Historia de Puerto Real: Notas sobre la Prioral de San Sebastián (II)


Puerta lateral iglesia de San Sebastián
Puerta lateral de la Iglesia de San Sebastián.

Decíamos en el artículo precedente que el paisaje urbano de Puerto Real, el paisaje que marca los ritmos de nuestro casco histórico local, cuenta con no pocos elementos singulares, reseñables, contemplado el conjunto de nuestro caserío histórico desde la perspectiva del Patrimonio Histórico; así, contamos con unos elementos que juegan un papel esencial en un casco histórico, como el de la Villa de Puerto Real, que en su propia disposición en damero tiene una de sus principales señas de identidad, y -como decíamos hace una semana- una de sus principales muestras de carácter.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Decíamos que en los siguientes párrafos continuaríamos acercándonos a los primeros pasos así como a los posibles orígenes de la parroquia de San Sebastián, unos orígenes, aún nebulosos pese a todo, que tienen que ver, por ejemplo, con las siempre igualmente nubladas noticias relativas a la existencia de una cantera de piedra en el entorno (hoy sito en pleno casco histórico local), una cantera sobre la cual se habría erigido el referido templo Mayor portorrealeño.

Prebisterio de la Iglesia de San Sebastián
Iglesia de San Sebastián.

De esta forma continuaremos en estos párrafos acercándonos a uno de los monumentos más señalados de nuestra ciudad, uno de nuestros tesoros históricos y artísticos más relevantes, esto es, la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, una verdadera pieza singular de nuestro Patrimonio local y uno de las joyas monumentales de Puerto Real, un Patrimonio que pertenece a todos los portorrealeños y que, de una u otra forma, y desde hace más de medio milenio, viene contemplando el día a día de la Real Villa y sus pobladores desde sus alturas.

En torno a la existencia de una “cantera”, es de señalar que algunos testimonios decimonónicos señalan que la Iglesia de San Sebastián habría podido ser edificada sobre una tal cantera, como ocurre en la descripción que de la villa de Puerto Real realiza Pascual Madoz en su Diccionario, donde a través de unas breves pinceladas nos describe el templo de San Sebastián, donde se constata esta originaria ubicación sobre dicha cantera:

…una iglesia parroquial con título de prioral (San Sebastián Mártir), sobre una cantera, en medio de un atrio con sus dos rampas y escaleras; su arquitectura es del orden dórico con buenos arcos; consta de tres naves y existen en ella 16 altares…[1].

La existencia de dicha hipotética y mencionada cantera habría quizá justificado e incluso llegado a imponer la orientación del templo (algo a lo que nos referíamos en los párrafos precedentes). Cabe señalar de todos modos que por el término “cantera” podemos entender una realidad múltiple: entre las distintas realidades contenidas en el término se encuentran una simple elevación del terreno, una pedrera (literalmente hablando), o incluso la presencia de edificaciones anteriores que habrían podido ser reutilizadas para la construcción de la iglesia de San Sebastián; en este sentido cabe apuntar la presencia de instalaciones romanas en el litoral del casco urbano portorrealeño desde, al menos, el horno romano de El Gallinero hasta la rica zona arqueológica de Puente Melchor-Barrio de Jarana, unos complejos industriales dedicados a la producción cerámica (con especial incidencia en la producción anfórica) que suelen en no pocos de los casos estar acompañados por dicha elevación del terreno antes mencionada[2]; quizá en uno de estos yacimientos romanos puedan encontrarse las claves de esta “cantera” a la que las fuentes históricas clásicas hacen referencia.

No es de excluir igualmente (siguiendo esta línea argumental) que al hablarse de “cantera” se pueda estar haciendo referencia en líneas generales a la existencia de alguna edificación precedente cuya estructura pudiera haber sido literal y directamente fagocitada como material constructivo de cara a la edificación de la Prioral, ya se tratase de un yacimiento romano (una posible figlina o instalación dedicada a la producción de cerámicas, contenedores, tégulas o cualesquiera otros productos, algo tan habitual en el contexto de la Bahía gaditana en general y del actual término municipal portorrealeño en particular) o de una hipotética construcción islámica (de índole religiosa o no), que hubiera posiblemente acabado convertida en parte de la fábrica de la Prioral de San Sebastián.

