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jueves, 11 julio, 2024
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Historia de Puerto Real: Notas sobre Patrimonio y cuerpo social

Volvemos a uno de los temas que más nos interesan y que consideramos al mismo tiempo de mayor interés a la hora de afrontar la gestión del Patrimonio Cultural y Natural (incluyendo como es natural el Patrimonio Histórico, Arqueológico, Artístico, Etnológico, Inmaterial…), especialmente en ámbito local, que no es otro sino el del binomio que conforman el cuerpo social de una comunidad y el Patrimonio Cultural y Natural (en adelante PCN) de la misma, el contexto patrimonial en el que se desenvuelve dicho cuerpo social, y que ha sido modelado (especialmente el Patrimonio Cultural, pero también y en no menor medida) el Patrimonio Natural en cuyo contexto se desenvuelve dicha sociedad, dicho cuerpo social.

Porque es indisociable la ecuación que una sociedad forma con su propio bagaje patrimonial, que forma parte de la identidad y el ser de dicho cuerpo social, de lo que se desprende que un compromiso esencial de toda sociedad que se quiera y se conciba a sí misma libre y crítica es el de cuidar de su propio Patrimonio, al que se debe y al que debe dotar de instrumentos y mecanismos que procuren el desarrollo de los cuatro pilares básicos de la gestión (que es decir de la misma supervivencia) del Patrimonio, esto es, la protección, la conservación, la investigación y la divulgación del mismo.

En este sentido, y especialmente en lo que se refiere a los contextos locales, es de señalar cómo las administraciones locales dentro del ámbito de sus competencias y responsabilidades han de velar (en cumplimiento, por ejemplo, de la Ley de Bases de Régimen Local, la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local, cuyo texto en relación con las competencias municipales en materia de Patrimonio es ciertamente harto escueto, y de la Ley 27/2013, de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local) por la preservación del Patrimonio en sus términos municipales, en aplicación (sin menoscabo de las competencias de las administraciones superiores, caso de la administración autonómica sobre la que recae buena parte de las competencias en materia de PCN) de las diferentes Leyes de Patrimonio que tienen aplicación en, dado nuestro contexto, el territorio de la Comunidad Autónoma de Andalucía, caso de la Ley 14/2007, de 26 de noviembre, del Patrimonio Histórico de Andalucía, de la Ley 8/2007, de 5 de octubre, de Museos y Colecciones Museográficas de Andalucía, o de la Ley 13/2011, de 23 de diciembre, del Turismo de Andalucía, sin perjuicio de las normativas de carácter estatal, caso de la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, o de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

Tareas tales como la divulgación del conocimiento y los valores del Patrimonio Cultural y Natural y la defensa de dichos valores son fundamentales en la construcción y el fortalecimiento de una Sociedad más libre y más crítica; cabe en este sentido señalar que la socialización, la difusión, la extensión, del conocimiento es tanto un deber de las administraciones públicas como un derecho de los ciudadanos, al tiempo que una responsabilidad de estos últimos. El conocimiento y los valores del PCN deben ser considerados como uno de los principales capitales de la ciudadanía, como uno de los principales capitales sociales a disposición del ciudadano; por ello su difusión y socialización han de ser empeños básicos e irrenunciables tanto de las administraciones públicas como de la propia ciudadanía, que no puede ni debe conformarse con el rol pasivo de elemento “administrado”, y debe asumir sus responsabilidades como verdadero motor del cuerpo social al que da forma, algo que se hace aún más inmediato y evidente en los contextos locales.

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En este sentido es responsabilidad de las administraciones públicas el redoblar los esfuerzos en la divulgación de la Historia del territorio de su competencia, así como en la defensa y la promoción del Patrimonio de dicho territorio de su competencia con el ánimo esencial de la conservación de dicho Patrimonio, así como desde la imprescindible e irrenunciable voluntad de la socialización del conocimiento, de la extensión entre la ciudadanía de los valores de este incalculable capital social que es el PCN, teniendo como referente fundamental y como elemento vertebrador de este esfuerzo el valor positivo del Patrimonio (Cultural y Natural) como elemento identitario y de cohesión social, como fruto, reflejo y consecuencia de la interacción del territorio y las comunidades y horizontes culturales (en su caso) que lo han habitado en el tiempo, atendiendo al Patrimonio como manifestación de la unión entre la comunidad humana y el territorio que la misma ha habitado en la Historia, y como elemento imprescindible para que un cuerpo social pueda comprenderse a sí mismo como tal y entenderse en diálogo con su entorno y su contexto, con el marco en el que históricamente se ha desarrollado como tal cuerpo social y, por ello, como realidad histórica e identitaria.

