Una de las cuestiones de nuestra Historia de la que como portorrealeños somos conscientes es el hecho cronológico de nuestra antigüedad como sociedad, como conjunto social, como ciudad, el tiempo que nuestro pueblo acumula a las espaldas. Sabemos de sobra que Puerto Real fue fundada en 1483 por los Reyes Católicos, si bien el impulso repoblador de este ámbito de la Bahía vendría en realidad de la mano de Isabel I de Castilla, ya que éste era territorio castellano, más exactamente del Reino de Sevilla, que fuera conquistado por Fernando III en 1248; este remanente costero del Reino hispalense (las costas atlánticas gaditanas, en el caso que nos ocupa) sería finalmente incorporado a Castilla por el hijo y sucesor del Santo Rey, el Rey Sabio, Alfonso X (de tan aciago final), en los años sesenta del siglo XIII.

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Isabel "La Católica". Anónimo Flamenco. Siglo XV.

Isabel “La Católica”. Anónimo Flamenco. Siglo XV.

Puerto Real, así pues y como es bien sabido por todos sus hijos y vecinos, fue fundado como Villa de Realengo en el año 1483 por la Corona de Castilla, en el que sería uno de los últimos episodios de la ingente labor de Repoblación de sus tierras llevada a cabo por el reino castellano en época medieval. Isabel y Fernando sancionaron en junio de dicho año en la ciudad de Córdoba (donde se encontraban a resultas de la campaña de Granada) la Carta Puebla de la localidad, en la que se señalaba que esta puebla tendría estatus de Villa, y sería dependiente sólo de la Corona (es decir, estaría libre de señorío nobiliario). En el contexto de la guerra de Granada, que conduciría a la conquista del reino nazarí a principios de 1492 por Castilla, la reina Isabel trataba de reforzar su control sobre una costa, la del Golfo de Cádiz, tierra de frontera precisamente por su naturaleza litoral (frontera acuática con África, pero también con Portugal…) y que se encontraba mayoritariamente en manos de una u otra Casa nobiliaria, caso de los Ponce de León, los de la Cerda o los Guzmán.

Uno de los elementos y recursos que Castilla diseña y trata de poner en funcionamiento de cara al refuerzo de dicho control estatal sobre estas tierras y aguas fronterizas sería precisamente la creación de un espacio propio del Estado en este ámbito, mediante la fundación de espacio administrativo y jurídico propio, de una Villa de Realengo en pleno corazón de la Bahía de Cádiz, toda vez que el Estado castellano había perdido (a consecuencia de su propia debilidad como resultado de los avatares políticos que sucedieron a la muerte de Pedro I -que pasaría a la Historia con el sobrenombre de “El Cruel”- y que protagonizarían los dos primeros tercios del siglo XV) el control sobre la isla gaditana pocos años atrás a favor de los Ponce de León, condes de Arcos y, por entonces, señores de Cádiz.

El hito histórico de la Fundación de la Villa en 1483 es un hecho conocido por la mayoría de los portorrealeños gracias a la notabilísima labor desarrollada por el gran historiador de Puerto Real, el profesor Antonio Muro, incansable investigador y divulgador de la Historia de la Villa, a quien debemos el contar con una Historiografía propia, con una Historia local reconocible como tal, ya que fueron su impulso y su semilla (germinada en no pocos epígonos en los años 70 y 80 del siglo pasado, inicialmente). El profesor Muro fue un incansable divulgador de nuestra Historia local, publicando en medios de prensa y revistas de ámbito local y provincial, y contribuyó enormemente a la difusión del conocimiento de nuestra Historia en la generalidad de los lectores y paisanos de la Villa.

Como sabemos, la Historia del poblamiento humano en las tierras que hoy conforman el territorio y término municipal de Puerto Real arranca mucho, muchísimo antes de la fecha de 1483: el poblamiento humano en este solar de la Bahía gaditana presenta sus huellas primeras ya en época prehistórica, de lo que dan fe yacimientos arqueológicos como el de El Retamar, mientras los numerosos yacimientos romanos del término, por su parte, dejan constancia de la relevancia de estas tierras en dichos momentos; igualmente, es de señalar que la Sarrana medieval islámica (heredera de la Sacrana romana y antecedente en el tiempo del actual Barrio de Jarana) refuerza la solidez del hilo conductor de la presencia humana en el moderno término municipal portorrealeño desde la más remota Antigüedad hasta la época de la Fundación de la Villa…, períodos en los que no existía la Villa de Puerto Real como hoy la conocemos.

