Notas sobre la Prioral de San Sebastián (XIV)


Puerta lateral y cúpula de la Prioral de San Sebastián

Continuando con el recorrido que hemos estamos haciendo por la Historia de la Prioral de San Sebastián de Puerto Real, cabe señalar que hemos podido conocer -a través de los legajos conservados en el archivo histórico municipal- en buena medida las claves de la que habría de ser la última gran intervención arquitectónica estructural en el edificio parroquial, y que terminaría por configurar el aspecto que (salvo varias cuestiones de entidad menor en lo que concierne a la estructura del monumento), actualmente tiene. Nos referimos al levantamiento de la nueva capilla sacramental de la iglesia, sobre la que había sido capilla de Nuestra Señora de los Dolores, sede de la portorrealeña Hermandad de los Servitas (recordemos que previamente existía otra capilla sacramental, edificada en la primera mitad del siglo XVII, en la cual hemos tenido ocasión de detenernos con anterioridad).

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Hasta mediados del siglo XVIII la única capilla lateral añadida a la primitiva estructura de planta de salón del templo, en la nave de la epístola de la Iglesia Mayor de San Sebastián era la denominada de San José y Nuestra Señora del Sagrario, propiedad desde al menos los años cuarenta del Seiscientos de la familia portorrealeña de los Hurtado, así como de otros linajes entroncados con ellos. Pero en el año 1759 se constituiría en la Villa de Puerto Real la Orden Tercera de Servitas, y desde entonces comenzamos a tener conocimiento de un nuevo espacio en la Prioral: la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores. Analizada la función sepulcral de este templo observamos con mayor detenimiento esta capilla, de la que en estos párrafos nos detendremos ahora solamente en indicar que en el año 1761 este espacio carece de cripta inferior, y que ya en dichos entonces poseía un altar con la imagen de María Santísima, tal como podemos apreciar gracias a la información proporcionada por el testamento de doña Manuela Arnaud, esposa de don Francisco de la Rosa y Levazor, tercer conde de Vega Florida[1].

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Lo que sí se nos plantea como una cuestión aún abierta es aprehender el motivo por el cual, existiendo una Capilla Sacramental en la Prioral (la ya citada de los Hurtado), se decidiría transformar la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, a finales del siglo XVIII, con vistas a convertirla en la nueva Capilla del Sagrario, máxime cuando el proyecto de la nueva Capilla del Sagrario arrancaría supuestamente en el año 1782, y aún en 1787 la actividad en la antigua Capilla Sacramental es normal (sigue abierta al culto, se acaban de recomponer sus ornatos por ese entonces, se producen sepulturas en su bóveda, como era lo habitual…).

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En cualquier caso, esta capilla de los Servitas experimentaría una gran transformación que la llevaría a convertirse en la nueva capilla Sacramental, aunque las obras de la misma habrían de dilatarse en el tiempo durante más de medio siglo; sería éste, como venimos apuntando, el último gran cambio estructural que se añadiría a la original imagen y forma del templo. El proyecto sería realizado por Torcuato Benjumeda, autor de otras relevantes obras en la localidad[2], en el año 1782, y en sus inicios sería llevado a cabo, de acuerdo con Antonio Muro Orejón, por el maestro alarife Antonio Ruiz Florindo[3]; el proyecto inicial debió ser respetado aun a pesar del dilatado período de tiempo empleado en su ejecución; la estructura es de planta cuadrada cubierta por una gran cúpula sin linterna que se asienta sobre cornisa dentada y pechinas, alternándose en la misma los vanos y ventanales, empleándose una decoración pictórica vegetal y contándose con espejos en las pechinas sobre las cuales se dispone el gran casquete semiesférico; en su testero se abriría un elegante camarín, notable ejemplo de transición del Barroco al Neoclásico[4].

Cúpla de la Prioral de San SebastiánLos adversos acontecimientos que se abaten sobre la Real Villa durante la primera década del siglo XIX (con la conocida epidemia de fiebre amarilla de 1800, seguida al poco por los devastadores efectos de la invasión de las tropas napoleónicas, que ocuparon la localidad entre 1810 y 1812 en el contexto de la Guerra de la Independencia) sumergirían a todos los sectores del cuerpo social portorrealeño en una profunda crisis, de la cual la población habría de tardar no pocos años en salir, y aun así, no volviendo a alcanzar nunca (a lo largo del Ochocientos) el alto grado de prosperidad que viviría la Villa durante el así llamado Siglo de las Luces.

