Hacer política es un arte similar al de la guerra. El conocer los puntos flacos del contrario y emprender una buena estrategia de desgaste es vital para ganar la batalla en las urnas. El tiempo, que es sabio, pone a todos en el lugar que deben estar. Hace tres años Maribel Peinado mereció ganar porque hizo un importante trabajo respaldado por años de esfuerzos desde la oposición. Es justo dar al César lo que es del César.

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La pena es que las mayorías absolutas tienen algo que hace mucho daño a los políticos y es que vienen acompañadas de la capacidad de olvidar que los poderes emanan de la Soberanía Nacional, del pueblo. Sólo tres años han valido para dar al traste con la imagen pública de la alcaldesa y de su lugarteniente Juan Carlos Martínez, que ya no gozan la popularidad de antaño.

La oposición está a provechando al máximo las debilidades de Maribel Peinado. Su abultado sueldo, el importante número de concejales liberados, los cargos de confianza, el enfrentamiento con la Junta de Personal y sindicatos y el pensamiento, cada vez más generalizado, que apunta a Juan Carlos Martínez como alcalde en la sombra, pueden causar un descalabro importante en las próximas elecciones.

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Esta crisis no parece importar al Gobierno municipal que guarda bajo la manga el soterramiento de la vía y la apertura de la franquicia de hamburgueserías como su caballo de batalla para el 2015. Lo que no parece contemplar el equipo de Peinado es que la mejor estrategia es un buen ataque y la oposición ya ha empezado a recrudecer los envites.

Peinado se deja en el tintero más del 75% de su programa electoral, pero aún tiene algo más de 10 meses para devolver la confianza a los electores e intentar frenar las críticas con medidas ejemplarizantes. Los políticos no pueden pretender explicar recortes a sus ciudadanos manteniendo sueldos que suponen un insulto.

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