En cualquier caso conviene no perder de vista que nos movemos aún, solamente, en el fluido terreno de las hipótesis en lo que se refiere a la posible “cantera” que la Historiografía tradicional quiere que se encuentre bajo los cimientos de la Mayor Prioral, aunque no podemos perder de vista que es posible que en el fondo de la cuestión se encuentre quizá alguna estructura antrópica anterior que haya podido pasar a formar parte no sólo del imaginario historiográfico tradicional local, sino de la misma estructura y cuerpo de la parroquia tal y como la conocemos hoy día.

Torre de la Iglesia de San SebastiánRespecto a las fechas de construcción del templo, no sabemos con certeza cuándo viene a surgir este edificio: nos movemos aún en el terreno de las hipótesis. Si bien las primeras noticias documentales sobre la Prioral de San Sebastián se remontan a los años centrales del siglo XVI, éstas se refieren ya a un edificio bien configurado y en plena actividad, lo cual indica a todas luces unos orígenes anteriores, bien coincidentes con la propia creación de la Villa en la década de los ochenta del Cuatrocientos, o incluso más remotos, pues la población cristiana del norte se asentó en estas tierras desde el siglo XIII, y no resulta descabellado pensar que los habitantes de esta zona (de las antiguas alcarrias musulmanes pobladas por moradores cristianos tras la Reconquista) se valdrían de algún edificio religioso, de alguna ermita o capilla, para salvaguardar sus almas y asistir a los oficios litúrgicos, incluso recibir determinados sacramentos, sin necesidad de trasladarse a ciudades cercanas como Jerez o Cádiz.

Lo cierto es que el templo ya estaba plenamente activo en la primera mitad del siglo XVI, y que en 1592 fue consagrado por el obispo gaditano don Antonio Zapata, según reza la columna fundacional que se encuentra en el atrio del templo, junto a la renacentista Portada de las Novias; fecha esta última que durante mucho tiempo ha llevado a muchos amantes de la Historia a errar en sus discursos, pues han querido ver en ella la fecha de su construcción; nada más lejos de la realidad, más tratándose de un templo de sus características, sometido desde su creación hasta casi nuestros días a un continuo fluir arquitectónico, que ha ido mudando su aspecto siglo tras siglo. Error que ha persistido hasta bien entrado el siglo XX. Así, y por citar sólo un caso, encontraríamos a Romero de Torres, quien en su descripción de Puerto Real nos comenta que su iglesia parroquial …está bajo la advocación de San Sebastián, y se edificó en el año 1592, siendo obispo de Cádiz D. Antonio Zapata…[3].

Otros ya en el pasado siglo, caso del profesor Antonio Muro Orejón, se han aproximado de forma más certera a las fechas de su construcción, señalando incluso (no sabemos a partir de que prueba documental) que en el año 1535 ya estaba edificándose con piedras procedentes de las canteras de la población[4].

Por último, cabe señalar como el honroso título canónico de Prioral que ostenta la parroquia de la Real Villa, se concedió gracias a la intercesión de los reyes Fernando e Isabel, en la década de los noventa del siglo XV, ante el pontífice Alejandro VI (el valenciano Rodrigo Borgia), en el mismo documento que a las iglesias de Granada y Ciudad Real.

Referencias y Bibliografía:

[1] Cfr. P. MADOZ, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845-1850), pg. 364.

[2] Para un mejor conocimiento de estas instalaciones fundiarias en el término puertorrealeño, señalar las fundamentales obras de GARCÍA VARGAS, E.: La producción de ánforas en la Bahía de Cádiz en época romana (siglos II a.C. – IV d.C.). Écija, 1998.; LAGÓSTENA BARRIOS, L.: Alfarería romana en la Bahía de Cádiz. Cádiz, 1996; y PARODI ÁLVAREZ, M. J.: Ríos y lagunas de Hispania como vías de comunicación. La navegación interior en la Hispania romana. Écija, 2001.

[3] ROMERO de TORRES, E.: Catálogo monumental de España. Provincia de Cádiz. Madrid, 1934, pág. 482.

[4] MURO OREJÓN, A.: Puerto Real. Entre el pinar y la mar. Caja de Ahorros de Cádiz. Serie costumbres. Nº 1. Cádiz, 1983, pág. 244.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Previous La Plataforma Ciudadana #MásGranelesNO señala "la gran aceptación de la campaña informativa contra los graneles contaminantes"
Next El equipo 300 Esther Martínez, campeón de la Liga Local de Fútbol 7

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.