Puerto Real en la “Guía del Viajero” de 1864 (II)


Primera locomotora que circuló en España
Primera locomotora que circuló en España.

Una de las primeras líneas de ferrocarril trazadas en España, como bien sabemos en Puerto Real, era la que tenía la responsabilidad de comunicar la Bahía de Cádiz y su atractivo comercio con la capital de las tierras andaluzas occidentales, la ciudad de Sevilla. Puerto Real, junto con la vecina localidad de El Puerto de Santa María, era uno de los puntos básicos de inflexión entre costa e interior, siendo que la línea férrea Jerez-Trocadero se cuenta entre las primeras que se trazaron en España, junto a la de Barcelona-Mataró (1848) y la de Madrid-Aranjuez (1851), amén de la primera línea de tren de la Monarquía Hispánica, la de La Habana-Güines, en Cuba, por entonces tierra española que sería el escenario de la temprana aparición del ferrocarril en el solar patrio ya en la primera mitad del siglo XIX, en el año 1837.

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Continuaremos en las presentes líneas con la lectura de un texto originalmente concebido y redactado como “Guía para viajeros” y que, merced al paso de los años, se ha terminado por convertir en un instrumento de descripción, en una herramienta de conocimiento, en un útil para poder acercarnos mejor a cómo sería la situación y cómo eran las características de una parte significativa de la Baja Andalucía en la que se encuentra la moderna ciudad de Puerto Real, aquella geografía comprendida entre las antiguas ciudades romanas de Hispalis y Gades, hoy Sevilla y Cádiz.

Es de notar cómo el autor de la Guía trata de conseguir la atención de los lectores que se acercasen a su texto proporcionando a los mismos algunos datos someros, breves, que sirvieran a los dichos lectores a modo de primera aproximación a una realidad, las ciudades recogidas en el itinerario trazado por la “Guía” (de la mano de la línea del ferrocarril Cádiz-Sevilla), que podían ser objeto de su interés o no, un interés que el autor trata sin lugar a dudas de fomentar con las descripciones que realiza en sus párrafos. Tampoco en esto, como podemos observar, hemos inventado nada: hoy como ayer, es éste el espíritu que encontramos en los folletos turísticos, cabe señalar, por ejemplo.

 

Mapa del Ferrocarril en España en 1865.
Mapa del Ferrocarril en España en 1865.

Si en los párrafos que ocupaban el anterior capítulo de esta serie podíamos comprobar cómo la afluencia de visitantes foráneos venía a marcar hasta cierto punto los ritmos del verano y de la vida cotidiana en los meses de la estación estival en la Real Villa portorrealeña, descubriendo acaso que poco hay de nuevo bajo los rayos del Sol, empezaremos nuestro camino en estos párrafos de hoy atendiendo a algunos aspectos más “sociales”, que están más directamente relacionados con el habitual desenvolvimiento mundano, cotidiano, ordinario, de los vecinos portorrealeños de la época isabelina (momento en el que se encuadra la aparición del texto de la “Guía” que nos ocupa).

Así y en este sentido, el referido texto que nos interesa ahora nos da a conocer la siguiente información, al hablar acerca de la situación de la educación en la localidad en aquella época: “Hay en ella una escuela de párvulos, gratuita, otras dos de niños y tres de niñas, que facilitan la instrucción primaria á 120 alumnos de ambos sexos” (sic).

No es éste el lugar para emprender un análisis más profundo de los datos ante los que nos encontramos, pero cabe reseñar cómo el estado de la enseñanza en el Puerto Real de la segunda mitad del Ochocientos podría parecer más idílico de lo que en realidad habría sido, a tenor de lo aportado por la “Guía”. Así, que ciento veinte niños de ambos sexos pudieran recibir instrucción podría mostrar una imagen de prosperidad (económica, pero también intelectual, que tendría un reflejo en lo educacional) cuya verdadera naturaleza habría de ser estudiada y contrastada con detenimiento.

Podemos señalar, a título indicativo, que la localidad portorrealeña habría contado con un total de 6.018 habitantes en el año 1864. Si bien los datos aportados por estudiosos contemporáneos señalan que en 1859 la Real villa contaba con 5000 habitantes, el propio Antón Rodríguez (autor de la Guía del Viagero) especifica que la población de Puerto Real en 1864 estaba compuesta por 6018 personas, es decir, más de mil almas más que lo apuntado por trabajos relativamente recientes. ¿Contradicciones aparentes o crecimiento espectacular en sólo un lustro (entre los años 1859 y 1864). Mucho por avanzar aún en estudios demográficos, más bien y en cualquier caso.