En este sentido, la acción de trabajo (considerada desde una perspectiva global, no simplemente como conjunto de pequeñas acciones puntuales, esporádicas) a desarrollar de manera sostenida (y sostenible) por las administraciones en torno al Patrimonio debe necesaria y oportunamente partir de la base de la cooperación institucional y social, pudiendo articularse el desarrollo de contenidos de dicha línea de trabajo a través de acciones y programas (con especial atención, en lo que atañe a la ciudadanía, a los elementos de naturaleza divulgativa de cara a la socialización del conocimiento, todo apoyado por la imprescindible línea de acción en materia de conservación del Patrimonio) de diversa naturaleza, unos programas algunos de los cuales pueden desarrollarse a lo largo de todo el año mientras otros pueden centrar su ámbito de actuación en determinados momentos del año estando acaso vinculados a determinadas efemérides o a una posible estacionalidad acorde con las mismas características de dichos programas y acciones en cuestión, sin perjuicio de la convivencia de dichos programas y acciones con factores y segmentos como el educativo y el turismo.

De este modo las perspectivas de la conservación y la sostenibilidad del Patrimonio, de la cooperación institucional y de la divulgación del PCN, han de constituir los pilares esenciales de la acción de una administración (insistimos, especialmente en lo que tiene que ver con una administración local responsable, ya que el ámbito local es el escenario de acción de buena parte de los programas y acciones, al tiempo que es el contexto más inmediato de y para la ciudadanía) de cara al desarrollo de una mejor gestión patrimonial, buscando siempre aunar y armonizar la acción interior (i.e., defender y cuidar el Patrimonio de -y en- el territorio gestionado por la administración en cuestión) y la exterior (defendiendo y promocionando el Patrimonio del territorio y buscando recursos para su conservación).

Un factor que puede ser considerado una fortaleza en el contexto específico e interno de un territorio, especialmente a escala local, en lo relativo a la conservación y la difusión del PCN es la existencia de un potente tejido social y cultural articulado en un sólido tejido asociativo, un tejido social que desarrolle habitualmente actividades culturales ya sea en solitario (sin apoyo o respaldo de las administraciones de distinto nivel), ya sea de la mano de la cooperación con las administraciones, tanto la local como las supralocales. Un panorama local será sin duda más complejo pero a la vez más rico cuanto más numerosas y activas sean las entidades, colectivos, asociaciones y fundaciones de naturaleza cultural que trabajen no sólo en el campo de la divulgación cultural en general sino en lo relativo a la socialización del conocimiento en materia patrimonial en particular (sin descartar su posible trabajo en materia de conservación del Patrimonio Cultural y Natural), desarrollando acciones a lo largo del tiempo (por ejemplo organizando acciones de manera estructural en la programación anual y supraanual de la localidad a la que dichos colectivos pertenezcan) que ayuden a la sensibilización y contribuyan a la vertebración de la participación del cuerpo social local en el ámbito general de la Cultura y el Patrimonio así como en lo específicamente relativo a la difusión de los valores del Patrimonio Cultural y Natural, así como en lo que tiene que ver con la conservación del mismo. De este modo la absoluta mayor parte de las acciones que se generen y desarrollen desde el cuerpo social de una ciudad determinada (de una comarca determinada, de un territorio determinado) en materia cultural y especialmente en lo referente al Patrimonio Cultural de la misma (singularmente las surgidas de la cooperación activa de los colectivos culturales entre sí y de éstos con la administración local), habrá de redundar sin duda en beneficio del propio cuerpo social y del estado del conocimiento y la sensibilidad de la ciudadanía respecto al Patrimonio, lo cual redundará al mismo tiempo en beneficio de las acciones emprendidas de manera que pueda generarse una sinergia constructiva que tienda a convertirse en estructural.

Señalaremos igualmente que no cabe pasar por alto el peso que en el ámbito de la difusión y gestión patrimonial tiene el trabajo que se realice desde las administraciones locales en colaboración con la comunidad educativa de la localidad, ya que el tejido educativo (de los distintos niveles existentes en una población) es fundamental para la conformación y el enriquecimiento de las señas de identidad de toda comunidad humana así como en lo que tiene que ver con la formación integral de una ciudadanía crítica, consciente y responsable que pueda llegar a hacerse cargo de sus propios deberes y derechos cívicos en materia patrimonial en lo que atañe y respecta a la gestión y la conservación del Patrimonio, ejerciendo dicha ciudadanía sus derechos y deberes y reclamando y exigiendo a todas las administraciones el cumplimiento de las responsabilidades, deberes y obligaciones de dichas administraciones en materia de protección, conservación, investigación y divulgación del Patrimonio Cultural y Natural, así como impulsando activamente la cooperación de la administración local con las administraciones de su entorno y con las administraciones superiores (comarcales, provinciales, autonómicas, estatales, internacionales).

La comunidad educativa de una localidad, así pues, es capital (como el tejido asociativo -y especialmente aquel cuyo ámbito de inquietudes guarda relación con el PCN- de un contexto local) al estar la misma configurada esencialmente por el segmento más joven de las ciudades al tiempo que entre sus integrantes se encuentran tanto los estudiantes como el conjunto de la mayor parte de las familias de una población, además del elemento docente, todo lo cual hace que resulte fundamental la participación activa (no sólo pasiva, con la comunidad como simple recipendiaria de acciones y actividades organizadas por otros) de este segmento educativo en lo relativo al ámbito patrimonial en una ciudad determinada.

Redacción
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