Además de los edificios históricos y monumentales de carácter religioso existentes (conservados, sería mejor decir)[1] en Puerto Real (como las iglesias de  San Sebastián, La Victoria y San José -llamada de Jesús, María y José, y hoy desacralizada y convertida en centro cultural de gestión pública), en lo que atañe al caso de edificios particulares, privados, de obra civil y provistos de portadas monumentales se trata en gran medida de casonas señoriales, los propietarios de las cuales querían poner de manifiesto su posición y su bienestar económico social (cuando no hacer ostentación de su estatus) decorando y monumentalizando el acceso a sus residencias privadas, que eran el reflejo pétreo de su posicionamiento social, de su perfil y situación de predicamento en el conjunto de la sociedad portorrealeña de su época.

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Pero no sólo las casas de mayor (y mejor) fuste disponen de un aparato de exorno de esta naturaleza: viviendas de menor porte (y dimensiones) podían asimismo mostrar en su cuerpo exterior elementos distintivos del tipo que nos interesa; ello constituiría una muestra de la extensión de determinados gustos estéticos y de unas costumbres constructivas dadas, que llevarían a las portadas a convertirse en un elemento de referencia, en un marcador de estatus (por así decirlo) cotidiano y “natural” en el contexto del paisaje urbano, lo cual explicaría su proliferación (con más de 70 ejemplares protegidos), y la estandarización (hasta cierto punto) del uso de la monumentalización (en la medida de las posibilidades de cada quién) de las fachadas y de las portadas.

Así, las portadas de estos distintos ejemplos de obra civil, de estas viviendas privadas históricas de nuestra ciudad, pueden contar con elementos decorativos acordes con el gusto barroco y sus modos, tales como molduras, ondas, curvas, frontones de distinto tipo (enteros, partidos, triangulares, circulares, pivotes, espirales, escudos, cornisas, círculos, volutas, flores, líneas quebradas…), mostrando unas claras preferencias por cuestiones como la movilidad y cierto efectismo que vienen a caracterizar la edilicia y la estética barrocas.

También en estilo barroco destaca la portada del antiguo Conventillo Dominico de Filipinas[2] (del siglo XVIII) en la calle de la Plaza (en la esquina de las calles de la Plaza y Santo Domingo, frente a la “Casa de la Marquesita” (la “Casa de la Marquesita”, como venimos señalando, es hoy sede del Archivo Histórico Municipal), y la del antiguo convento de los Descalzos (siglo XVIII)[3], si bien ambos edificios han sido objeto de unas profundas remodelaciones, perdida ya su condición religiosa en el siglo XIX (y no sólo su naturaleza religiosa, sino su misma esencia, en alguno de los casos).

Contamos también en el casco histórico con varios y relevantes ejemplos de portadas de estilo neoclásico: entre dichos ejemplares puede citarse en lugar privilegiado la Puerta de la Epístola de la Prioral de San Sebastián[4], reformada según los cánones de dicho estilo en el siglo XIX, la cual presenta una sencilla estructura, con arquitrabe de piedra y una decoración escueta, casi inexistente, y apoyada en las mismas líneas marcadas por la portada; igualmente puede mencionarse la sobria y elegante portada del nº 43 de la calle Vaqueros, de factura en caliza gris, rematada por un sereno frontón clásico.

Como ejemplo de arquitectura administrativa civil cabe mencionar el “Ayuntamiento Viejo” (la sede del Consistorio en la Plaza de Jesús, felizmente recuperada hace unos años como sede institucional principal del Ayuntamiento local). Presenta esta portada de sabor colonial arquitrabe corrido y sustentado por columnas que enmarcan el conjunto y data (como el edificio en que se inserta) de los postreros momentos del siglo XIX (aunque el Consistorio reside allí desde los primeros años del pasado siglo XX, hace ya más de un siglo); el activo uso que del edificio se hace, propiciado por su naturaleza administrativa, pública, oficial, favorece la conservación del mismo[5], lo que puede observarse frente a otras construcciones civiles (de naturaleza pública o privada) que existieron en la localidad y que por falta de uso (entre otras razones) se han ido perdiendo con el pasar del tiempo (como el antiguo Ayuntamiento de la plaza de la Cárcel, hoy de Blas Infante, con los calabozos municipales…, o como puede pasar con la Casa de las Columnas).

