Como ya dijimos en ocasión anterior, una de las formas más claras, más luminosas, de nuestra identidad como pueblo, de nuestra identidad como conjunto social e histórico, viene a estar constituida por la expresión de nuestras señas culturales e históricas más propias y por ello más íntimas.

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Tratar de condensar en un puñado de páginas la Historia de una ciudad es siempre una empresa arriesgada. Intentar además llevar a cabo esta empresa con un carácter divulgativo, de forma que el resultado final reúna las indispensables características de rigor y amenidad es aún más difícil. Hace mucho tiempo venía bullendo en nuestra cabeza la idea de dar forma a una Historia general de Puerto Real, un análisis de conjunto que permitiera al lector aproximarse al pasado de la ciudad sin mayores problemas, desde la óptica de lo cotidiano, desde la cercanía lógica y emocional. Ésta, pues, y no otra ha sido la intención primera y última que está en el motivo y origen inicial de esta línea de trabajo, un conjunto de artículos pensado y elaborado sin otra pretensión que la de acercar al gran público la Historia de nuestra localidad en las formas y modos de los que hablamos, con ánimo de divulgar los contenidos de nuestro común pasado y sin mayores afanes.

Nos decidimos a plasmar negro sobre blanco este pequeño vademecum de Historia local que vienen siendo las páginas virtuales de “Puerto Real Hoy” no sólo por propia vocación y decisión (abundando en líneas de trabajo e iniciativas anteriores), sino tras diversas conversaciones con amigos, convecinos, quienes en una u otra circunstancia, bien en el marco de una mesa redonda, tras una conferencia, en el ambiente bullicioso de uno de nuestros bares, o en la sobremesa de una u otra ocasión se dirigieron a este modesto historiador para inquirir por “el libro” de Historia de Puerto Real en el que se pudiera encontrar “todo”.

Bien, mi respuesta fue unívocamente negativa: tal libro no existe aún. Y este conjunto de artículos no intenta serlo ni sustituirlo, al menos no cuenta con pretensiones en dicha línea. Pero fue, sobre todo, una conversación concreta la que me terminó de decidir, ante la pregunta -amistosa- de por qué no se había escrito todavía. Y bien, lo cierto es que pensé que sería posible elaborar un vademecum divulgativo de la Historia de la Real Villa, un pequeño volumen susceptible de ser manejado igualmente por expertos y profanos y en el que pudieran encontrarse las grandes líneas de la evolución histórica de este rinconcito de la Bahía de Cádiz que se llama Puerto Real. Al final (y de momento), el hombre propone y algún dios caprichoso dispone: y a resultas de ello, el conjunto de páginas virtuales que tienen en las manos los lectores de “Puerto Real Hoy”, que son el resultado de esa intención y de ese esfuerzo.

Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, los Reyes Católicos

Reyes Católicos, Fundadores de Puerto Real.

En Puerto Real existe, si así puede decirse, una tradición historiográfica que se remonta grosso modo a los principios del siglo XX. En otros lugares hemos tratado de abordar la Historiografía local, realizando más de una aproximación a la Bibliografía Histórica portorrealeña, aproximación que, tal y como sosteníamos en dichos lugares nunca podrá ser completa ya que la investigación histórica, afortunadamente, es un proceso en movimiento que no debe detenerse, y que no se detiene.

A este continuo incremento de la investigación -que debe tener su correspondiente reflejo en el incremento a su vez de las publicaciones de corte histórico- se suma, todo hay que decirlo, la “torpeza” del investigador (en este caso, quien estos párrafos rubrica) que nunca (insistimos: nunca) será capaz de tener absoluta y completamente dominado el total registro de trabajos publicados en los más diversos momentos, épocas, formatos y dimensiones, de manera que siempre (insistimos: siempre) habrá libros, artículos, artículos en prensa, ediciones reducidas, formatos digitales que logren denodadamente “escapar” a nuestra atención y voluntad.

Continuando con nuestra reflexión, cabe señalar que el pasado más remoto de la Real Villa puede aparecer como un argumento contradictorio en sí mismo, ya que Puerto Real como tal núcleo poblacional habitado, estable y configurado cuenta con algo que no es ciertamente común para todas las poblaciones del planeta Tierra: un año “0”, una fecha de inauguración, un “primer año”, a partir del cual ir organizando la progresión cronológica de la ciudad (algo que no ocurre con el poblamiento humano en el solar del actual término municipal portorrealeño, que presenta evidencias de su existencia desde la Prehistoria). Aunque pueda parecernos una particularidad digna del apelativo de “curiosa”, esta circunstancia no resulta tan extraordinaria, después de todo, examinada a la luz de su contexto histórico, del momento en el que la misma se produce.

