Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la puertorrealeña María Rosa Sánchez de Medina Contreras, hija de la recordada escritora Paula Contreras —conocida en Puerto Real como Doña Paquita—, reflexiona sobre la presencia y el papel de las mujeres en la obra literaria de su madre. A través de un recorrido por algunos de sus personajes más emblemáticos, la autora invita a redescubrir una narrativa profundamente humana, donde las mujeres aparecen retratadas con realismo, sensibilidad y una gran comprensión de las circunstancias sociales de su tiempo.
El texto que sigue es una mirada personal y emotiva a ese universo literario, en el que las protagonistas femeninas —diversas, complejas y profundamente vivas— reflejan tanto las dificultades como la fortaleza de generaciones de mujeres. Una lectura que conecta literatura, memoria y reivindicación en una fecha especialmente significativa.
Recientemente he tenido ocasión de contemplar la Ruta Teatralizada de Paula Contreras en Moriles y puedo decir que, aun habiendo leído y saboreado muchas veces sus obras, me he emocionado al ver a los distintos personajes cobrando nueva vida y recreando el ambiente de sus historias.
Recuerdo que la noche anterior a la presentación de su legado en la Web Municipal de Puerto Real también sentí, con gratitud y emoción, cómo la obra de Paula se hacía más accesible y sus personajes nacían a una nueva luz.
Aparecían ante mí sucesivamente: El Tole – “un hombre va por la carretera” – siempre en camino, tan atractivo, tan libre; luego, María, su madre, que fue una preciosa niña en Historias de un pueblo sin historia, llena de ternura, de largas esperas, de sufrimiento y de amor; con mucho amor también Morachita, una mujer bellísima, que nunca encontró el suyo y que, entregada a una vida disipada, escondía la inocencia de su infancia, como así la veía don Emilio, el cura, personaje amable y evangélico. Aparecían también el señor Pedro y la señora Ana, generosos, abriendo su habar para saciar el hambre de tantas personas ; la hija de La Chavala, tan desgraciada, aislada de todo el mundo, como una cabrilla trepando por los riscos, sin ir al colegio, y que se encuentra acogida por la joven maestra que llega al pueblo, un personaje en el que encontramos guiños autobiográficos de Paula ; también los hay , sin duda, en la niña Rosita, de Moriles, trazos de su historia, que corretea libre por los campos, que ama la naturaleza, inventa cuentos y, cuando va la escuela, quiere ser ella también maestra ; recordé a la encantadora mujer de Maoliyo, Aurora, que no quería vender su campito para una base militar en Americanos en Rota; a Florentina, la joven víctima del rico del pueblo en Una aventura sin importancia, conmovedora, durísima novela; a Carmen, la enamorada de Puerto Real en El brujo del tiempo. Pensé en Mariflor, Pepona y Pili, personajes de La botica de la calle de La Plaza a las que el hambre y la necesidad de los años 40 llevaron por unos caminos no deseados; y en Ana, protagonista de esta misma novela, que presencia y observa realidades muy duras desde la rebotica, sin juzgar ni moralizar, con un corazón inmenso…
¿Cómo trata Paula el tema de la mujer? Me preguntaba un buen amigo últimamente. Para contestarle – le dije – haría falta un profundo trabajo de investigación, cualquier respuesta rápida sería demasiado simple y no válida. Solo como posibles pistas podría contestar que ella escribe desde una perspectiva realista, creando personajes femeninos muy variados, con una visión amplia y asumiendo la complejidad de cada una y las circunstancias de la vida.
Su mirada es respetuosa, inmensamente comprensiva y también reivindicativa en temas muy dolorosos, que lamentablemente perviven. Creo que toda su obra está escrita con esta mirada pero contemplarla así, deteniéndonos en el tema de la mujer, sería sumamente interesante y podría hacer mucho bien a otras personas, a otras mujeres.
Rosa Sánchez de Medina Contreras