La ruina del municipio (de su economía y de su proprio casco urbano, en buena medida víctima de la ocupación francesa) conllevaría la lógica paralización de las obras que se estaban acometiendo hasta esos momentos, especialmente cuando se trataba de proyectos de tanta envergadura como la construcción de la nueva Capilla Sacramental de la parroquia, dotada de una singular estructura, como aún hoy podemos admirar. No sería hasta el año 1844 cuando se retomase la intención de reanudar las obras de esta capilla, en buena medida gracias a la intervención del canónigo don José María Yanguas y Soria, quien con su dinero y sus relaciones fue capaz de implicar en la iniciativa a los estamentos civiles y eclesiásticos de la localidad, con el fin de concluir lo que se había iniciado décadas antes, todo ello bajo el amparo y protección del por entonces obispo de la sede gaditana fray Domingo de Silos y Moreno.

En la tarde del domingo 7 de julio de 1844 las obras de este inconcluso espacio sagrado, que habían quedado paralizadas durante tantos años, volverían a reemprenderse, tal como aparece en esta misiva que sería enviada por el Cabildo portorrealeño a los miembros más significativos de la sociedad local de aquel momento:

         ...debiendo bendecirse en la tarde de este día los primeros materiales que van a servir en la obra que se inaugura nuevamente en la Capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores junto a la Iglesia Prioral, el Ayuntamiento constitucional de común acuerdo con el clero ha convenido prestar su asistencia, en cuyo acto quedan secundados los deseos religiosos del Excmo. Sr. Obispo de esta Diócesis. Y para su mayor lucimiento convida a V.E. para que tenga a bien asistir a la dicha Iglesia Prioral a las 5 ½ de la tarde para la procesión y solemne acto que ha de celebrarse en ella a la hora de las 6 en la bendición expresada, uniéndose a la corporación municipal…[5].

Esta misma carta la recibieron …para convidar a los individuos del Pueblo que constan a continuación…, las siguientes personas (sic)[6]:

D. José San Juan, Teniente General                     D. Pedro María Ugarte

P. Juan Gómez de Ostos                                          Antonio Ysasi

Fernando Guerra de la Vega                                  Marqués de la Hermida

D. Francisco Lerdo                                                    D. José Ardizony

P. José María Carrión                                                D. Luis G. Laguna

Antonio Camacho                                                     P. Juan Coll

Francisco Olivar                                                        Ramón Sánchez

P. Luis Romero Recio                                                Francisco Javier Romero Recio

Ramón Romero Recio                                              P. Juan Jerez

P. Andrés García Miranda                                        P. Manuel Loreto

Blas Caballero                                                          José Linares

P. José Rafael de Ostos                                           P. Francisco Barca

Juan Cacho                                                                         José Terán

José de Goyena                                                         P. José Cortés

D. Hipólito Abela                                                      Prudencio Tadio Delgado

Francisco Guerra de la Vega                                  José Guerra de la Vega

José Garriga                                                               P. Sr. Magistral de Cádiz

P. D. Antonio María Cortazar                                   Pedro Nolasco de Soto

P. José San Román                                                    Juan Valdés

Juan Ruiz de Somaría                                               Vicente Goyena

Antonio Escudero                                                     José Preysler

Sr. Administrador de Correos                                 D. Manuel Echevarría

Felix Rosi                                                                   Ramón Cozar

Juan Schaw                                                                        Sr. Cónsul de Rusia

La celebración se realizaría dicha tarde dominical es de contar que con la asistencia de la mayor parte de las personas a las que se dirigió la misiva, y del resto de la población, cobrando esa tarde veraniega tintes festivos. El siguiente martes, 9 de julio, se leería en el Cabildo local un oficio del antedicho don José María Yanguas y Soria que reza como sigue:

         …en vista de un oficio del doctor D. José María Yanguas y Soria, su fecha de ayer, transcribiendo el del Exmo. Sr. Obispo de esta Diócesis, aprobando el que se contiene la obra de la Capilla de Nra. Sra. de los Dolores por todas las razones que expresa, y recomendando se invite al Sr. Alcalde y Ayuntamiento para que con su celo y piedad hagan se lleve éste a efecto, lo que en nombre de su Excelencia lo hace el referido Sr. Yanguas como interesados en las glorias y ornatos de esta Villa, haciendo al mismo tiempo relación de la fiesta celebrada en la tarde del Domingo siete del actual para la bendición de dicha obra, el Ayuntamiento enterado de todo acordó haber oído con satisfacción la citada comunicación y que desde luego se conteste que está dispuesto por su parte a cooperar cuanto sea posible para que se realice tan religioso como laudable pensamiento…[7].

