Cada año asistimos al recuento atroz de las mujeres muertas por el hecho de ser mujeres, incluso no nos atrevemos a adelantar las cifras por el temor a silenciar una nueva tragedia.

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La violencia contra las mujeres nos preocupa y nos ocupa más allá de las lamentaciones; la sociedad necesita encontrar y disponer las herramientas necesarias para que ninguna mujer tenga que soportar esta tragedia que tantas veces llega hasta la muerte.

Nos duele tener que recordar que la violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos y, por lo tanto, no es un problema de mujeres sino de toda la sociedad.

Nos duele tener que definir que  Implica una situación de tortura continuada en la que se somete a las mujeres a un trato inhumano y degradante que atenta contra la integridad física y moral, y que  se esconde tras el aislamiento, el silencio y la vergüenza de las víctimas.

Sabemos que la violencia machista se basa en la desigualdad social y de género y en  relaciones de dominación masculina que se resisten a desaparecer   si no las combatimos.

Por eso nos preocupa cada vez más el discurso retrógrado de la derecha en   que se justifica la desigualdad,  como si fuera un problema privado y personal y no el resultado de políticas injustas. Ese discurso en el que se elogia la competitividad descarnada. Sabemos que son contravalores que destruyen la convivencia mientras reproducen y justifican la prepotencia machista.

Sabemos que la justicia penal no es suficiente porque solo puede actuar cuando el mal ya está hecho.

Necesitamos evitar y superar de situación de víctimas.

Por eso consideramos imprescindibles las medidas de educación cívica, de prevención, los recursos de información, acompañamiento y protección, y todas aquellas medidas que favorezcan la autonomía personal de las mujeres para salir y superar de la situación de maltrato, que  tomen las riendas de su vida y no se queden estancadas en la situación de víctimas.

Luchemos  para que esta conducta antisocial no se perpetúe.

Necesitamos también los medios para que,  una vez cumplido el castigo penal de los maltratadores, se pueda evitar el reinicio las conductas violentas.

Son imprescindibles los recursos de educación social para evitar que la población más joven reproduzca los modelos de relación violentos basados en la dominación y sumisión,   el control y dependencia.

Necesitamos a toda la sociedad civil en activo para erradicar esta lacra de las conciencias y las conductas, cada cual con los medios a su alcance.

Al gobierno le exigimos algo más que gestos de condolencia y fotos en funerales porque de poco nos servirá que el gobierno de la derecha se sume a los minutos de silencio si no  asume la  responsabilidad en el efecto que sus políticas de recortes sociales produce sobre las vidas de las personas.

FUENTE: IU Puerto Real

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