Discurso de Odio

Hoy los políticos hablan mucho del discurso del odio. Lo primero que hay que ver cuál es el concepto de odio.

El odio es un sentimiento intensa respuesta emocional de repulsa hacia alguien o algo que provoca el deseo de rechazo o eliminación; es decir, sentimiento de profunda enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, idea, o fenómeno, que suele ir acompañado de deseos de daño y comportamientos hostiles, se describe normalmente como lo opuesto al amor. Se relaciona con emociones como la rabia, la enemistad o la violencia.

Preocupante, para mí, es cuando la muestra de odio se realiza desde un cargo público, por ejemplo, en un pleno de un ayuntamiento. Es necesario recordar que cada miembro de la Corporación representa a la totalidad de los ciudadanos y ciudadanas de la localidad. Siendo, además, como administración más cercana al vecino, la democracia de base.

Lo ocurrido en el pleno ordinario de septiembre es algo que todos pueden ver en el video de la web oficial del Ayuntamiento de Puerto
Real. Lo calificaría como algo esperpéntico y fuera del comportamiento a seguir en un pleno y menos cuando el sujeto activo es la alcaldesa de la ciudad.

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En primer lugar, el numerito en mitad del Pleno de la alcaldesa insultando a una concejal de la oposición. Esto podría ser un arrebato, como puede pasarle a cualquier ser humano, pero cuando se reafirma e incluso dice que ese insulto, como ella misma lo conceptúa, es el más grave que se utiliza en la localidad, muestra su reafirmación con ánimo de insultar a la edil a la que personaliza en el mismo mientras generaliza a todos sus votantes.

En segundo lugar, la insultada pide que retire el insulto y la alcaldesa se niega y además señala que expresamente conste en el acta. Esto no es congruente cuando la misma ha mandado retirar, en otro pleno, un adjetivo no insultante. Clara muestra de un comportamiento caprichoso y arbitrario, que no es propio de un alcalde de ninguna localidad.

En tercer lugar, la propia cara o gesto de confrontación que tenía en este contexto. Un alcalde que representa a toda la ciudad, no puede tener ese desatino de comportamiento. Ella que suele dar clase de todo, dio un comportamiento de todo el estilo que no debe de tener
un alcalde en una ciudad democrática. Mala pedagogía mostró ese día con esa cara de odio.

La excusa de la libertad de expresión es una falacia. El insulto como ella misma lo calificó, está fuera de la libertad de expresión, mostrando la incapacidad de mostrar ideas sin tener que llegar al insulto.

El daño está hecho, si algún edil le dedica a ella un insulto, ¿qué hará entonces?, ¿expulsarlo del pleno?, ¿retirarle la palabra o quitar del acta del pleno? Es una alcaldesa que tiene el poder del cargo pero que ha perdido la autoridad.

Triste final de legislatura y alcaldía, con un concejal de su Equipo de Gobierno condenado por sentencia del Tribunal de Cuentas de junio, ¿lo cesará de sus competencias?, o seguirá mirando a las nubes como está haciendo desde junio cuando se dictó esta resolución.

Esta será su última prueba, después de proclamarse en el pleno de antifascista. Un alcalde representa incluso a los ciudadanos que no creen en la democracia.

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