Navegación interior en la Bahía de Gades. Esteros, canales y caños en el entorno del territorium de Puerto Real hace dos mil años (III)


Siguiendo con el hilo argumental que venimos desarrollando en los precedentes artículos, y en lo que se refiere al empleo como vía navegable del río Guadalete en la Antigüedad, además de los pecios hallados en su curso y en la marisma jerezana, ha de tenerse en cuenta la disposición de las figlinae (las factorías, los alfares, de fabricación de producciones cerámicas de distinta naturaleza, con especial atención a las ánforas) de esta zona en relación con el referido río[1], de modo que tales establecimientos -las figlinae– puedan servirnos de guía para reconstruir el hecho potencial de la navegación por el río en su curso interior.

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20170616_cultura_historia_guadalquivir_01Ya en 1979 el historiador G. Chic señala la conexión entre el río Guadalete y un punto tan al interior como el alfar de San Isidro del Guadalete, al que se añade toda una serie de establecimientos homólogos entre Arcos de la Frontera y la costa, como los de Pago del Águila (Vegas de Cobiche), el citado de San Isidro del Guadalete (a 12 Km. al Este -río arriba- del Portal), o los de Rancho de Perea, San Ignacio, Cejos del Inglés, Alto de las Cruces y El Tesorillo[2].

Esto nos lleva de nuevo a plantear la necesidad del establecimiento de obras de canalización y regulación artificiales en el Guadalete de cara a permitir la navegabilidad de éste[3]. Cabe decir que el establecimiento de un puente fijo sobre el Guadalete a su paso por el territorio de Arcos de la Frontera no se llevaría a cabo hasta fecha tan reciente (históricamente hablando) como 1868, ya que las avenidas del río y la falta de medios acabarían por dar al traste con varios proyectos[4].

20170616_cultura_historia_mapa_iberiaOtro factor a tener en cuenta ha de ser el establecimiento de explotaciones fundiarias (agrarias) en el ámbito de la Bahía y, en concreto, en relación con el Guadalete. En efecto, desde punto tan al interior como Arcos de la Frontera (Arci), la campiña gaditana presenta evidencias de su explotación y ocupación en época romana, de modo que hemos de coincidir con Rodríguez Neila y Chic García a la hora de destacar el papel de terrateniente que la oligarquía gaditana habría desempeñado (y desarrollado) con la asimilación de su ciudad en el marco de los esquemas políticos (y económicos y sociales) romanos[5].

De esta forma encontramos vestigios de explotaciones fundiarias romanas en relación con los ríos Guadalete y Majaceite[6] y en el resto de la campiña del actual término municipal de Arcos[7]; a éstas han de sumarse las situadas río abajo del actual municipio arcense, como las identificadas por Santero y Perdigones (yacimientos como los de Gédula, Aznar o Albalá –vid. Santero y Perdigones, art. cit.) o por Chic García[8], hasta llegar a tierras de El Puerto de Santa María y, finalmente, al mar, por no hablar de las explotaciones vitivinícolas de tierras jerezanas (ya estudiadas por Beltrán, Chic y Marín y Prieto) y su papel en la economía exportadora de la Bética, ya señalado -siquiera de un modo general- por Estrabón[9] (Estrabón, III.2.6.; cfr. asimismo G. Chic García, “La región de Jerez en el marco de la Historia Antigua”, en Actas de las I Jornadas de Historia de Jerez. Jerez de la Frontera, 1988).