Pertenece también al Ochocientos la portada de la Casa Roja de la Calle Ancha. De factura romántica, este modelo es enteramente original y puede decirse que casi único en su género en Puerto Real. La casa muestra una fina labor de rejería que no se ciñe solamente a los cierros dispuestos en sus balcones y ventanas, sino que se extiende asimismo a los marcos de los ventanales y  a los soportes de los balcones. Fue realizada asimismo en forja de hierro la portada del edificio, en lo que radica en buena medida la originalidad de la misma, ya que ello la convierte en un ejemplar singular de este tipo en el seno de nuestro casco histórico.

Si hace un momento hacíamos mención de la portada del Ayuntamiento Viejo como ejemplo de edilicia civil en Puerto Real, cabe ahora mencionarla de nuevo, puesto que representa asimismo uno de los escasos modelos de portadas históricas, en Puerto Real, que aparecen enmarcadas por columnas; otra que se adscribe a este género es la del actual número 170 de la Plaza de Jesús, igualmente dispuesta entre columnas de fuste liso, y coronada por una balconada corrida.

Se trata, como vemos, de un tipo estético digno de consideración y que merece mayor atención de la que suele recibir. Nos hallamos ante unos elementos materiales de gran valor estético y de gran relevancia artística ya que conforman uno más de los elementos patrimoniales de Puerto Real, a los que debemos aprender a valorar (y debemos igualmente enseñar a valorarlos) con vistas a su conservación para las generaciones futuras, de modo que quienes nos sucedan en el tiempo no pierdan sus referencias, sus raíces, sus señas de identidad y el conocimiento de las huellas de su pasado y su origen, que se encuentran entre las claves de nuestro presente, y de nuestro futuro.

Desde el siglo XVI -con el caso, por ejemplo, de la “Portada de las Novias” de la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, de estilo plateresco- hasta las postrimerías del siglo XIX -con el ejemplo, de recibo es citarlo, del Ayuntamiento Viejo- las portadas singulares han visto aumentar su número, llegando a convertirse en un elemento definitorio e imprescindible de nuestras casas históricas y de nuestro casco histórico. También en nuestros días -y como en tiempos pasados- se continúa erigiendo portadas monumentales en las fachadas de nuestro casco antiguo según cánones tradicionales. Afortunadamente, en muchos casos tras una restauración global de una casa o un simple arreglo de una fachada vemos aparecer una portada donde sólo había un dintel desnudo, si bien es necesario no confundir las refacciones, los elementos originales, las portadas históricas, las de nueva fábrica, o los simples elementos de adorno, pues también se ha venido usando la costumbre de revestir con placas de piedra (ostionera, por ejemplo) portadas desnudas con vistas a proveerlas de un aire monumental, o, al menos, de un marco (valga la redundancia) de imagen más noble.

Mencionaremos en esta línea la casa nº 180 de la calle de la Plaza, cuya portada ha sido realizada en un sobrio estilo de inspiración barroca y piedra ostionera, así como alguna otra del entorno de la plaza de Jesús, que cuenta igualmente con portada de estilo barroquizante. Pero no sólo el aire barroco marca los ritmos de la moderna factura de portadas en el caserío: también encontramos, entre las de reciente disposición, otras más sencillas, el embellecimiento y exorno de las cuales queda limitado a una degada cinta de piedra que realza el dintel. Estas portadas, de aires neoclásicos,  están confeccionadas en piedra ostionera, en su mayor parte, como es el caso de la casa número 115 de la calle de la Plaza. Otro ejemplo de portada de reciente factura, sobria y original, es el del número 58 de la referida calle de la Plaza.

Hasta el momento hemos hecho mención de distintos ejemplos de portadas simples, pero contamos igualmente con otro tipo de portadas digno de consideración, como son las portadas múltiples, conformadas por dos o más ejemplares adosados. En su mayoría se trata de portadas habitualmente de factura (y época) esencialmente barroca que pueden compartir (o no) el dintel superior. Entre éstas, y en el mencionado y característico estilo barroco, podemos citar la que corresponde a los números 70 y 72 de la plaza de la Iglesia, así como la de los números 43 y 45 de la calle Real, que presentan  sobre uno de los vanos un óculo para la luz  con rejería barroca en forma de estrella, si bien se cuentan otros casos aún conservados en el casco histórico portorrealeño además de los mencionados.

Así, cabe reseñar que los accesos dignos de este tratamiento, de este exorno, podían no sólo ser dobles; en este sentido, un ejemplar verdaderamente único en su género en Puerto Real hoy día es la portada triple de la calle Real (en la acera sur de la misma, entre las calles Vaqueros y Ancha); esta portada geminada cuenta con tres vanos que se reparten un solo dintel superior, algo que la hace ser aún más original en su tipo, y adorna los accesos a tres viviendas de un mismo edificio histórico dieciochesco.