Rodrigo Ponce de León. Marqués de Cádiz y Conde de Arcos.

Rodrigo Ponce de León. Marqués de Cádiz y Conde de Arcos.

La geoestrategia y la necesidad de fortalecer la presencia directa del estado en el ámbito del Golfo de Cádiz y de los aledaños al Estrecho de Gibraltar serían algunas de las causas más poderosas para que lo que hasta entonces habrían sido poco más que unas alquerías y pagos dispersos, como las de Sarrana (el moderno Barrio de Jarana) y Rayhane (a la que habría que buscar quizá en la zona de El Marquesado, quizá en el ámbito de San Fernando, en torno al castillo de San Romualdo), El Trocadero, La Matagorda, La Cabezuela o La Argamasilla, dependientes de Jerez de la Frontera, fueran reunidos, dotados de entidad común y de término propio bajo la denominación de su propia naturaleza: Puerto Real, decidiéndose repoblar la zona muy probablemente apoyándose sobre una de dichas alquerías, al tiempo que se le proporcionaba entidad administrativa y jurídica mediante una Carta Puebla que asentaba definitivamente (al menos sobre el papel, pues habrían de venir décadas de pleitos) su independencia y entidad.

En estos primeros momentos se asientan algunas de las bases esenciales de la naturaleza y el futuro desarrollo de la Villa: su traza urbana en damero (ortogonal o hipodámica), la construcción de la Iglesia Mayor, el título de Prioral de la misma y su vinculación con San Sebastián, patrono de la Villa, el control sobre los accesos a la población, como el Puente de Suazo o la barca del Río San Pedro, la pertenencia a su término de El Trocadero, hasta entonces puerto marítimo de Jerez…

La Fundación de la nueva puebla, de la real Villa de Puerto Real, debe encuadrarse además en el proceso de consolidación de los estados modernos, en el tránsito de la Edad Media a la Modernidad en una Europa que se desborda de sus fronteras físicas, intelectuales e ideológicas tradicionales para dar paso a un proceso de construcción de imágenes y estructuras nuevas, consecuencia de las transformaciones espaciales, económicas, políticas y culturales de un mundo, el continente europeo de la época, que ha incorporado (o está a punto de incorporar) el Atlántico, el Índico, el Nuevo Mundo, las costas africanas, la India y el Lejano Oriente a sus horizontes referenciales, a su marco conceptual de referencia, una Europa que se asoma al Renacimiento y que asiste además a la fragmentación de la unidad religiosa como consecuencia de la Reforma Luterana y a la multiplicación de las posibilidades de difusión del conocimiento merced a la invención de la imprenta por Gutenberg, sin perder de vista el impacto que la primera Vuelta al Mundo (el Viaje de Magallanes-Elcano, 1519-1522 –saldría a la mar desde Sanlúcar de Barrameda para volver tres años después al mismo punto) habría de causar de cara a la reconsideración de las dimensiones y globalidad del Mundo a principios del siglo XVI.

Enrique IV de Castilla, por Jorg Von Ehingen.

Enrique IV de Castilla, por Jorg Von Ehingen.

En dicho contexto histórico general se produce el fin de la Reconquista, con la incorporación del reino nazarita de Granada a la Corona de Castilla. El estado castellano, reforzado en sus estructuras tras el período de relativa inestabilidad conocido en los años del reinado de Enrique IV, hermano y predecesor de Isabel I, dará forma a nuestra población en el año 1483 impulsado, como apuntábamos en los precedentes párrafos, por razones estratégicas territoriales y políticas: entre éstas, debemos destacar el reforzamiento de las fronteras meridionales de Castilla (con la creación de un enclave estatal costero), en una zona doblemente fronteriza, frente a Granada y al Norte de África, de una parte, y el reforzamiento del poder regio frente a la presencia señorial en el ámbito de la Bahía de Cádiz.

