Como señalábamos en los párrafos finales del anterior artículo, con independencia de las matizaciones sobre el emplazamiento del núcleo del Portus Gaditanus, cabe señalar que Asido, la vieja ciudad fenicia y luego colonia cesariana, habría tomado, por su parte, la cabecera de la comarca, decaída la pujanza de la urbe gaditana en época bajoimperial romana.

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De este modo, habrían sido el retroterra, el hinterland inmediato de la zona (Asido / Medina Sidonia) junto al litoral septentrional interior de la Bahía gaditana (Portus Menesthei / El Puerto de Santa María) los que habrían llegado a tomar el relevo de la insula gaditana como ejes económicos de la zona en Baja época romana. La ciudad de Asido, que habría podido mantener este papel predominante en épocas bizantina e islámica (cuando habría aparecido como núcleo central de una chora propia, la cora de Sidún / Sidunia), habría podido servirse de un puerto propio en el espejo interior de la Bahía, situado en torno a Sacrana, un núcleo portuario dependiente del núcleo asidonense (emplazado tierra adentro), un puerto alejado del núcleo urbano al que se adscribe (como decíamos, un epíneion), repitiendo esquemas contrastados en ciudades dotadas de una vía fluvial que conectase de forma activa ambos núcleos (el urbano principal y el portuario), caso de Roma y Ostia, o no, como en el caso (más parecido al que nos ocupa) de Atenas y El Pireo, ejemplo este último en el que tampoco se disponía, como en el caso de la Bahía de Cádiz y a diferencia del contexto de Roma-Ostia, con una vía acuática navegable que pudiera servir como vía de comunicación entre ambos núcleos, el interior (asidonense) y el costeño (Sacrana/Jarana).

En cualquier caso, y en relación con lo anterior, insistiremos nuevamente en la conjunción de vías marítima y terrestre que se produce en el contexto del actual Barrio de Jarana ya en época romana; igualmente es de señalar que la existencia de un entramado terrestre de caminos, cañadas y coladas antiguos (algunos de los cuales subsisten hoy día, subsumidos en los modernos ejemplos de la propia N-IV, la Cañada Real del camino de Medina, la colada de Machite, el camino de Malas Noches, la Cañada Real de Puerto Real a Arcos de la Frontera, la carretera de Medina), así como la no menos desdeñable red conformada por los caños, canales y esteros de la Bahía (que se materializan en la zona que nos ocupa en la forma de caños como los de Santi Petri, del Zurraque, de la Merced, del Pilar, de San Rafael y otros) proporcionarían un medio y cauce para la comunicación de los anteriormente referidos yacimientos romanos de la zona entre sí y con la línea litoral de la Bahía, una línea litoral antigua en la que precisamente se encontraban algunos de estos sitios, tales como el de “Puente Melchor”, el del “Km 666”, el de “Villanueva” o el propio yacimiento de la Villa Romana del Mosaico (todos en la zona arqueológica “Puente Melchor-Barrio de Jarana”, a la que nos hemos referido tal cual en otras ocasiones y otros contextos).

Emperador Claudio

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Abundando en este sentido (y a falta del refrendo definitivo de la Arqueología, merced al avance de la investigación de campo) nos atrevemos a apuntar que el Barrio de Jarana podría igualmente haberse beneficiado, en un contexto cronológico diferente y posterior al que afecta a la Villa Romana del Mosaico (así como a los yacimientos mencionados) de la presencia bizantina en estas tierras (y aguas), una presencia bizantina que se dejará sentir activamente al interior en núcleos urbanos como la Hispalis de la época (Salvador, 1990; Vallejo, 1993)[1], que es innegable en el ámbito del Estrecho de Gibraltar (a ambas orillas del mismo, como han demostrado, entre otros, los recientes estudios de D. Bernal Casasola, entre otros) y que podría hipotéticamente haberse servido del enclave sacranense como puerto marítimo interior (aún no colmatada la marisma enfrentada al mismo en ese momento histórico) en la Bahía gaditana, un enclave que habría contado con un relativamente fácil acceso y posibilidades de evacuación (y defensa) desde el mar para quien controlase el espejo de aguas de la Bahía, merced a caños aún hoy activos como el de Zurraque y el de Sancti Petri, unos caños y canales que podrían servir como vías de relativa accesibilidad inmediata y de vías de escape del saco interior de la Bahía sin necesidad de circunnavegar la insula de Gades.

Estimamos oportuno recordar en este sentido que en un marco cronológico mucho más reciente, a finales del siglo XVI, algunos de los barcos que lograron salvarse del asalto inglés a Cádiz (en 1596) lograron dicha salvación mediante el expediente de alejarse del saco septentrional de la Bahía atravesando el saco meridional de la misma y saliendo de éste mediante caños como el de Zurraque y el de Santi Petri, navegables aún para galeones, unos navíos de porte similar al de las naves rotundae romanas que alcanzaban las 70-100 toneladas (de acuerdo, por ejemplo, con los testimonios al respecto de la legislación fiscal claudia, en época altoimperial, a mediados del siglo I d.C.) y que eran las destinadas a la navegación marítima.

En este mismo sentido, este entorno del Barrio de Jarana habría podido quizá servir como “pivote” de un sistema de defensa, un limes, bizantino que habría tenido establecida su cabecera interior precisamente en Asido, frente a unos visigodos que habrían podido hacer vascular su propio sistema defensivo en torno a Gigonza (Segontia), enclave físicamente enfrentado al asidonense (en el contexto de los siglos V-VI d.C.).

De este modo, el aparentemente modesto núcleo del Barrio de Jarana podría, en realidad, representar el hilo de conexión entre la Alta y la Baja Romanidad en este rincón de la Bahía gaditana, encontrando además su propia solución de continuidad a través de los siglos, mucho después de la desaparición de las estructuras de poder romanas, bizantinas o visigodas en nuestro entorno, y prolongando quizá su propia existencia durante la época medieval y hasta esas postrimerías del Cuatrocientos en el seno de las cuales el reino de Castilla llevó a cabo la repoblación de este trozo interior de la Bahía de Cádiz dando paso a la existencia de la moderna Villa de Puerto Real, fundada en 1483.

En este contexto de explotaciones cerámicas (figlinae y depósitos anfóricos de “Puente Melchor”, “Villanueva”, o “Campo de Golf”)[2], de nudo de comunicaciones (navegación marítima por el interior de la Bahía y Via Augusta)[3], de poblamiento (necrópolis de “Puente Melchor”)[4], aparece como hito referencial y aparente elemento vertebrador del espacio la Villa Romana del Mosaico del Barrio de Jarana, quizá el verdadero núcleo sobre el que en determinado momento de la Romanidad se articulase la realidad del arco costero oriental interior de la Bahía gaditana.

REFERENCIAS

[1] Cfr. F. Salvador Ventura, Hispania meridional, entre Roma y el Islam. Granada, 1990; igualmente M. Vallejo Girvés, Bizancio y la España Tardoantigua (SS. V-VIII): Un capítulo de Historia Mediterránea. Alcalá de Henares, 1993.

[2] L. Lagóstena Barrios, Alfarería Romana en la Bahía de Cádiz. Cádiz, 1996.

[3] J. Millán León, “El territorio de Puerto Real en el marco de la navegación atlántica durante la época antigua”, en M.J. Parodi Álvarez et alii, Actas de las VII Jornadas de Historia de Puerto Real. Cádiz 2000, pp. 189-202.

[4] L. Lagóstena Barrios, “Una Tessera de plomo hallada en el yacimiento romano de Puente Melchor (Puerto Real, Cádiz)”, en Habis 24, 1993.

 

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