Por todo ello, la ausencia de obstáculos (en forma de puentes, molinos, aceñas) hasta la misma Arcos de la Frontera (y ello hasta tiempos recientes), la existencia de pasos transversales mediante barcas (como demuestran topónimos como el de la “Barca de la Frontera” o tan al interior como en la misma ciudad de Arcos), la existencia de restos de naves romanas y medievales en puntos de la marisma jerezana y de las proximidades del Portal del Guadalete, la continuidad de las actividades marinas (incluso con representación de la Administración estatal) por el Guadalete (hasta El Portal) hasta la segunda mitad del s. XIX, la presencia de restos materiales que testimonian la intervención humana de cara a mejorar la navegación por el río (como las estructuras de madera relacionadas con embarcaderos y con obras de contención de las riberas y regulación del caudal), la existencia de alfares junto al río y en la marisma del mismo tan al interior como en San Isidro del Guadalete (más de 12 Km. río arriba de El Portal), así como la vinculación entre la ocupación del campo (villae) y el cauce fluvial, la demostrada navegación del río Guadalete corriente arriba de El Puerto de Santa María (una navegación no obstaculizada por los puentes anteriores al actual de San Alejandro), la condición de puerto de mar de esta ciudad (aún hoy día), las condiciones del estuario y marisma del Guadalete, todo ello demuestra sobradamente la continuidad de la navegación por el río más allá del punto considerado tradicionalmente como máximo para tal actividad, el límite de las mareas en el Portal del Guadalete.

Referencias:

[1] Una vinculación entre alfares y vías navegables (no sólo en lo que se refiere al Sur de Hispania, sino en términos generales) señalada por autores como C. Pemán Pemartín (“Alfares y embarcaderos…”, art. cit., pp. 169-173), G. Bonsor (Expedición…, op. cit.) o G. Chic García (La Navegación…, op. cit.), a los que hemos hecho referencia en los anteriores artículos de esta pequeña serie dedicada a los esteros, canales y caños del entorno del territorium antiguo del actual término municipal portorrealeño.

[2] Sobre Vegas de Cobiche, vid. J. y J. de las Cuevas, Arcos de la Frontera. Cádiz 1979, pg. 33, n. 205; G. Chic, “Lacca“, en Habis 10-11, 1979-1980, pp. 263-264 y notas 52-58; G. Pemán, “Alfares y embarcaderos…”, art. cit., pp. 169-173; G. Chic, F. Giles y A. Sáez, “Horno cerámico romano del Rancho de Perea (San Isidro del Guadalete)”, en Boletín del Museo de Cádiz I, 1978-1979, pp. 43-49; L. Lagóstena, Alfarería romana…, op. cit., pp. 30-62; M.D. López de la Orden e I. Pérez, “Depósito de ánforas en las cercanías de Rota”, en Boletín del Museo de Cádiz I, 1978-1979, pp. 51-54.

[3] Un río “…de carácter pluvial y de fuerte pendiente hasta pasado Arcos…”, y de notable estacionalidad, sometido al irregular régimen de lluvias de la comarca gaditana (Chic, “Lacca“, art.cit., pp. 262-263), y a la acción de las mareas (recordemos que El Portal es el límite de las mareas en el Guadalete); para la intervención humana sobre el río en la forma de obras de regulación no contamos con ejemplos aplicables claramente a su curso, si bien las estructuras de madera encontradas (en un estrato romano) en El Portal (cfr. Chic, “Lacca“, art. cit., pp. 264-265) pueden pertenecer a una infraestructura de regulación y canalización del cauce del río, como señala Chic (loc. cit.); esto, junto con la hipotética unión artificial entre este río y el Baetis (G. Chic, F. Díaz y A. Caballos, “Un posible enlace…”, art. cit., pp. 199-209) en época romana indicaría el interés del Imperio por llevar a la práctica los planteamientos teóricos legales relativos a la protección de los cursos navegables; cabe reseñar la existencia -otra vez – de un paraje denominado “La Barca”: se trata de “La Barca de la Florida”, a 5 Km. al este de S. Isidro del Guadalete; la referencia a una “Barca” (coincidiendo con un curso acuático) en la toponimia de un lugar indica la existencia pretérita de un cruce sobre la vía fluvial, de modo que la navegación (siquiera en forma de paso transversal) sobre ésta aparece como un hecho palpable; el Guadalete se encuentra -hasta Arcos- dentro de la cota de los cien metros de altitud, por lo que la pendiente que salva es mínima en su recorrido entre esta población y su desembocadura.