La Fundación de Puerto Real se inserta, además, en el proceso general repoblador que llevaría a la paulatina ocupación de las tierras conquistadas por los reinos de Castilla (y León) desde la primitiva frontera del Duero hasta las tierras del Guadalete, entre los siglos X y XV. No se trata, pues, de un hecho aislado: si lo consideramos desde una perspectiva de amplio radio, se inserta en el fenómeno repoblador castellano mencionado supra; contemplado en su contexto cronológico inmediato, obedece a motivaciones geoestratégicas claras y de doble naturaleza: externas (las relativas a las fronteras estatales) e internas (las relativas al reforzamiento del poder real frente a la nobleza), todo ello en un ámbito litoral, el Golfo de Cádiz, que conformaba una frontera acuática con el reino de Granada (con el que también mantenía una frontera terrestre, la última peninsular entre cristianos y musulmanes) y el Mahgrib Al-Aksa (el actual Norte de Marruecos), pero también con otro reino como el de Portugal, algo a no olvidar, y que se encontraba mayoritariamente en manos de una u otra Casa nobiliaria, como los Ponce de León, los de la Cerda (de sangre real directa) o los Guzmán, los grandes potentados del Círculo del Estrecho en estos momentos. Es bien sabido que uno de los motivos principales que llevan a Castilla al refuerzo del control estatal sobre estas tierras y aguas de frontera sería el de favorecer la creación de un espacio estatal en este entorno, mediante la fundación de un espacio administrativo y jurídico propio, de una Villa de Realengo, en el núcleo de la Bahía de Cádiz, ya que Castilla había perdido el control sobre la ciudad de Cádiz, que estaba por entonces en manos de Rodrigo Ponce de León, “el Viejo”.

Una de las razones que sirvieron como detonante último de cara a materializar la Fundación regia sería el doble intento realizado -precisamente- por los Ponce de León desde Cádiz para llevar a cabo una fundación propia (señorial) en tierras del actual término portorrealeño, en el ámbito de La Matagorda, en los años 1480 y 1481, entonces pertenecientes (como el conjunto del actual término municipal portorrealeño) al alfoz de Jerez de la Frontera. Estas intentonas señoriales, que llevaron a vecinos de Cádiz a intentar asentarse y establecerse en tierras de la actual villa de Puerto Real fueron rechazadas (casi manu militari) por el Concejo de Jerez, y el ruido que crearon llevó a la Corona castellana a decidirse por crear un lugar propio en la costa de la Bahía de Cádiz, previniendo de tal modo la extensión -a costa del territorio de realengo, es decir, del Estado- de los dominios señoriales en este espacio (como era la intención de los Ponce).

La Fundación de la Villa de Puerto Real, pues, es cualquier cosa menos una anécdota; cuenta con razones poderosas de naturaleza geoestratégica, de gran escala y de escala local, se inserta en un mecanismo (el repoblador) que los reinos cristianos peninsulares (como Castilla) practicaban desde medio milenio atrás, y sirve para reforzar el poder estatal (las tendencias modernas en la época) frente al señorial (en el que se condensan las tendencias medievales del momento, en su ocaso).

La reintegración de Cádiz a la Corona a la muerte de Rodrigo Ponce de León, poco después de la Fundación de la Villa, así como los largos pleitos por la independencia sostenidos con Jerez de la Frontera (desde una posición de relativa debilidad propiciada además por la mencionada vuelta de Cádiz al control estatal con la consiguiente y relativa pérdida de interés del Estado por una Villa emancipada cuyas funciones podían desempeñarse desde la propia Cádiz), que no habrían de resolverse hasta mediados del siglo XVI (más de sesenta años después de la Fundación) llevarían a Puerto Real a mantener un papel menor del que el destino parecía tenerle inicialmente reservado; un papel menor y muy ligado a Cádiz (dos realengos en medio de señoríos) durante toda la Edad Moderna.

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