En este documento se aprecia cómo se entiende que el buen fin de la empresa se derivaría del compromiso de las instituciones civiles y religiosas de la Real Villa; para una mejor inteligencia de la cuestión, recogemos a continuación la carta que el obispo de Cádiz, fray Domingo de Silos y Moreno, a través de don José María Yanguas y Soria, impulsor de las obras, canónigo de la Catedral de Cádiz, y residente en la Real Villa, dirigiría tanto a la persona del citado canónigo, como al Cabildo portorrealeño y sus vecinos:

            …Gloria a Dios. Loor a Jesús. Honor a María.

El Excmo. Sr. Obispo de esta Diócesis se ha dignado dirigirme la carta que copiada a la letra dice así:

Sr. D. José María Yanguas: Y de toda mi estimación; con la misma he recibido la exposición de Vd. fecha de ayer en que me manifiesta su heroica resolución, que le ha inspirado Ntro. Sr. de promover la obra comenzada de la Capilla de María Santísima de los Dolores en la Iglesia Parroquia de esa Villa, dando principio a ella con arrancar, con sus propias manos, un ladrillo del tabique que cerraba la entrada del Camarín, haciendo lo mismo el Sr. Ignacio de Rojas, Alcalde Constitucional de esa Villa, el Sacristán de la Parroquia, y trabajando también los monaguillos en desembarazar la escalera de piedra que conduce al Camarín, despegándola de la madera que tenía, entregando Vd. enseguida en el mismo Camarín cien (…) al Sr. Alcalde para que empezasen a trabajar en la misma tarde de ayer, ofreciendo otros cientos en lo sucesivo y para el mismo objeto Vd. da por comenzada ya la obra con los referidos actos y que mi aprobación, y que desde aquí en el nombre del Señor bendiga tan precioso y santo celo en concluir la peculiar habitación para Ntro. amable Jesús presente en el Augusto Sacramento del Altar y para su Madre Stma. compañera inseparable en sus desamparos, en sus terribles tormentos en una Cruz en medio de dos ladrones para borrar el fatal decreto de condenación de todo el género humano. ¿Y cómo habría yo de titubear ese momento de bendecir y aprobar ese rango de religión en medio de tantos que prueban el desprecio que hacen de ella (miserables hijos ingratos de la Iglesia)? Con el mayor gozo de mi corazón extiendo mis manos al cielo y hacia esa obra para que el Dios de ese mismo cielo la proteja y haga con su admirable providencia se acabe lo que ya ha comenzado; y después de dar a Vd. las gracias como Jefe que soy, aunque indigno, de la Iglesia Gaditana y al Sr. Alcalde por su prontitud en prestarse a influir en la conclusión de esa nueva Capilla, concedo desde ahora 40 días de indulgencia a todos los fieles que cooperen a ella, sea con sus limosnas por pequeñas que sean, en dinero o en otra cualquiera cosa que lo valga o puedan servir para la obra, a los que trabajen gratuitamente por cualquier espacio de tiempo en la misma, y generalmente a todos los que influyan de un modo o de otro, en lo que no dudo será del agrado del Señor cuantas veces lo hicieren y con el fin de que la obra se haga con el esmero que de lujo encaje, y que no se desvíe del buen gusto justamente apetecido por el Gobierno (…) para que cuiden se ejecute arreglándose al plan que debe existir aprobado por la Academia de San Fernando; como también para que lleven una cuenta exacta de cuanto se reciba y gaste, y quede el Pueblo satisfecho de la pureza con que se manejan cuantos arbitrios se destinasen a ella; invitando como invito al Sr. Alcalde Constitucional y a ese Iltre. Ayuntamiento a que con su influjo de la manera que le dicte su celo y piedad, hagan se lleve a cabo la mansión de Jesucristo y su Stma. Madre, que ha tantos años se halla paralizada, experimentando los rigores del tiempo, que todo lo consume, teniendo presente que de esa manera se fomentará la devoción y se alimentarán muchos pobres con el trabajo que les ha de proporcionar. Yo había pensado a pesar de hallarme comprometido en una obra solamente proporcionada al poder de Dios y su providencia, lo mismo que Vd. y ese Sr. Alcalde han empezado, más el estado de ese Pueblo y lo excesivo que me parece el caudal necesario a una obra que no entraba en mis cálculos pudiera ser tan costosa, me hizo desistir de la empresa, pero ya que Dios ha suscitado quien no se amedrente con esas dificultades me ofrezco desde ahora por todos los medios a mi alcance contribuir con lo que permitan las limitaciones y facultades que estén a mi disposición. Y deseando se exciten los fieles con las patéticas ceremonias de que será la Iglesia en las nuevas obras destinadas al culto del Sr., si bien al empezar esa, se ejecutarían según dispone el santificar y ritual, accedo a que Vd. mañana Domingo 7 del corriente por la tarde bendiga en el recinto de la Capilla nueva una parte de cualquiera de los materiales que se han de emplear en ella, prometiéndome que el Sr. derramará desde el cielo con esa bendición raudales de bondad propia de su admirable providencia y máxime cuando al parecer escasean los medios humanos (…) El prelado venerable invita al Sr. Alcalde y a Vds. que se influya de la manera que le dicte su celo y piedad, hagan se lleven a cabo la mansión de J. C. y su Sra. Madre. Ya han dado Vds. un edificante ejemplo asistiendo en cuerpo a la devota procesión celebrada la tarde del Domingo para bendecir la obra por mis manos, y sacando los Sres. Vicario y Alcalde dos espuertas de escombros que ellos mismos llenaron con azadas para que el clero y el Pueblo a quienes representan contribuyan a la terminación de esta piadosa obra.