[4] Vid. J. y J. de las Cuevas, Arcos de la Frontera. Cádiz 1979, pp. 12-ss.; sobre la identificación del Guadalete con el “Wadilakka“/”Guadibecca” de las fuentes medievales (y su ausencia de las fuentes antiguas) y el origen de Arcos/Arci/Arcilacis, vid. J. y J. de las Cuevas, op. cit., pp. 28-ss.; vid. también G. Chic, “La región de Jerez…, art. cit., pg. 23 y n. 23, quien remite a C. Sánchez Albornoz, “Otra vez Guadalete y Covadonga”, en Cuadernos de Historia de España I y II, Buenos Aires 1944, pp. 11-114; vid. también A. Schulten, Geografía y Etnografía Antiguas de la Península Ibérica II. Madrid 1963, pg. 47; para el origen (a partir de la unión de su corriente con la del Majaceite) y la identificación del río y del núcleo romano de “Lacca“, vid. G. Chic García, “Lacca“, Habis 10-11, 1979-1980, pp. 273-274; también G.E. Bonsor, Expedición arqueológica…, op. cit., pp. 92-ss.; J. y J. de las Cuevas, loc. cit.

[5] J.F. Rodríguez Neila, El Municipio Romano de Gades. Cádiz 1980, pp. 122-ss.; G. Chic García, “Portus Gaditanus“, en Gades 11, 1983, pp. 116-ss.; sobre el establecimiento de colonos itálicos y la expansión del sistema-villa en la Bahía de Cádiz, vid. E. García, “La producción…”, art. cit., pp. 56-ss.; una breve nota del poblamiento en la campiña portorrealeña en L. Perdigones et alii, “Informe Arqueológico sobre   los terrenos afectados por la variante de la carretera N-IV a su paso por el término municipal de Puerto Real. Cádiz” (informe de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Cádiz 29.IX.1991).

[6] Cfr. al respecto J.M. Santero y L. Perdigones, “Vestigios romanos en Arcos de la Frontera (Cádiz)”, en Habis 6, 1975, pp. 331-348.

[7] Como señalaran los arcenses hermanos de las Cuevas y colacionara Chic (J. y J. de las Cuevas, op. cit., pp. 26-27; G. Chic, “Lacca“, art. cit., pp. 269-ss.) al hablar de la villa del Santiscal (río arriba de Arcos) y las villae de la campiña arcense (en general): “…Soto del Almirante, Matite, Atrera, Aznar (…), Vallejas (…), “Concejo”, “Vega de Cobiches” (…); e igualmente ocurre en la margen derecha del Guadalete, al Oeste de Arcos; en la “Cruz de las Carreras” (…); por la conocida colada de Jadramil, en El Olivar del Tesorillo (…); en otro olivar, en “la Garrapata” (…), en la colada de “San Rafael” (…), en “El Jaudón” (…), en “Casablanca”.

[8] “Cerro de Alcolea” (Cortijo de Albardén), “El Torno” (entre San Isidro del Guadalete y “La Barca”, siguiendo el curso del río), “Parcela del Almendro” (vid. al respecto el artículo de G. Chic, F. Giles y A. Sáez, “Horno cerámico romano del Rancho de Perea”, en Boletín Museo de Cádiz I, 1978-1979, pg. 48.

[9] Y encontrar así las explotaciones estudiadas por M. Lazarich y su equipo (vid. M. Lazarich et alii, “Prospección arqueológica…”, art. cit., pp. 89-97; eid., “Informe preliminar de la primera campaña…”, art. cit., pp. 98-100); igualmente E. García Vargas (“La producción…”, art. cit., Habis 27, 1996, pp. 49-62; “Las ánforas del alfar…”, art. cit., III Jornadas de Historia de Puerto Real. Puerto Real 1996, pp. 33-81; La Producción…, op. cit. y L. Lagóstena Barrios (“Alfarería romana…”, art. cit., en Boletín del Museo de Cádiz VI, 1993-1994, pp. 107-116; “El alfar…”, art. cit., Habis 24, 1993, pp. 95-104; Alfarería…, op. cit., fundamentalmente).

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