Nuestras portadas singulares forman parte de nuestro paisaje urbano, de nuestro paisaje histórico y de nuestro paisaje identitario, y merecen, a todas luces, ser mejor conocidas, y ser conservadas como parte de nuestro legado histórico para quienes habrán  de sucedernos en el tiempo y el espacio. Y entre todos debemos contribuir a que así sea, porque es responsabilidad de todos, no sólo desde un punto de vista legal, sino ético. Es nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con nuestros antepasados, y con nuestro futuro.

Referencias: 

[1]  La merma del Patrimonio Histórico en Puerto Real ha sido una constante a lo largo de nuestra Historia; de este modo, junto a momentos de gran destrucción de nuestro caserío (y, con el mismo, de nuestro Patrimonio Histórico) como los representados por la ocupación angloholandesa en el contexto de la Guerra de Sucesión Española, a principios del siglo XVIII, o la invasión napoleónica, en el marco de la Guerra de la Independencia, en los primeros años del siglo XIX, ya en tiempos recientes y contemporáneos la incuria y la irresponsabilidad han sido responsables de la desaparición de ejemplos singulares de nuestro Patrimonio Histórico, como en el caso de la Caja del Agua del Muelle, un monumento de obra civil paralelo a la Caja de Agua del Porvenir y perteneciente a la red de abastecimiento de aguas a la Villa del XVIII (esto es, el acueducto del maestro Ruiz Florindo, estudiado por varios historiadores locales en sus diversas facetas), desaparecida a principios de los años 90, o de la “Casa de las Columnas” (en la esquina de las calles San Francisco y Real), en serio peligro de desaparición, o la “Casa de la Marquesita” (hoy sede del Archivo Histórico Municipal), edificio felizmente conservado y en uso, pero cuyas identidad y nombre se ha pretendido sean borrados de la memoria de los portorrealeños, queremos creer que infructuosamente: el Archivo Histórico Municipal, sito en una casa histórica entre las calles de la Plaza y Santo Domingo, está ubicado en la histórica “Casa de la Marquesita”, un monumento decimonónico de obra civil íntimamente ligado a la Historia de Puerto Real en el siglo XX, con el personaje de la marquesa de Montefuerte como eje central de su historia particular.

[2]  El “Conventillo Dominico de Filipinas” pertenecía a la Orden Dominica, y estaba adscrito al arzobispado de Manila, por lo que formaba parte, desde el punto de vista eclesiástico, a las Filipinas, una característica ciertamente exótica que guarda relación con las navegaciones a ultramar durante el Imperio Colonial (entre los siglos XVI y XIX) y la existencia de territorios ultramarinos; una muestra igualmente exótica de estas relaciones ultramarinas serán las pilas de agua bendita que exornan el interior del ingreso a la Prioral de San Sebastián: se trata de dos conchas de unos enormes bivalvos utilizadas como esta suerte de aguamaniles en el acceso de los fieles a la mencionada iglesia Mayor Prioral de nuestra localidad.

[3]  La Portada del Compás del antiguo convento de los Descalzos, en el entorno de las actuales plazas de los Descalzos y de Pedro Álvarez Hidalgo, se encuentra desplazada unos metros a Levante de su posición original, habiéndose conservado en su naturaleza original con el remate de un añadido que la corona (la hornacina que muestra no es original, sino que le fue incorporada a finales del siglo XX, cuando se la reubicó).

[4]  Esto es, la Portada lateral (meridional) de la iglesia, a no confundir con la Portada de las Novias, acceso principal al templo y acerca de la cual ya tratamos en el anterior artículo de esta serie; la Portada de las Novias está orientada a Poniente, pues la iglesia está “orientada”, esto es, presbiterio y altar mayor miran al Este, a Oriente, y de ahí su situación excéntrica respecto al eje del viario portorrealeño; esta “orientación” del templo (sin que puedan descartarse motivos añadidos que guarden relación con la propia naturaleza del terreno en que se asienta el edificio -una colina, ya casi perdida por la evolución del callejero y el paso de los siglos), tiene que ver con los ritos del culto (el sacerdote oficiante, en el rito preconciliar, mira al altar mayor en la consagración, por ejemplo, y con ello y en San Sebastián, miraría hacia el Este, hacia Oriente, hacia Tierra Santa y Jerusalén) y las tradiciones religiosas cristianas, no obedece, pues, a capricho.

[5]  Sólo el gozar de vida mantiene vivos a los edificios, sean históricos o no, por lo que el abandono y el desuso sigue siendo uno de los principales enemigos del Patrimonio Histórico.

En el artículo anterior…

Portadas históricas singulares. Algunos ejemplos en Puerto Real (I)

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