actual paseo marítimo, desde donde habría podido, una vez más, contemplar las aguas de nuestra Bahía, con La Carraca, San Fernando y la ciudad de Cádiz en lontananza.

Y quizá, quizá, la delicada y airosa silueta del buque escuela de la Armada “Juan Sebastián Elcano”, con sus mástiles y sus perfiles clásicos, habría podido resultar especialmente evocadora para nuestro paisano tricentenario, ya que su contemplación podría llevarle, y quizá no sólo de un modo metafórico, hasta su propia época, cabalgando las olas de un mar eterno, el mar del tiempo.

Y ahí, en la ribera del mar, en la orilla de nuestra playa de la Cachucha, es donde dejaremos a nuestro paisano tricentenario, disfrutando de la contemplación de las aguas de la Bahía y del hermoso perfil del “Elcano”, y dispuesto a regresar al Puerto Real de 1717, a los remotos tiempos de navíos, veleros, piratas, mecedoras, torres miradores y cargadores de Indias, a los tiempos del traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz…, de todo lo cual se conmemora en estos días el Tercer Centenario.

Lee los otros artículos sobre el Tricentenario del Traslado de la Casa de Contratación:

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