Noria de Autrán. (Foto: Óscar Requejo)

Noria de Autrán. (Foto: Óscar Requejo)

Son muchas las ocasiones en las que una u otra civilización, uno u otro estado (trátese del Egipto faraónico, de la mesopotámica Asiria imperial o de la mismísima Roma, por citar algunos casos) han creado enclaves poblacionales cuya trayectoria histórica ha podido ser organizada y seguida de forma relativamente cómoda “desde” el mismo año de su creación original, de su fundación da capo; en este sentido, la ciudad de Roma -por seguir con uno de los ejemplos mencionados supra– habría sido fundada, de acuerdo con la propia tradición romana, no en un “período”, sino en un año concreto, año que la referida tradición establece en el 753 a.C. (fecha “canónica” entre otras también propuestas por diferentes fuentes antiguas). Pero no es necesario ir tan lejos en el espacio.

En nuestro propio entorno geográfico inmediato y siguiendo con un paralelismo de la Antigüedad, es fama que la ciudad de Cádiz (bajo el nombre de Gadir) fue fundada por colonos fenicios (provenientes de las costas orientales del Mediterráneo) hace, como siempre, unos Tres Mil años (y merece la pena escribir el dato con mayúsculas), plus minus, cosa sabida desde siempre (insistimos) por la Historia (esto es, merced a las fuentes literarias) y que la Ciencia arqueológica parece estar confirmando en los últimos años gracias a los varios repertorios de materiales aportados a nuestro bagaje de conocimiento como consecuencia de diversas excavaciones arqueológicas en el solar y casco urbano de la ciudad de Cádiz (Casa del Obispo, Calle Ancha…).

En el caso de Puerto Real, contamos con una fecha fundacional, 1483, y con unas circunstancias muy específicas que hicieron posible la génesis de este enclave poblacional con entidad propia, en lo que nos detendremos nuevamente en el futuro (procuraremos ahora no adelantar acontecimientos). Este hecho clave, la existencia de un “año 0” en nuestra Historia como comunidad, ha supuesto -junto a la escasez (o incluso ausencia durante mucho tiempo) de estudios arqueológicos (o de continuidad de los mismos) en el término municipal portorrealeño, que sólo se han desarrollado de forma estable y continuada desde la década de los setenta del pasado siglo XX, y más especialmente desde la década de los noventa del mismo siglo- una suerte de “losa” conceptual que ha acarreado un cierto enfoque determinado y parcial de la Historia de Puerto Real, algo que puede resumirse, condensarse en la tan frase que reza que “Puerto Real fue fundado en el año 1483 por los Reyes Católicos”. Y poco más, o menos, repetida durante demasiado tiempo como una suerte de “mantra involuntario” de la Historia del solar hoy portorrealeño.

Calles de Puerto Real.

Calles de Puerto Real.

Como ejemplo de la existencia de dicha aparente “losa” cabe reseñar cómo hace no demasiado tiempo había quienes se empecinaban aún en marginar el pasado romano del territorio portorrealeño, poniendo en tela de juicio la relevancia del mismo como fase significativa dentro del conjunto global de la Historia de nuestro solar. El tiempo, evidentemente, no les ha dado la razón: los hallazgos producidos en estos últimos años han venido a despejar las posibles dudas y reticencias que todavía pudieran existir en algunas mentes. Es bien cierto que estas “dudas” pueden corresponder a un enfoque conservador de la Historiografía local, a un relativo inmovilismo, contrario a la integración en el volumen total de nuestra Historia de los nuevos datos que van configurándola a medida que se producen; no es menos cierto, además, que el estudio continuo de los nuevos datos que nos brinda la Arqueología puede representar un esfuerzo notable que no todos están dispuestos a asumir, pero ello no debe llevar aparejado el descarte sistemático de una época determinada del conjunto de nuestro pasado histórico, como consecuencia aparente de lo que podríamos considerar una cierta parcialidad por parte de algunos a la hora de afrontar el estudio de la Historia de la Villa.

Esta circunstancia de un enfoque “conservador” o “tradicional” de nuestra Historia ha podido acarrear la configuración en algunas épocas de una suerte de “pasado oficial”, una Historia establecida como tal y poco sujeta a reconsideración, a re-estudio y re-análisis, al contraste con los nuevos avances (especialmente en el campo concreto de la Historia Antigua, la Prehistoria y la Arqueología) de la investigación, algo que felizmente estamos convencidos pertenece a un pasado cada vez más alejado del hoy.

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