Vivimos una época poca en la que es rara la semana en la que nos despertemos y no se haya destapado un nuevo caso de corrupción. Hemos llegado hasta tal punto, que nos hemos insensibilizado. Hemos perdido la conciencia crítica. Roban y roban a manos llenas y nos da igual, seguimos votándoles. Y no hablo de ningún partido político en concreto. Ya que al fin y al cabo, prácticamente todos han estado implicados en algún caso de corrupción: falsos EREs en Andalucía, la trama Gürtel, Bárcenas, Pujol…

Tenemos una clase política corrompida absolutamente. Hace falta un cambio, pero un cambio en los recursos humanos. Deberíamos dejar de asumir que la clase política va a ser corrupta sí o sí. No nos conformemos. Tenemos que exigir unos políticos que tengan unos valores por encima de cualquier cantidad de dinero. El problema es que esta gente escasea.

Realmente no es que necesitemos mejores políticos sino mejores personas. Y esto radica en una buena educación, no tanto académica como moral. Ya que el colegio te enseña algunos valores sí, pero son los padres los encargados de enseñar a sus hijos a no robar ni a mentir, a ser responsables de sus actos, a reprimir sus deseos caprichosos, a respetar a los compañeros y a ayudarlos siempre que sea necesario.

Una persona con estos valores sería mucho menos problable que fuera capaz de participar en cualquier trama de corrupción.

Esto me hace preguntarte, ¿qué clase de educación estamos dando a nuestros hijos?

Pilar Llera