Si la educación encuentra un hueco en la descripción que fue elaborada por Antón Rodríguez hace más de siglo y medio, otros aspectos de naturaleza y carácter “social” vienen a ser igualmente objeto de su atención. Con similar brevedad se nos informa de cómo “…la beneficencia está representada por el Hospital de la Misericordia, fundado en 1813, y en el cual pueden acogerse doce enfermos”. Este “Hospital de la Misericordia” aparece fundado tras la retirada de las tropas francesas de la Villa en los años postreros de la Guerra de la Independencia, una retirada que tuvo lugar en el año 1812; esta institución recogía la herencia de los diversos establecimientos (que recibían la denominación de hospicios u hospitales) que habían existido en Puerto Real con anterioridad a dicha fecha y que, ligados fundamentalmente a instituciones y órdenes religiosas, prestaban un servicio que hoy podría considerarse más de acogida (y caridad) que propiamente sanitario (para parámetros actuales), no sólo a los así llamados “pobres de solemnidad”, sino al conjunto de la población de la localidad.

Alfonso XII inaugura la Estación de Las Delicias en 1880.
Alfonso XII inaugura la Estación de Las Delicias en 1880.

Que en una población que contaba con más de 6000 habitantes (de seguir el dato visto anteriormente) tan sólo una docena de personas (un número harto reducido) fuesen atendidas en el “Hospital de la Misericordia” en el año 1864 parece querer hablar más bien de la relativa pobreza de los medios de los que se disponía en materia asistencial que de la hipotética “buena salud” de los portorrealeños del momento. No solamente se trata de “pobreza de medios” como fruto de una determinada y puntual coyuntura económica e histórica: si bien es verdad que la invasión francesa destruiría la mayor parte del caserío urbano de la localidad y no es menos cierto que la pérdida de los territorios continentales americanos de la Monarquía Hispánica, materializada entre los años 1811 y 1825, descabezaría durante medio siglo la economía española y muy especialmente la de la Bahía gaditana, no es menos cierto tampoco que la debilidad de los recursos sociales existentes en el Puerto Real de aquellos años retratada en la mencionada “Guía” responde a una concepción particular de las cosas y a una priorización de la distribución de la riqueza concreta y determinada en la que las personas más desfavorecidas (i.e., la mayor parte de la población…) no contarían con ningún tipo de asistencia sanitaria asegurada, de modo que la salud había de convertirse no ya en un bien preciado, base de la felicidad y la vida diaria, sino -y lamentablemente en un verdadero lujo al alcance solamente de unos pocos privilegiados.

Con una asistencia sanitaria en manos del capital privado (concebida no como una forma de servicio sino como un vehículo de obtención de beneficios) y unos servicios sociales inexistentes, no es de extrañar que en una población de varios miles de personas tan sólo doce enfermos pudieran ser atendidos al mismo tiempo en el único centro de vocación sanitaria acerca de cuya existencia se hace eco el texto que nos ocupa en los presentes párrafos.

Y para cerrar por hoy, una “perla”, en lo que atañe a los edificios señeros de Puerto Real: San Sebastián. Junto a otros aspectos ya contemplados, y los por contemplar, se detiene brevemente Eduardo Antón Rodríguez en la iglesia Mayor Prioral de la Real Villa, para señalar sobre la misma que …la iglesia parroquial de San Sebastián, edificada sobre una cantera, consta de tres naves y es bastante espaciosa... De este somero apunte nos interesa ahora detenernos en el dato de la construcción del templo sobre una “cantera”, punto señalado por varias fuentes cuyo significado es objeto aún hoy de controversia, algo a lo que nos hemos aproximado en no pocos textos anteriores y sobre lo que volveremos -sin duda- en un futuro.

La próxima semana continuaremos acercándonos a los contenidos de estos apuntes que la Guía del Viagero de 1864 nos presenta sobre el Puerto Real de hace más de ciento cincuenta años, el Puerto Real de época isabelina.

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