La Historia particular de las ciudades (y muy especialmente lo que se refiere a la construcción del imaginario colectivo de ese crisol de las sociedades humanas que son los núcleos urbanos) no sólo se sustenta sobre los hechos constatados y contrastables (merced a la documentación histórica, por ejemplo), sino que en la común identidad y el desarrollo del relato del pasado de todo asentamiento humano (como es nuestra Villa de Puerto Real) cuentan con un enorme peso específico -mucho- las tradiciones, la memoria colectiva, el imaginario general y los lugares comunes asentados (con no poco arraigo) en el subconsciente colectivo desde las brumas del pasado.

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Uno de los lugares comunes (de los tópicos, incluso, si se quiere) de nuestra Historiografía local portorrealeña (precisamente el que viene a centrar nuestro interés y nuestra atención en las presentes líneas) es el que guarda relación con la presencia (en su día) en las calles de nuestra Real Villa de una de las figuras más relevantes de la Historia de la Humanidad (y ciertamente no estamos exagerando en absoluto), esto es, del Almirante Cristóbal Colón, a quien –a pesar de todas las controversias posibles e imposibles, tantas surgidas de la nefasta acción de la “leyenda negra”- podemos considerar como el “descubridor” de un “Nuevo Mundo” (desde la óptica de nuestro continente euroasiático): el continente americano.

No entraremos a discutir aquí si es en mayor o menor medida merecedor de tal y tamaño título o no, ya que a pesar de que otros europeos y asiáticos llegaran a instalarse (temporal o permanentemente, exitosa o efímeramente) en tierras de lo que hoy conocemos como América (Septentrional, Central, Meridional o Insular), es de todo punto innegable que la vinculación permanente entre el “Viejo” y el “Nuevo” Mundo arranca precisamente de los finales del siglo XV de la Era Cristiana, de la expedición colombina de 1492.

Cristóbal Colón es uno de esos personajes históricos que con sus acciones cambiaron (contribuyeron a cambiar) de una vez para siempre la concepción que del planeta Tierra tendría la Humanidad, de manera contemporánea a su propia existencia y (muy especialmente), en lo que atañe a las generaciones posteriores a la suya propia, al concepto que la Humanidad tendría de nuestro planeta como consecuencia de las acciones del marino genovés.

La reducción de las distancias, la finitud y tangibilidad de la globalidad de la Tierra, la idea real de que la Tierra es enorme pero finita, abarcable (y abarcada) por la especie humana, son cuestiones que tienen todo que ver con las grandes navegaciones, con las grandes exploraciones oceánicas lideradas por los reinos ibéricos (Portugal y Castilla, esencialmente), y por tanto por los europeos, a caballo entre los siglos XV y XVI, hace más de medio milenio de años, siendo que Cristóbal Colón (como Vasco da Gama, Hernando de Magallanes, o Juan Sebastián de Elcano, por ejemplo y entre otros grandes exploradores y navegantes) es uno de los protagonistas principales de dicha época (como, por otra parte, lo serían –aunque a otro nivel, desde otra perspectiva- personajes como los soberanos portugueses y españoles, como Manuel I “El Afortunado”, de Portugal, o los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, de España, o el también soberano español Carlos I, el César Carlos V), de dicho esencial momento histórico.

Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, los Reyes Católicos

Reyes Católicos, Fundadores de Puerto Real.

La Villa de Puerto Real se inserta en el seno de ese espacio privilegiado (geográfica e históricamente hablando) que es el Golfo de Cádiz, que conforma junto al Guadalquivir el verdadero “cosmódromo de la Modernidad” (como tantas veces hemos escrito, como tantas veces hemos dicho…, dentro y fuera de esta serie); la Fundación de la Real Villa (sobre la que volveremos) tiene entre sus claves precisamente algunas que guardan relación con la geoestrategia castellana en el ámbito del Golfo de Cádiz, el Estrecho de Gibraltar, las navegaciones oceánicas y mediterráneas castellanas y la presencia de la Corona en el ámbito de la Bahía de Cádiz en las postrimerías del siglo XV, como hemos tenido ocasión de considerar en ocasiones precedentes (en esta misma serie, por ejemplo).

Pues bien, una vez que hemos señalado lo anterior, es de señalar que existe en Puerto Real (algo que acaso se vaya perdiendo entre las generaciones más jóvenes) la tradición de la hipotética presencia física del Almirante Colón en la por aquellos entonces apenas fundada Villa realenga de Puerto Real (creada con tal estatus y consideración por los Reyes Católicos en el año 1483, como es bien sabido). Si podemos señalar que la citada (y acaso desvaneciente) tradición local señala que el Almirante genovés se habría paseado (por así decirlo) por las recién estrenadas calles portorrealeñas (en los albores de sus viajes), no es tampoco menos cierto que no contamos con datos fehacientes, contrastables (hasta la fecha) que vengan a cimentar tal hecho histórico (y menos aún que lo demuestren con visos de certeza), y ello a pesar de que diversos edificios de la Real Villa cuenten incluso con la fama (insistimos, en absoluto sustentada en evidencias contrastables documentalmente hasta la fecha) de haber podido albergar al insigne navegante genovés al servicio de la Monarquía Hispánica a fines del Cuatrocientos.

En cualquier caso (y de manos de este hilo argumental) en este sentido es de señalar que el entorno de la plaza de los Descalzos y sus aledaños cuentan con mayores defensores en la tradición relativa a este tema específico de la hipotética presencia del genovés en la Villa, lo cual resulta igualmente imposible de demostrar. En relación con este particular sí contamos, sin embargo, con el testimonio de una vecina de Puerto Real quien nos manifestó (a quien suscribe) cómo en la década de los treinta del pasado siglo, siendo ella muy joven, habría podido contemplar en persona una lápida de mármol que habría acreditado la presencia directa de Cristóbal Colón en una de las casas aledañas a la mencionada plaza de Los Descalzos de nuestra ciudad.

Plaza de los Descalzos en 2018.

Plaza de los Descalzos en 2018.

Dicha inscripción, ya antigua, habría salido a la luz en el transcurso de unas obras en el inmueble en el que apareció, habiendo sido, de acuerdo con el testimonio de nuestra informadora (ya fallecida), destruida casi de modo inmediato a su aparición ante el temor de los propietarios del referido inmueble a una hipotética expropiación de su casa por causa del carácter histórico de la misma, una naturaleza histórica ésta del inmueble que habría podido quedar acreditada merced a la tan desafortunada y lamentablemente desaparecida inscripción (cuya existencia, merced al testimonio referido y la solidez del mismo y su fuente, no ponemos en duda pero de cuyo origen y datación nada podemos añadir).

Quizá Cristóbal Colón se paseó por nuestras calles; quizá incluso tuvo casa en la Real Villa, quizá el avance de la investigación termine por arrojar luz sobre esta cuestión basada en una tradición cimentada acaso en algo más que la voluntad del imaginario colectivo local de Puerto Real.

En cualquier caso, confiamos en que estas líneas puedan servir no sólo como el breve recordatorio de una tradición que se desvanece, sino para hacernos recordar asimismo cuán destructivas pueden llegar a ser la ignorancia y la insensibilidad, las mismas que acaso provocaron la pérdida de una inscripción, de una lápida, que podría quizá resolver el misterio de la presencia del navegante genovés en la apenas creada Real Villa portorrealeña a finales del siglo XV, hace más de 500 años.

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