No es sólo la religión la que se interesa en terminarlas, es el aspecto desfigurado con la mole de un torreón informe ante la puerta más concurrida de su Iglesia Prioral; es la pobreza de honrados trabajadores, que hallarán pan y el sustento para sus familias en esta obra; es la hermosura y el ornato de esta graciosa población, que aumentará sus bellezas dando a conocer una fábrica de exquisita arquitectura, ricos materiales y finísimo gusto que se halla hoy no sólo desconocida, sino devorada por los temporales, y que añadiría una alhaja al valor de esta empobrecida Villa (…) Interesado yo en sus glorias y ornato, ya como hijo de este Pueblo, ya como Vicepresidente de la Academia de las nobles artes titulada de Sta. Cristina en Cádiz, exhorto a Vds. a cooperar ardientemente a la terminación de la obra y lo espero así de su civismo y mucho más de su acrisolada religiosidad.

Dios que Vds (…) Puerto Real, 8 de julio de 1844.

Firmado: José María Yanguas.

A modo de muy breves conclusiones extraídas de la lectura de estas cartas señalaremos cómo de un lado vemos que las obras habían quedado paralizadas durante años, antes de ser finalmente reanudadas gracias a la iniciativa del canónigo Yanguas; observamos cómo desde la redacción del proyecto de la obra (que pudiera encontrarse en la Academia de Bellas Artes de San Fernando), se consideraba como una construcción de exquisito gusto, adaptada a los valores estéticos de comienzos del siglo XIX; igualmente se aprecia cómo el prelado Silos declina apoyar económicamente la ejecución de la nueva capilla, no obstante lo cual anima al pueblo portorrealeño (a través de esos cuarenta días de indulgencias) a contribuir como buenamente pueda cada uno a la construcción de la capilla, obra que, además, serviría para remozar el acceso al templo desde el atrio que representa la portada lateral de la nave de la Epístola.

REFERENCIAS:

[1] AHPC. Protocolos notariales, sec. Puerto Real. L. 80, f. 79.

[2] La labor de este arquitecto gaditano se deja sentir en varios edificios de la localidad, no sólo en la Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, caso de otro edificio religioso, como la Iglesia de Jesús, María y José (San José), cuyos planos fueron elaborados por Torcuato Cayón y Torcuato Benjumeda, o el mercado de abastos, uno de los más antiguos de España que sigue cumpliendo su original función, edificio civil cuyo proyecto corrió a cargo de dicho arquitecto.

[3] MURO OREJÓN, A.: Puerto Real. Entre el pinar y la mar. Caja de Ahorros de Cádiz. Serie Costumbres. Nº 1. Cádiz, 1983, pág. 232.

[4] Tanto esta descripción como la fecha del proyecto realizado por Torcuato Benjumeda han sido tomados del políptico editado con motivo del cincuentenario de la reapertura del templo, en 1996 (PARODI, M. J. y ALCEDO, J. M.: Iglesia Prioral de San Sebastián. Cuatro siglos de Privilegio Real. Concejalía de Turismo del Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real. 1996).

[5] AHMPR. Correspondencia. A 232.

[6] AHMPR. Correspondencia. A 232.

[7] AHMPR. Actas Capitulares. L. 39, f. 86.

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