Pomponio Mela, tratadista romano de época altoimperial, natural del actual Campo de Gibraltar pues nació en la romana Tingintera, o “Tingis altera”, fundación norteafricana en este lado europeo del Estrecho (del “Fretum Gaditanum”) que tiende a ser identificada con Tarifa, aunque lo ha sido igualmente con otros emplazamientos humanos, como la moderna localidad de Algeciras, nos habla en su obra (De situ Orbis, también conocida como Chorographia) acerca de la realidad de nuestras costas, esto es, del ámbito atlántico de la actual provincia de Cádiz, sólo que lo hace casi un par de milenios antes de que existiera la propia provincia gaditana tal y como la conocemos hoy en día.

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La información de diversa naturaleza proporcionada por el tingenterano resulta de especial interés, ya que se trata, a todas luces, no sólo de una redacción de primera mano, sino de la versión de la realidad que nos brinda un nativo de esa misma zona que retrata, con lo que es de presumir su acribia y, en este mismo sentido, su capacidad de verter en sus escritos de manera veraz y directa aquello que tan bien conoce. Apuntaremos algunas de esas referencias de nuestro “paisano” gaditano de hace siglos, para detenernos con más detalle en las mismas en páginas y párrafos sucesivos.

El Mundo en Vela. Mapa Veneciano de 1482.

De este modo que venimos señalando, con la presteza y oportunidad de quien escribe de lo que conoce directamente, Mela en su Chorographia (III.3-4), describe la costa del Golfo de Cádiz y menciona el Portus Gaditanum y el bosque Oleastrum; en II.7.97, y en esta misma línea descriptiva (y sin apartarse del contexto físico), menciona igualmente a la “isla de Gades”.

En El libro III, capítulo 1 de su obra nos habla el tingenterano del efecto de las mareas del Océano, y describe (aun indirectamente) cómo eran [y son] las mareas por aquí, un fenómeno que habría de resultar cuando menos curioso para un público mediterráneo, como el romano, que por tal, no estaría acostumbrado a la periodicidad de los flujos y reflujos mareales (característica oceánica de escasa entidad en el Mediterráneo) y que podría recibir tal noticia como una verdadera curiosidad no exenta de una notable carga “exótica”.

En III.46 habla del “brazo de Mar en Gades”, esto es, el hoy llamado Caño de Sancti Petri: según la traducción, ya clásica, de A. García Bellido (en su monografía, La España del siglo I de nuestra Era…, Madrid, ed. de 1987), el texto dice: “…cerca del litoral que acabamos de costear en el ángulo de la Baetica se hallan muchas islas poco conocidas y hasta sin nombre; pero, entre ellas, la que no conviene olvidar es la de Gades, que confina con el Estrecho y se halla separada del continente por un pequeño brazo de mar semejante a un río…” (García Bellido dice precisamente en la nota 149 de la obra citada de su autoría que esta referencia meliana trata del actual caño de Sancti Petri).

Monumento a Lucio Cornelio Balbo Minor en Cadiz.

Mela en su Chorographia, III.47 menciona asimismo una isla “Erythia” en Lusitania, “mansión de Geryones”, en lo que representa un caso paralelo o incluso una confusión con Gades, con la isla Eriteia del archipiélago gaditano de la Antigüedad.

Como vemos, el hispano-romano Mela, bético, natural de la antigua Tarifa-Tingintera, presenta en su obra, la Chorographia, un retrato fijo de algunos hitos del paisaje gaditano hace casi dos mil años. Muestra algunas referencias que no han de ser entendidas como capricho del autor, sino como elementos con la suficiente consistencia, carácter y entidad como para ser referenciados y tratados a se en el texto meliano.

Entre otras menciones, y junto a la clásica mirada sobre la isla de Gades, nos interesa en estos párrafos la referencia meliana al contexto más inmediato al término municipal actual de la Villa de Puerto Real; en este sentido, contamos con el apunte que formaliza el tingenterano en su Chorographia (III.3-4), cuando describe la costa del Golfo de Cádiz y menciona de manera específica el Portus Gaditanum y el bosque Oleastrum.

Hemos de contemplar esta referencia con independencia del emplazamiento real que pudiera tener el portus que Balbo el Menor hizo establecer “en la tierra firme frente a Gades” (de acuerdo con las palabras de Estrabón), el Portus Balbus o Portus Gaditanus, que tradicionalmente ha venido siendo identificado con el emplazamiento de la actual Puerto Real; y es de señalar que resulta notable (literalmente: digno de ser notado y digno de nota) que ambas realidades (el romano Portus Balbus-Gaditanus y la medieval Puerto Real) respondan al mismo concepto: un puerto en tierra firme que, de una u otra forma estuviera relacionado, en primera instancia, con la metrópoli de la Bahía, Gades-Cádiz, y de otra parte, que estuviera igualmente relacionado con la campiña de la Bahía -sirviendo así de nexo y enlace entre la metrópoli insular y el retroterra de la Bahía; finalmente, este puerto auxiliar del gaditano (que la Corona de Castilla concebirá como principal a consecuencia de las circunstancias de finales del siglo XV: unas “circunstancias” que se traducen en que Cádiz ha sido arrebatada a la Corona por una casa nobiliaria en el remolino de la guerra civil entre Enrique IV y sus hermanos, el frustrado Alfonso XII y la -finalmente- triunfante Isabel I) será un elemento principal y referencial en el ámbito portuario y de la construcción naval en la Bahía de Cádiz hasta nuestros mismos días, cuando el Bajo de la Cabezuela y los Astilleros de mayor envergadura siguen estando en territorio de Puerto Real.

El Mundo según Pomponio Mela.

La mención del “Bosque Oleastro” que asimismo nos brinda el de Tarifa (Chor., III.3-4) viene a significar otro elemento referencial en el contexto de la Bahía de Gades en la Antigüedad: se trata no sólo de un bosque de acebuches, sino de un bosque sagrado, de un espacio religioso, de un elemento que trasciende de los parámetros que hoy podamos aplicar a lo que concebimos como “Medio Ambiente” y que ingresa de lleno en el terreno de lo divino.

Ese bosque de acebuches, consagrado a la divinidad, forma parte de ese espacio de lo sagrado que tiene en la Bahía varios elementos tradicionalmente conocidos, desde templos como los de la islas mayor y menor del archipiélago gaditano, como el de Melqart-Herakles o el Kronion-Saturnion, o el de Juno, hasta, en correspondencia a dichas estructuras sacras, pero ya en el espacio de la tierra firme inmediata, de la media luna que conforma el arco de tierra firme de la Bahía, el espacio ocupado por ese “templo abierto”, por el “lucus”, por el bosque sagrado (¿cuántos ejemplos de bosques sagrados y míticos conocemos en nuestra memoria remota, desde las mitologías centroeuropeas hasta las mediterráneas…?) de acebuches, por el Oleastrum mencionado por Mela, buena parte del cual se encontraría nada más y nada menos que en el antiguo territorium hoy ocupado por el moderno término municipal de Puerto Real.

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